O religión o bastón

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Ilustración de don Bosco dialogando con un ministro sobre la importancia de la educación religiosa.
«O religión o bastón»: la educación religiosa como vía para formar ciudadanos libres y responsables. Ilustración: Juan Francisco Miral.

Creo que no es posible vivir sin ideal, ni religión ni sensación de porvenir. Los hospitales estarían llenos de locos.

Arthur Miller

Un día fue a visitar a don Bosco un ministro inglés que era protestante. Maravillado este del orden que reinaba en todos y en todas partes, le preguntó:

—¿Cómo es posible conseguir tanto orden y silencio entre tantos jovenzuelos, tan vivarachos, alegres e inquietos? ¿Tiene la amabilidad de decírmelo?

—Excelencia —le respondió don Bosco— el resorte que utilizo es un resorte exclusivo de los católicos, y no es otro que la confesión y la comunión frecuentes.

—Pero ¿no será posible encontrar un sustitutivo?

—Ah, no —contestó don Bosco— en modo alguno. De no usar este procedimiento religioso, no hay más remedio que echar mano del bastón.

—Entonces —dijo el inglés— una de dos: o religión o bastón, ¿eh?

—Ni más ni menos, señor —respondió don Bosco— o religión o bastón.

—Perfectamente —subrayó el ministro inglés—; lo contaré en Londres: o religión o bastón.

La enseñanza de la religión fomenta valores y virtudes sociales como el esfuerzo, la laboriosidad, el orden, el respeto y la obediencia, que son principios fundamentales en la formación cívica de cualquier ciudadano.

La religión nos ayuda a comprender la cultura que hemos heredado y, a la vez, es consustancial a esta cultura. En nuestra sociedad, difícilmente se podrá entender el arte (pintura, escultura, música…), la historia, la política, las tradiciones, el lenguaje…, si no se conocen en profundidad los fundamentos del catolicismo.

En julio del 2003, el papa Juan Pablo II, dijo: «Acompañad a vuestros alumnos con paciencia y sabiduría; esforzaos en abrir sus mentes y sus corazones a la verdad y al bien, educándolos en la auténtica justicia y paz».

Aunque sus detractores lo nieguen, la educación religiosa es un pilar indispensable en la educación, porque favorece el proceso educativo del alumnado, contribuyendo a su formación plena; enriquece su personalidad, al desarrollar su capacidad de trascendencia, y potencia los valores que hacen posible una convivencia libre, pacífica y solidaria.

El enseñar a amar al prójimo como a sí mismo, induce a ser mejores personas al motivar a relacionarse mejor con ellos mismos y con los demás.

Lo dijo Pitágoras hace más de veinticuatro siglos: «Educad a los niños y no tendréis que castigar a los hombres»; es cierto que el proceso educativo es suficientemente complejo como para resumirlo en una simple frase, pero no podemos negar que don Bosco tenía bastante razón cuando afirmaba: «O religión o bastón».

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