D. Mikel Garciandía Goñi, nuevo obispo de Palencia

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D. Mikel Garciandía nuevo obispo de Palencia
Mikel Garciandía con el Ángel de Aralar

Su lema episcopal: Quis ut Deus? (¿Quién como Dios?)

El arcángel san Miguel era el protector del Reino de Navarra. En numerosas ocasiones los reyes y las instituciones de Navarra rogaron su intercesión. Esta devoción al capitán de las milicias celestiales, vencedor de los poderes del Maligno, es una de las más acendradas y extendidas en el orbe cristiano durante la Edad Media. Un lugar privilegiado donde se le viene rindiendo culto milenario es el santuario de San Miguel de Aralar —San Miguel in Excelsis—, un conjunto románico que data de los siglos XI y XII, enclavado entre hayedos y robledales en la comarca navarra de la Sakana, asomado a todos los vientos en las alturas de la sierra de Aralar.

Constituye un conjunto artístico y religioso de primer orden, arropado por el aprecio del pueblo a lo largo de los siglos. Su presbiterio está presidido por el retablo de Santa María, joya singular de la esmaltería medieval. Pero el tesoro más preciado es la efigie de San Miguel. La imagen primitiva porta engastada una cruz con los fragmentos del Lignum Crucis.

Es un lugar significativo, de reunión y de acogida, pero por encima de todo, San Miguel in Excelsis es un centro de espiritualidad, un lugar de culto mantenido desde hace más de mil años por el fervor popular, una casa abierta a la oración, lugar propicio para la reconciliación con Dios y con los demás.

Su rector y capellán, D. Mikel Garciandía, desde hace unos cuantos años, junto con su labor pastoral y docente, andaba inmerso en un proyecto de hermanamiento de todos los grandes santuarios de la cristiandad dedicados al Arcángel y que va por muy buen camino. Cruce de caminos del espíritu, imán que atrae hacia lo alto.

Pero los caminos del Señor… El 9 de octubre pasado, aún muy reciente el sentido y ejemplar fallecimiento de Julia, su madre, el correo electrónico trajo al sacerdote una sorpresa mayúscula, procedente de la Nunciatura Apostólica… Y así, con gran sorpresa y mayor alegría, recibíamos públicamente el 31 de octubre la noticia de que D. Mikel Garciandía Goñi, 59 años, profesor en los centros de estudios eclesiásticos de la diócesis de Pamplona y Tudela, vicario episcopal y capellán del santuario de San Miguel de Aralar, había sido nombrado por el papa Francisco nuevo obispo de Palencia.

Años de formación y de amistad

Don Mikel es para nosotros muy conocido y apreciado. Su amistad viene de lejos. Tras haber realizado los estudios de Primaria en el colegio apostólico de los jesuitas en Javier (Navarra), pasó a Pamplona para estudiar el Bachillerato en el instituto Ximénez de Rada. Durante estos años, entre 1978 y 1982, se alojó en la residencia de estudiantes Iranzu, de los Cruzados de Santa María.

Por aquí aún se le recuerda como una persona estable, profunda y alegre, responsable y sencilla. Amigo de todos, entusiasta, hombre de oración, inteligente, buen estudiante y mejor persona. Durante su juvenil estancia en la residencia participó en campañas como la de la Inmaculada, repartiendo propaganda y pegando carteles para invitar a la Vigilia de la Inmaculada, como recordaba en su homilía cuando, el pasado 7 de diciembre, presidía este acto en Pamplona.

También por aquel entonces, junto con otros residentes y educadores, participó como monitor en las colonias de verano de la Sierra del Brezo, en Velilla del Río Carrión, al norte de la provincia de Palencia, en la diócesis que se dispone ahora a pastorear.

Gran amante de la música, en las celebraciones de la casa obsequiaba habitualmente a los presentes haciendo sonar el txistu y el tamboril, contagiando a todos el encanto de sus raíces, en Etxarri-Aranaz, a los pies del santuario de San Miguel de Aralar. Al hablar, su castellano, exquisito, siempre ha conservado el sutil y silbante acento y esas “erres” tan genuinas de la lengua vascuence.

Los que le conocieron ya en su juventud aseguran que la fuente de su carácter amable y jovial estaba sin duda en su familia. Sus padres, Julia y Venancio, atesoraban una profunda vida de fe y de oración, y un elenco de ricos valores humanos de bondad, humildad, laboriosidad, paciencia y fortaleza que legaron a sus cuatro hijos, otro de ellos, Alfonso, también sacerdote.

Estudió Mikel la carrera de Filosofía en la Universidad de Navarra, licenciándose en 1987, y fue profesor en el Colegio Torreanaz, en Solares (Cantabria) de 1987 a 1991, año este último en el que ingresó en el Seminario de Pamplona.

Trabajo sacerdotal

En 1995 fue ordenado sacerdote en la diócesis de Pamplona y Tudela por el arzobispo D. Fernando Sebastián. Se licenció en Teología Fundamental (1998) y se doctoró en Teología (2003) por la Universidad Gregoriana de Roma.

Ha desarrollado su ministerio sacerdotal en la diócesis de Pamplona y Tudela, donde ha desempeñado los cargos de director de la casa de espiritualidad de Santa María de Zamartze, desde 2005; capellán del Santuario de San Miguel in Excelsis, desde 2009; vicario episcopal del Mendialde —la montaña de Navarra (Baztán, Bidasoa, Aralar, Larraun)— desde 2010, y responsable de la pastoral en euskera; párroco in solidum en la Unidad Pastoral de Aralar, desde 2019; docente desde 1998 en el Centro Superior de Estudios Teológicos «San Miguel Arcángel» y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas «San Francisco Javier» del cual es director desde 2022.

Me atrevería a decir que si algo caracteriza al nuevo obispo de Palencia es que se trata de un hombre prudente y de comunión. Cordial, emprendedor, siempre constructivo y afable. Entusiasta en sus proyectos, en los que ha sabido siempre aunar afectuosamente esfuerzos y voluntades, sorteando las situaciones de dificultad; generoso en la escucha, impulsor y sostenedor de equipos de trabajo y apostolado.

Pero quizás lo que mejor refleja la trayectoria de su corazón de hombre de fe y de pastor es el lema episcopal que ha elegido: Quis ut Deus? (¿Quién como Dios?). «La divisa del arcángel San Miguel —recordaba recientemente—. Un grito de lucha y victoria que nuestro mundo tanto necesita. El Maligno acecha y la fe requiere sacrificio y confianza total en la cercanía de Dios a través del auxilio de sus ángeles».

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