El color del amor

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El color del amor. Ilustración: Juan Francisco Miral
El color del amor. Ilustración: Juan Francisco Miral

Que vuestra religión sea menos una teoría y más un idilio de amor.

G. K. Chesterton

Arnold Sparky Watts (1933-1987) escritor estadounidense, escribe en su poesía El hermoso color del amor:

¿De qué color es Dios?,
preguntó el niño de piel clara.
¿Es blanco como yo,
son sus cabellos dorados como el sol?

¿Es Dios moreno como yo?,
preguntó el niño de piel con matiz bronceado.
¿Tiene el cabello oscuro y rizado,
son sus ojos negros o azulados?
[…]

Así que cuando tu alma vaya al cielo, cuando
tu vida llegue a su final, él estará esperando y
hacia ti su mano extenderá.

No habrá colores en el cielo,
todos seremos iguales.
Solo serás juzgado por tus actos terrenales,
allí ni tu raza ni tu nombre serán importantes.

Así que cuando llegue tu hora
y admires a Dios arriba en su reino,
verás el único color que en realidad tiene valor,
y es el hermoso color del amor.

Si me preguntaran de qué color es el amor, respondería que depende, pero tratándose del amor cristiano, podemos afirmar que tiene todos los colores:

Es rojo, porque es un corazón que ama siempre, aun en los momentos de soledad y dolor. Es gris, porque aun en el silencio y en los días más oscuros de nuestra vida, sabe ser fiel. Es azul, porque es reflejo del cielo y se abre para darnos el regalo de la vida y de la amistad con Dios. Es verde, porque nos devuelve la esperanza y la alegría cuando la perdemos. Es blanco, porque, metafóricamente, abarca a todos los hombres sin distinción de raza ni colores.

Es así el amor, generoso y fiel, para siempre, que no juzga, que ama sin condiciones, porque solo acepta, perdona y abraza.

El amor cristiano refleja el amor de Dios que consuela y perdona, que no tiene fin, que antepone el bien común incluso por encima de la vida.

El problema está en la libertad humana que capacita al hombre para transformar sus acciones, sus alegrías y dolores, en vinagre doloroso y resentido o en vino generoso y vivificante.

Como dice la canción de Migueli: «El amor lo cura todo, el amor perdona todo, el amor lo arregla todo. Y, “pa” caminar, la gasolina siempre es amar».

Sí, el amor tiene todos los colores, y hasta las gamas más negras —incluido el negro (dolor, sufrimiento)— pasadas por el prisma del amor, adquieren otra tonalidad: el luminoso verde esperanza.

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