El verdadero cambio

13
El verdadero cambio
El verdadero cambio

(Extracto del discurso de Clausura de la XXIII Reunión de Amigos de la Ciudad Católica (14.10.1984)


Me ha correspondido cerrar esta reunión, con una conferencia cuyo título es «El verdadero cambio».

El cambio en el derecho, en la familia, en los medios de comunicación social, en la empresa, en las diversiones, en la juventud, en la enseñanza…, todos los cambios han tenido una nota común: el abandono de lo trascendente, la separación de Cristo.

¿Cuál es el verdadero cambio? Si lo que se pretende es cambiar a España separándola de Cristo, lo único que yo puedo hacer es unirme cada vez más a Cristo, transformarme más en Cristo, porque nos acaba de decir Juan Pablo II: «personas transformadas colaboran eficazmente a la transformación de la sociedad».

Pero yo pregunto a cada uno de los que estamos aquí: realmente, ¿estoy dispuesto a cambiar? ¿Tengo mi corazón abierto al cambio, a este cambio de transformarme en Jesús? ¿Es Jesús el todo de nuestra vida? A ver si a fuerza de tanto estudiar la estructura a nuestro alrededor, el secularismo que nos envuelve, etc., sin darnos cuenta ese laicismo se está metiendo en nuestras vidas. ¿No sucederá que nosotros tenemos, por nuestra parte, mentalidad cristiana, y al mismo tiempo vivimos una vida pagana?

¿Dónde está la raíz de la situación que contemplamos a nuestro alrededor? ¿No está en mi propio corazón? Juan Pablo II nos ha dicho «no caigáis en el error de pensar que se puede cambiar la sociedad cambiando sólo las estructuras externas o buscando en primer lugar la satisfacción de las necesidades materiales». Hay que empezar por cambiarse a sí mismo, convirtiendo nuestros corazones al Dios vivo, renovándose moralmente, destruyendo las raíces del pecado y del egoísmo en nuestros corazones. Es una reforma personal la que se necesita. Las estructuras no son moralmente distintas de las personas que las integran. Si no cambio yo, no cambiará la estructura.

Lo lógico es que a las ideas sigan los actos, pero lo psicológico es que los actos influyen en las ideas, y que cuando una persona no actúa como piensa, acaba pensando como actúa. ¿Qué es lo que entorpece nuestro camino hacia Cristo? ¿No radicará en que, por una parte, tenemos unas ideas evangélicas, cristianas y, por otra, no vivimos conforme a esas ideas, y entonces nos paralizamos?

Los hombres podemos fabricarnos un mundo sin Dios, pero cuando el hombre crea estructuras sin Dios, esas estructuras se volverán contra el hombre mismo. Y hoy hay una tragedia a nuestro alrededor, porque el hombre y el mundo están alejados de Él, fuera de Cristo. ¿Cómo no nos damos cuenta de lo que se sufre hoy a nuestro alrededor? Esta es la gran represión que padece el mundo de hoy. No la sexual, ni la estructural, ni la generacional, ni la económica del pobre por el rico. La gran represión es la represión de lo divino: que el corazón del hombre está creado, según san Agustín, para Dios y no descansará hasta llenarse de Él, y, sin embargo, hemos arrancado a Dios de nosotros.

Es este mundo que está a nuestro alrededor (un «tercer mundo» espiritual) el que hay que salvar. Tenemos un quehacer. Contamos con la gracia de Dios para actuar.

Artículo anteriorDos películas
Artículo siguienteEl hombre y la mujer, creados a imagen de Dios