¿Hacia un nuevo feminismo? Un programa integrador: diferentes pero iguales

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Mujer y mar. Foto: Daiga Ellaby.
Mujer y mar. Foto: Daiga Ellaby.

Quizás haya que remontarse a la Revolución francesa para indagar en los orígenes del llamado feminismo en el sentido de una doctrina o movimiento que tiende a conceder a la mujer derechos reservados hasta entonces a los hombres.

Sobre este sustrato, se ha ido creando un movimiento fundamentado en la dialéctica del enfrentamiento: bueno-malo, rico-pobre, hombre-mujer. Un movimiento con tendencia totalitaria que pretende englobar a todas las mujeres. Pero quizá no todas las mujeres tengan —ni quieran— esa actitud de enfrentamiento, que degrada tanto al hombre como a la mujer, pues la feminidad es considerada símbolo de debilidad y sumisión, y utilizada como arma de ideología.

Estos planteamientos han ido generando una reacción en muchas mujeres que no aceptan el planteamiento [o el concepto, o la idea] del hombre como un competidor ni de la mujer son iguales, pues son persona, aunque tengan rasgos diferenciadores (psicológicos, físicos, relacionales, etc.) inscritos en su naturaleza que son insustituibles para su crecimiento y su autoafirmación.

¿Estamos asistiendo a lo que podríamos llamar un nuevo feminismo?

En el horizonte se avistan señales de una nueva fuerza integradora de las diferentes realidades y problemas que confluyen en la vida cotidiana de las mujeres de hoy. Una nueva corriente más espontánea que busca la realización de la mujer en todas sus facetas, lejos de cualquier mirada victimista.

Una nueva perspectiva que apuesta porque todos, hombres y mujeres, caminemos en la misma dirección, porque la mejor forma de buscar la igualdad no es la del enfrentamiento sino la cooperación hombre-mujer en un proyecto en común. Perspectiva que hunde sus raíces en el mandato que Dios encomendó al hombre y a la mujer en su proyecto creador (cf. Gén 1,27-29).

Una nueva propuesta que potencie todos los valores del genio femenino: mujer, trabajadora, madre, cristiana, política, ingeniera, artista… Una nueva forma de pensar que ya han vivido grandes mujeres como la científica y premio nobel Marie Curie: «Nunca he creído que por ser mujer deba tener tratos especiales. De creerlo estaría reconociendo que soy inferior a los hombres, y no soy inferior a ninguno de ellos».

San Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitae, nos animó a la creación de un «nuevo feminismo» que asuma los derechos formales de las mujeres con un programa integrador: diferentes pero iguales.

Nuevos tiempos, nuevas inquietudes, nuevos planteamientos, nuevas reivindicaciones menos dialécticas y más armónicas. Nuevos proyectos que buscan integrar lo diferente.