Educación y solidaridad

Cuidar los gestos, las formas

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Educación y solidaridad. Foto: Robert Collins
Educación y solidaridad. Foto: Robert Collins

Por Juan Sanz

Una de las formas de definir la actitud solidaria, es esa que nos inclina a socorrer al que lo necesita. Es una actitud.

También se define la solidaridad como el valor que consiste en mostrarse unido a otras personas o grupos, compartiendo sus intereses y sus necesidades. El valor, para ciertos autores, es un concepto más amplio que el de actitud, porque sobre un mismo valor se fundamentan varias actitudes más específicas.

Por otro lado, la solidaridad se tilda de virtud, que debe ser entendida como condición de la justicia, y como aquella medida que, a su vez, viene a compensar las insuficiencias de esa virtud fundamental. Por lo tanto, la solidaridad se convierte en un complemento de la justicia.

Podemos, pues, hablar de solidaridad como actitud, valor y virtud; depende de la fundamentación teórica que proporcionemos al tema.

Partimos de la base de que la solidaridad es un valor, una disposición aprendida, que tiene tres componentes: cognitivo, afectivo y conativo. De aquí que los conocimientos que una persona tiene son suficientes para fundamentar la actitud acompañados del componente afectivo —el fundamental—, y el conativo o comportamental que sería el aspecto dinamizador de dicha actitud.

En educación educamos en solidaridad partiendo de acontecimientos y problemas del aula y del centro. Por ejemplo: cómo organizarnos para convivir, cómo cooperar juntos en clase, la importancia de los gestos, la convivencia con los inmigrantes, la violación de los derechos humanos, una campaña de solidaridad con un país o con determinados grupos sociales, problemas familiares, el ocio en el barrio o pueblo, el día de los derechos humanos, actividades de ONG, etc.

El informe de la Unesco de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, con el título «La Educación encierra un tesoro», afirma que la educación a lo largo de la vida se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.

Nuestra propuesta podría enmarcarse en el cuarto pilar, pero necesita de los otros tres para entenderse completamente. Se debe formar a personas capaces de comprender al otro, respetar el pluralismo, la comprensión mutua y la paz y, además, formadas en niveles de excelencia en el conocer y el hacer. Hemos de conseguir que los más hábiles en el conocer y en el hacer lo sean también en vivir juntos y en ser personas, y que los más capaces en el desarrollo de la comprensión del otro, en el respeto al pluralismo y la comprensión internacional, y en el ejercicio de la responsabilidad, sean hábiles en el conocer y el hacer.

  • Compromiso e implicación: Es muy importante alentar a los alumnos a tomar decisiones y participar en acciones concretas que incidan en su entorno inmediato, ya sea de la escuela, del barrio, o de tipo local. Tampoco hay que olvidar emprender actuaciones frente a los problemas de carácter más amplio, nacionales o internacionales, mediante nuestra participación en campañas o apoyando proyectos de cooperación. La mejor manera de educar la solidaridad es practicándola.
  • Actividades conjuntas en el centro, con ocasión de efemérides, como el Día de los Derechos Humanos, etc., visitas a exposiciones, participación en talleres o actividades específicas, debates telemáticos, programas de radio, cadenas humanas, correspondencia escolar e intercambios con centros de países del Tercer Mundo, campañas de solidaridad, trabajo conjunto de todo el centro (Semana de la Solidaridad), organización de exposiciones, teatro, muestras de libros, revista del centro, etc.

Ser solidarios es aprender buenas maneras con todos y distinguir que no se trata de ser cortés hasta la cobardía, ni de ser valiente con detrimento de lo cortés.

La manera, el gesto, es aquello que todo hombre imprime a su proceder. La forma es lo que convierte en dos cosas distintas la misma cosa hecha por dos personas diferentes.

Disponibilidad sonriente, actitud acogedora, perdonar agravios, compartir lo que se tiene, etc., es educar en solidaridad porque los gestos calan al interior de quien los produce, con toda su significación y trascendencia.

Me atrevería a afirmar que el gesto es el mayor inductor de sentimientos, por eso, si queremos educar en la solidaridad, cuidemos los gestos, las formas del respeto y valoración del prójimo que nos rodea.