Fueron corriendo y encontraron…

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Ahora que Estar
se viste de color, os brindo esta “carta virtual” enmarcada en la preparación
de la Navidad. Son curiosas su fecha (¡hace cuatro siglos!), y su firma…
Toledo,
24 de diciembre de 1613
Queridos
amigos:
La adoración de los pastores, 1612-1614. Museo del Prado. El Greco.
Presiento
que esta será mi última Navidad. Por eso quiero ofreceros algo especial, esta
copia del cuadro que absorbe mis energías. Lo estoy pintando para que presida
mi enterramiento en la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Antiguo. Se
trata de la adoración de los pastores, y aunque he trabajado el tema al
menos otras siete veces, esta obra es singular: recibidlo como mi testamento
artístico y espiritual
.
Ahora ya
no necesito demostrar nada a nadie. Mi “cliente” es el Señor. Su mirada de Niño
me ha seducido. Y para contentarle me he permitido muchas licencias artísticas.
¿Sabéis? He querido introducir una atmósfera para la adoración. Por eso el
fondo queda prácticamente abolido, y los animales, apenas esbozados. La
composición, los colores, el dibujo… todo está al servicio del Salvador.
Yo mismo
—en un atrevimiento— he querido retratarme en el pastor arrodillado. Me he
metido en la acción, como si presente me hallase (esto se lo oí a un jesuita).
Y lo he representado como me siento (bueno, como me gustaría sentirme):
anciano, pobre y pequeño, volcado en Jesús. Por eso estoy arrodillado, con
vestiduras raídas, de espaldas al espectador —precisamente para que de frente
aparezcan María y José en la composición circular—. Y fijaos en el buey: está
conmigo porque me siento un poco como él… Por eso lo he pintado humilde, apenas
bosquejado, también de rodillas, cariñoso, con el hocico cerca del Niño.
Todo se
mueve en torno a Jesús. Todos los ojos están fijos en Él: miradas de asombro en
los pastores y en José; de serenidad en María; absortas en los ángeles;
afectuosa en el buey… Miradas que componen una imaginaria estrella de ocho
puntas, cuyo centro es Jesús: Él es la Luz que ilumina todo…
Me
diréis: “¿Y qué tiene que ver esto con nosotros ¡cuatro siglos después!?” Muy
sencillo: en realidad he pintado el cuadro para vosotros, y deseo que os ayude
a preparar la Navidad. Escuchad a mis pastores:
Sed
como nosotros,
que recibimos la Buena Noticia mientras
trabajábamos y velábamos
. Tened abiertos los ojos y los oídos de la fe.
Que vuestras tareas cotidianas sean lugar de encuentro con el Señor. Dejaos
sorprender por la Palabra: “¡hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el
Señor!
Id corriendo, ligeros de equipaje, para buscarle. Y encontraos
con Él. Miradle: en el pesebre, en la eucaristía, en los pobres. Y dejaos
mirar e iluminar
por Él. ¡Qué bien se ve todo a su Luz! ¡Qué fría y oscura
es la noche sin Él! Que se adueñe de vuestras miradas, pensamientos y afectos.
Que su luz y su fuego os enciendan, y se propaguen a los demás.
Haceos
pequeños
. Como el Niño.
Como nosotros mismos. Como el buey. De rodillas se adora mejor. Y se está más
cerca de Jesús. Y acercaos a María. Os mostrará a Jesús, fruto bendito
de su vientre. Os irradiará con la luz que recibe de su hijo”.
Y pronto, un día que presiento cercano,
os juntaréis conmigo —y con el P. Morales y tantos otros que sé que conocéis y
echáis de menos—, con María, José y todos los santos, y rodearemos al Niño para
siempre en la Navidad del Cielo. Os abraza,
Doménikos Theotokópoulos, el Greco