Entonces, ven tú

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Por Antonio Rojas
Unos tienen soluciones para todos los problemas,
y
otros tienen problemas para todas las soluciones.

— G. K. Chesterton—

Había una
familia muy numerosa, de diez hijos. Uno de ellos se llamaba Agustín. Un día
estaba Agustín con su amigo Saúl y le dijo:
—¿Qué te parece, Saúl? Tengo nueve hermanos, y al único al
que mi papá manda hacer las cosas es a mí. Todo lo que él quiere que le hagan,
tengo que hacerlo yo y siempre yo.
Entonces Saúl le dice:
—Lo tienes fácil, cuando tu papá te llame, dile que
Agustín no está, y así tiene que mandar a otro de tus hermanos.
Llega Agustín a casa y al
poco rato el padre empieza a llamarlo. Siguiendo el consejo de su amigo,
Agustín responde que no está y en ese momento dice el padre:
—Bueno, entonces, ven tú.
Ilustración Juan Francisco Miral
Con frecuencia nos vemos en
la tesitura de tener que escoger entre egoísmo o servicio y, aunque no siempre
es fácil, hay que desarrollar una actitud positiva hacia todo y hacia todos.
Serenidad de ánimo y predisposición al esfuerzo. Amar la vida creciendo al
servicio de un gran ideal. Sólo aman y disfrutan de la vida los que la ponen al
servicio de una idea buena, grande y bella, por ejemplo: servir, ayudar, estar
disponibles.
Sabe muy bien el egoísmo
disfrazarse de victimación y engendrar mal humor, tristeza áspera,
distanciamiento y postura incómoda para los demás. Y es que el egoísta genera
un espíritu amargado y sin sentido sano del humor convirtiéndose, así, en una
pesadilla para los demás, un motivo de inquietud y de disgusto.
La generosidad es la virtud
que nos conduce a dar y darnos a los demás de una manera habitual, firme y
decidida, buscando su bien y poniendo a su servicio lo mejor de nosotros
mismos, tanto bienes materiales como cualidades y talentos.
Debemos dedicar lo mejor de
nuestro esfuerzo a formarnos en la generosidad, el desprendimiento y en el dar
lo mejor de sí, contrarrestando los efectos del egoísmo. Mantener una postura
generosa saliendo de sí mismos y experimentar la felicidad que proporciona el
donarse a los demás viviendo el valor del servicio, que implica una participación
y solidaridad profunda con el otro.
Para crecer como persona
mientras enriquecemos nuestro entorno, debemos preguntarnos cada día cómo
podemos mejorar intentando ayudar a otros, y tratando de compartir nuestra
felicidad con los que nos rodean.
Hay que ayudar. Y, mejor
aún, hay que aprender a querer ayudar con disponibilidad generosa que nos evite
el bochorno egoísta que puede evidenciar el:

Entonces, ven tú.