El hijo como un don y su rechazo en la sociedad actual (y II)

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Por Juan Ignacio Serrano y Raquel Toldos
3. Significado
de la donación
3.1 Vocación al
amor
La antropología
adecuada de la que partimos tiene como primera afirmación que la persona solo
puede conocerse, de modo adecuado a su dignidad, cuando es amada. Juan Pablo II
afirmaba: “El hombre no puede vivir sin amor, su vida está privada de
sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo
experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”.
Así, el plan de
Dios para la vocación del hombre, hay que entenderlo como una “verdadera
vocación al amor”, una llamada inscrita en nuestra alma y nuestro cuerpo. De
ahí que la plenitud del hombre se encuentre en una comunión de personas, cuyo
primer vínculo viene dado por la 
complementariedad sexual.
Es también una llamada a la libertad del
hombre asumiendo su condición pecadora: si no, justificará su debilidad
acomodando las normas a su situación y cambiando la llamada original a
entregarse a otros, por una relación de dominio y de deseo.
“El amor es, por
tanto, la vocación fundamental e innata de todo ser humano”. FC 11.
3.2 Matrimonio y
familia
En los planes de
Dios, la lógica del don del hijo se lleva a cabo en el matrimonio, que  no es un producto cultural o ideológico que
pueda cambiarse en cada época. Es una institución creada por Dios para realizar
en la humanidad su designio de amor.
3.3
Características del amor conyugal
En la vocación al
amor dirigida al matrimonio tienen un significado central las características
del amor conyugal que Pablo VI definió en la encíclica HV:
1/ “Es un amor pleno
y humano, un acto de la voluntad libre, destinado a mantenerse y crecer en las
alegrías y las penas de la vida. No es un sentimiento o un instinto.
2/ “Es un amor total,
una forma singular de amistad personal” con la otra persona que es única e
irrepetible, en el cual se comparte todo sin reservas egoístas.
3/ “Es un amor fiel y
exclusivo hasta la muerte”. A pesar de las dificultades, la fidelidad es
posible (ejemplo de tantos matrimonios que envejecen juntos). No es un amor a
prueba, porque acepta a la persona como es y pueda llegar a ser.
4/ “Es un amor fecundo”, capaz de
comunicarse generando nuevas vidas, no está encerrado en sí mismo. Los hijos
son el mejor don del matrimonio.
Si falta alguna de
ellas, puede hablarse de amor, pero no es un verdadero amor conyugal, sería un
amor a la carta.
3.4 Donarse
De nada sirve disertar sobre la donación
a otros, si uno mismo no es libre antes, conociéndose y aceptándose a sí mismo,
si no es capaz de amarse tal como Dios le ha creado. Sólo así podemos donarnos
a los demás.
Aquí debemos tener
en cuenta que la sexualidad afecta al núcleo íntimo de la persona, de ahí que
la donación física total sería un engaño si no estuviera físicamente presente
toda la persona, tanto corporal como espiritualmente. Y el único lugar que hace
posible esta donación total es el matrimonio.
Pero el amor humano encierra una paradoja:
no se puede obligar al otro a ser recíproco del don que se le da: depende de su
libertad. Surge así la distancia entre el don que se da y el que se recibe,
produciéndose un sufrimiento para los amantes que pone en entredicho la
plenitud que se buscaba.
3.5 El don del hijo
Comprendido el significado de donarse,
podemos profundizar en el don del hijo.
Y es que el origen del hombre no se basa
sólo en leyes biológicas, sino en la voluntad creadora de Dios. Por eso un hijo
es “la mayor de las bendiciones divinas”. El hijo debe ser recibido con
dignidad: como un don, gratuita, desinteresadamente, en el acto conyugal.
Puesto que somos cooperadores y administradores del plan establecido por Dios,
si el hombre no tiene el dominio absoluto de su cuerpo, con mayor razón tampoco
sobre una nueva vida.
Así, podemos
afirmar que “el hijo no es un derecho, sino un don”. Pero, ¿cuáles son los
derechos del hijo? El hijo tiene derecho a ser fruto del amor conyugal de sus
padres y a ser respetado desde el momento de su  concepción.
3.6 El deseo de tener un hijo
El deseo de tener un hijo pertenece a la
realidad del amor entre un hombre y una mujer.
Pero, ¿cuál es el
sentido de este deseo? “Desear un hijo quiere decir desear engendrar a alguien
movido por una llamada de amor de Dios”. No es querer algo que sacie el propio
deseo, sino la posibilidad de compartir el propio destino y acompañarle.
Puede surgir una tentación si no vienen
los hijos: producirlos mediante la fecundación artificial ya que la medicina es
capaz técnicamente de satisfacer este deseo de los padres.
Pero, ¿se puede producir una vida humana
para satisfacer el deseo de tener un hijo? ¿Es lícito sustituir el acto de
donación recíproca de los cónyuges? La dificultad que ha planteado la
esterilidad en la vida de los esposos y la posibilidad técnica de producir un
hijo pueden ayudarnos a descubrir el sentido de la verdadera paternidad humana.
3.7 Paternidad responsable
Los cónyuges somos cooperadores de Dios,
pero esto no basta. El amor conyugal nos 
exige una conciencia de nuestra misión en la Paternidad Responsable.
Pablo VI en la encíclica HV definió sus ideas básicas:
1/ Los esposos deben conocer los procesos
biológicos de generación de la vida para poder respetar así sus funciones.
Sabemos que no hay nueva vida en cada acto conyugal, ya que Dios ha dispuesto
con sabiduría los ritmos naturales de fecundidad. Conociendo la fertilidad
combinada de hombre y mujer, los esposos admiramos y respetamos el cuerpo como
obra de Dios.
2/ Las pasiones y el instinto sexual pueden
ser dominadas mediante la razón y voluntad.
Aquí
entra en juego la castidad, mal entendida como represión del instinto y del
afecto cuando en realidad consiste en ordenar,  
reconducir, integrar el instinto y el afecto en el amor de la persona,
dominando el propio cuerpo para que exprese con plenitud la donación personal.
3/ Deben tenerse en cuenta las condiciones
físicas, económicas, psicológicas, sociales y espirituales para evitar o
post-poner un nuevo nacimiento por graves motivos. Por ello los esposos deben
atender no sólo a su bien personal y al de los hijos (presentes o futuros),
sino también al de la sociedad y al de la Iglesia.
4/ Debe seguirse el orden moral objetivo
querido por Dios, cuyo intérprete es la conciencia, siendo conscientes de que
los esposos no pueden proceder a su antojo, sino con una conciencia recta y
bien formada acorde al Evangelio y al Magisterio de la Iglesia.
Solo así podemos llegar a la clave de la
paternidad responsable: “Cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la
transmisión de la vida” siendo inseparable la conexión entre los dos
significados del acto conyugal: unitivo y procreativo”.
Porque el niño no
es algo que venga al mundo por su utilidad o para satisfacer un deseo, ya que
es una persona digna de ser amada por sí misma, incondicionalmente, corresponda
o no a los deseos de sus padres. No es el producto directo de la voluntad de
sus padres ni un simple proyecto humano, es un regalo maravilloso de Dios que
sus padres han acogido en un acto de amor.
3.8 Esterilidad
Somos conscientes del sufrimiento de
tantas parejas que ven tambalearse su vocación conyugal, pero el matrimonio no
ha sido instituido solamente para la procreación: El matrimonio sigue en pie
como intimidad y comunión total de la vida y conserva su valor e
indisolubilidad. La esterilidad física no es un mal en absoluto. Los esposos
deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual.
Pueden manifestar su generosidad adoptando y acogiendo niños o realizando
servicios en beneficio del prójimo.
Pero, ¿pueden ayudar las técnicas
médicas de fertilidad a los esposos? “Si la intervención técnica facilita el
acto conyugal o ayuda a alcanzar sus objetivos naturales, puede ser moralmente
aceptado”. Pero si sustituye al acto conyugal, es ilícita moralmente.
4. Cómo abrirnos a la lógica del don:
soluciones pastorales
Vamos a desarrollar
una serie de puntos en los que la espiritualidad y la formación son el punto de
partida, ya que las buenas intenciones no son suficientes. Luego continuaremos
con unas indicaciones sobre el apostolado y el trabajo pastoral desde el
interior de la Iglesia, para terminar con temas que afectan más a la vida
pública de las familias. Intentando así tocar todas las facetas de nuestra vida
como familias cristianas.
4.1 Espiritualmente: nuestra vocación la alimentamos
mediante los sacramentos, que son la mejor escuela y alimento del amor
conyugal, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, junto con la oración
en familia.
4.2 Formación: es necesaria una formación de la
conciencia moral sobre todo de los esposos, pues ellos mismos se convertirán en
guías de otros matrimonios que se acerquen a ellos. Pero es una realidad el que
muchos sacerdotes y catequistas no difunden la doctrina católica sobre moral
sexual y la apertura a la vida. Por ello, sería conveniente que se trataran
estos temas en la formación permanente del clero, en las catequesis de adolescentes
y jóvenes, en las clases de religión, en cursillos prematrimoniales, ejercicios
espirituales, convivencias, así como cerciorarse de la seguridad doctrinal de
los materiales didácticos que se empleen.
4.3 Apostolado: Debemos anunciar el Evangelio de la
Vida en la catequesis, en la predicación, en el diálogo personal… Promover los
Centros de métodos naturales de regulación de la fertilidad para un buen
ejercicio de la paternidad responsable. También es necesario que existan
Centros de ayuda a la vida y Casas de acogida a la vida para ayudar a jóvenes y
parejas en dificultades.  Destacamos
también la experiencia tan positiva de los Centros de orientación Familiar, y
la responsabilidad que tienen los obispos de dar prioridad a esta iniciativa en
sus diócesis.
4.4 Trabajo Pastoral: Promover estructuras de acogida y
acompañamiento de matrimonios en las parroquias. La importancia de trabajar
juntos sacerdotes, matrimonios y movimientos en las  parroquias y en las Delegaciones  de Pastoral Familiar. Muy positiva y
necesaria es la predicación de los sacerdotes del “evangelio de la vida” en la
homilía dominical, por ser ésta muchas veces la única fuente de formación para
muchos católicos.
4.5 Política familiar: para eliminar las causas que no
favorecen la aceptación del hijo hay que asegurar el apoyo debido a la familia
y a la maternidad, de modo que la política familiar sea el eje y motor de todas
las políticas sociales. Las familias también tenemos la misión de intervenir en
política para que no se vulneren los derechos fundamentales de la familia.
4.6 Asociaciones familiares: crear grupos de presión como un modo
poderoso de influir en política.
4.7 Educación: educamos mediante el testimonio de vida
personal y de amor de los padres, mediante la participación de los progenitores
en los colegios y asociaciones de padres, verificando el ideario del colegio de
nuestros hijos y con la ayuda de escuelas de padres.
En el colegio puede
darse una educación afectivo-sexual acorde a la antropología adecuada. Pero no
es el único sitio, puesto que los padres (los primeros que deben implicarse),
la parroquia o las asociaciones de jóvenes también pueden hacerlo.
4.8 Medios de
comunicación:
luchar porque se proponga en los medios un respeto por los valores de
la sexualidad, el amor, el matrimonio y la familia. También educar a los hijos,
y a nosotros mismos, en su uso responsable, especialmente la televisión e
Internet.
4.9 Trabajo y familia: Entendemos y apoyamos que la maternidad
debe obtener un reconocimiento económico, no mediante subvenciones, sino
mediante un salario maternal. Se tiene que facilitar la integración de los
horarios laborales y familiares, hay que tener tiempo para estar con los hijos.
4.10 Vivienda: sobre todo su adquisición, es uno de
los factores que frenan la venida de los hijos o el aumento de la familia. De
ahí que sea urgente una revisión de la política de vivienda.
4.11 Nuevo feminismo: a las mujeres corresponde promoverlo,
para que sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino,
especialmente en todo lo relacionado con su función materna y familiar.
4.12 Familias sin hijos: por un misterio divino son llamados a
otra misión, pero hay que ayudarles, desde la Iglesia, a encontrar la
fecundidad de su amor.
Conclusión
Como conclusión de
este trabajo vemos que nos encontramos ante un choque dramático entre el bien y
el mal, entre la muerte y la vida. Éste es el momento de Dios que nos toca
vivir y tenemos que responder ante la invitación que Dios nos hace, como lo
hiciera a Moisés en su día: “mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad,
muerte y desgracia…; te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición.
Escoge la vida para que vivas, tú y tu descendencia”
Nuestra tarea consiste en defender y
promover una cultura de la familia que contribuirá a desarrollar una cultura de
la vida humana; el camino es Cristo, que 
inició la pastoral familiar al nacer y pasar la mayor parte de su vida
en una familia. Y al poner la mirada en Cristo lo que se nos pide es que nos
convirtamos, que seamos coherentes para poder generar una cultura de la vida y
de la familia.
Una vez más, Dios
no nos abandona y nos muestra el camino. El Hijo de Dios se hizo embrión y
cobra especial relevancia la figura de su Madre, la Virgen; Ella nos descubre
que no somos árbitros de la vida humana, sino depositarios y receptores de un
don que precede y supera todo deseo humano. Mostrándonos a su Hijo, nos asegura
que las fuerzas de la muerte ya han sido derrotadas en Él: “lucharon vida y
muerte en singular batalla, y muerto el que es la vida, triunfante se levanta”.
 Bibliografía
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Wojtyla, K.
Amor y
responsabilidad. Razón y Fe, 
Madrid,
1978.
Cuestionario orientativo para reuniones, encuentros, puestas en común, etc.
Define con tus propias palabras
lo que significa para ti el don de un hijo.
Nuestra sociedad, ¿se alegra por
el nacimiento de una nueva vida?
¿Has tenido la experiencia de
que tu hijo no sea aceptado con alegría en tu entorno?
¿Has sido recriminado por tener
un hijo  y hasta insultado?
¿Ha peligrado tu puesto de
trabajo por un embarazo?
¿Son suficientes las ayudas
económicas a la familia en España?
Hoy en día, ¿atraviesan el
matrimonio y la familia una grave crisis?
¿Cómo ha afectado el vuelco de
la concepción de la sexualidad en los últimos
cuarenta años a la idea de matrimonio, familia, paternidad, hijos…?
¿Estás de acuerdo con la
siguiente afirmación? Hoy en día, la mujer no está
discriminada tal como se suele afirmar, sino que las madres son las
discriminadas.
¿Crees que si se concedieran más
ayudas económicas y laborales por
nacimiento y cuidado de hijos, las familias tendrían más hijos?
¿Cuándo es lícito el deseo de
tener un hijo?
Enumera los temas que te ha suscitado esta
charla para tratar en próximas reuniones.