Es muy sencillo

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Por Antonio Rojas

Cuentan que un día, un buen amigo del gran Miguel Ángel, fue
a visitarle a su taller y al ver aquellos bloques de piedras transformados en
admirables esculturas le preguntó:

—¡Qué maravilla, Miguel Ángel!
¿Cómo puedes transformar esos toscos bloque graníticos en esas magníficas
figuras?
—Es muy sencillo,
respondió el artista. Se escoge un buen modelo;
luego se toma un bloque de mármol y, mirando a aquél, se va quitando a éste
todo lo que le sobra.
Dicen que en eso consiste la perfección, la santidad, en
dejar que Dios vaya formando la imagen de Cristo en cada uno de nosotros. Una
imagen que requiere un “mármol” activo; tenemos que aportar nuestro granito de
arena sabiendo que el escultor es Dios que usa una gubia penetrante y
transformadora: el Amor.
Y tenemos que luchar, cincelar, por supuesto, pero sin poner
en el centro de nuestro batallar el combate a brazo partido contra el mal, sino
en potenciar la energía interior que se alimenta de signos positivos, de
amores, de sembrar esperanzas más que de apagar fuegos.
Hoy se nos pide ser artistas prácticos e imitables que lleven
a su entorno la obra de arte de hacer este mundo nuestro un poco más habitable
porque ponemos cariño en todo: nuestro hogar, nuestras familias, nuestras
preocupaciones, nuestros afanes…
Los creyentes tenemos una ayuda impagable para superar todas
las dificultades: nuestra fe. Esa que mueve montañas o transforma en obra de
arte un tosco bloque de mármol.
Esa fe que potencia el amor por encima de los sentimientos y
nos da fuerza para seguir trabajando por encima de las consolaciones sensibles,
de las vibraciones sentimentales, de las dificultades o del estado de ánimo.
La fuerza interior se alimenta de signos positivos, de gestos
de amor que no impiden la lucha, sino que, confiados en el escultor, desbrozan
los impedimentos que dificultan sacar a la luz la obra de arte en que debe
convertirse nuestra vida.
Ánimo pues, hagamos el centro de nuestras existencias no la
lucha contra el mal —que también— sino el Amor. Te lo digo con palabras de
santa Teresa de Jesús: Cada uno es lo que es su
amor. ¿Amas la tierra? Te harás tierra. ¿Amas a Dios? Te harás Dios.
Como ves, amigo, es muy sencillo.