Honduras es España

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Jesús con niños hondureños
Jesús con niños hondureños

Por Jesús Segura

Este verano ha sido la tercera vez en cinco años que he estado un mes en esta maravillosa tierra. En estos momentos Honduras es el segundo país más pobre de América, tan solo Haití le supera en este triste ranking. Es un estado fallido donde la corrupción, la escasa sanidad y educación, el problema del narcotráfico y una violencia brutal están a la orden del día. San Pedro Sula, la segunda ciudad en importancia del país después de la capital Tegucigalpa, ha ostentado durante varios años el dudoso honor de ser la ciudad más violenta del mundo. En este lugar tan «entretenido» he sido llamado, como laico, como simple bautizado, para hacer misión, que es lo mismo que compartir vida, ser Iglesia y aprender de esta gente.

Y en esta experiencia, ¿qué he aprendido? Que en un sitio tan difícil y donde se pasa hambre, Dios está muy presente a través de una vida comunitaria muy fuerte, de unas celebraciones vivas con una vida de Iglesia auténtica. Sencillamente, allí no se entiende la vida sin Dios.

También me ha servido para conocer más lo que representa España, su legado, y a estar orgulloso de ello. Si no nos dejamos llevar por la leyenda negra, nos daremos cuenta que la presencia española en América fue mucho más positiva que negativa. Aunque allí hay una gran admiración por la Madre Patria, también se está generando un clima de animadversión hacia lo español, gracias a la susodicha leyenda.

La mitad del tiempo estuve en La Moskitia, el sitio más aislado y pobre del país. Los misioneros hablan en miskito, ya que el castellano apenas se habla. Aquí se demuestra el respeto a la diversidad. Esto es un sello identitario desde los primeros tiempos de la presencia española. El español solo fue obligatorio y las lenguas indígenas perseguidas a partir de la independencia.

Honduras es un país cultural y religiosamente católico (aunque en estos momentos la mitad de la población es evangélica por influencia de los Estados Unidos), que es lo mismo que decir español, no se puede separar lo católico de lo español. Y se ve con claridad, mayoritariamente se estudia, se habla, se reza… en castellano.

Algunas tradiciones se viven con mucha más intensidad que en España. Es habitual que tanto en las aldeas más pequeñas o en celebraciones multitudinarias se rece el rosario. La Iglesia sigue siendo la referencia en la vida social y comunitaria de las personas. Niños, jóvenes, adultos y ancianos llenan las eucaristías habitualmente. Es emocionante ver cómo 12.000 personas se ponen de rodillas ante Jesús Sacramentado con un respeto que impresiona. No se queda atrás la devoción hacia la Virgen María, que es una seña de identidad frente al protestantismo. La patrona de Honduras es la Virgen de Suyapa.

Todo esto me hace sentirme más cercano a un hondureño o argentino que a un estonio o suizo. No quiero decir que dejemos de construir Europa, sino que recuperemos la mirada hacia nuestros hermanos hispanoamericanos.

Sirvan estas líneas como homenaje a todos los misioneros, en especial a las misioneras laicas Idoia, Ana, Nina y a los padres Paúles Isaac, José Vicente, Edwin o Roberto, verdaderos protagonistas con los que comparto misión que desborda evangelio y vida.