España con corazón

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Monumento al Sagrado Corazón de Jesús en Getafe

El joven jesuita Bernardo de Hoyos (1711-1735) tuvo, el 14 de mayo de 1733, una revelación del Corazón de Jesús, conocida como la Gran Promesa, que acababa con la célebre frase: «Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes».

El 30 de mayo de 1919, en el Cerro de los Ángeles (Getafe), centro geográfico de España, se congregaron las autoridades religiosas, civiles y militares, con gran multitud de fieles, junto al recién construido monumento al Sagrado Corazón de Jesús.

El rey Alfonso XIII, en nombre del pueblo español, hizo lectura solemne de la oración mediante la cual se expresaba públicamente la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús: «España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante ese trono de tus bondades que para ti se alza en el centro de la península. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de las ciencias y de las letras y en nuestras leyes e instituciones patrias».

Hoy, 2019, aquella consagración parece historia pasada: Dios ha sido relegado de la esfera pública; la ciencia se usa como arma anticristiana; a la juventud se la aleja de la Iglesia, saturándola de sexo y sensiblería; se desprecia la vida de los más inocentes; los valores cristianos están como proscritos; se hacen leyes para acabar con la familia; se sustituye el amor a la verdad por la dictadura del relativismo, etc.

Y, casualmente, esto está sucediendo cuando celebramos el centenario de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Consagración que, mal que les pese a los enemigos de la fe, sigue viva y vigente y, por ello, es una llamada a la acción, a vivir coherentemente nuestra fe, y a hacer presente a Cristo en todos los ámbitos de la sociedad: en lo privado y en lo público, en el trabajo y en la diversión, en la política y en la iniciativa privada.

A pesar del descomunal esfuerzo desplegado por los enemigos de la civilización cristiana, hay realidades que indican un resurgir, una nueva primavera en la fe, una savia joven, que demuestra que la España creyente mantiene su vitalidad porque sigue latiendo su corazón —cien años después— en el centro geográfico de la península: el Cerro de los Ángeles.