Jesús, oración, testimonio

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Fernando Martín Herráez
Touché! Creo que es la expresión francesa que se usa en
el arte de la esgrima cuando alguien es tocado con el estoque. Pues eso es lo
que he sentido después de ver, leer y releer las palabras del Santo Padre
Francisco con las que respondía a algunas preguntas en la Vigilia de
Pentecostés.
Y cedo con gusto este espacio (sé que puedo permitírmelo
y que no enfadaré a nuestro querido director), sin comentar el tema de portada,
para hacerme eco de sus palabras. Porque las palabras del Papa Francisco están
siendo un vendaval de Espíritu Santo y Dios quiere que toda la Iglesia acoja
este don.
Sus palabras llegan directas y nos tocan muy dentro,
porque los que le escuchamos intuimos, sabemos con la sabiduría del corazón, que
habla no como maestro sino como testigo, porque nos da testimonio con su vida,
con la coherencia de vida, como nos dijo en la Vigilia.
Me centro en la respuesta a la segunda pregunta. Trataba
sobre el desafío de la nueva evangelización. Y el Papa ha condensado en tres
palabras de sabiduría todo lo que necesitamos para ponernos en marcha. Tres
palabras maravillosas y preñadas de significado: Jesús, oración y testimonio.
Son una clave impresionante para interpretar toda la existencia cristiana en
plenitud.
Sinceramente, ya me bastan. No necesito nada más, aunque
sé que el Papa va a seguir regalándome palabras y testimonios, pero entiendo
que lo que me ha dicho es de tal densidad que no puedo convertirme en un mero
consumidor de palabras y expresiones bonitas. Tengo que parar aquí. Tengo que
entrar en la escuela de María y meditar estar palabras ponderándolas en el
corazón. Tengo que seguir a San Ignacio que decía en sus Ejercicios Espirituales
que “no el mucho saber harta y satisface el ánima, sino el sentir y gustar de
las cosas internamente”.
Porque esas tres palabras dirigidas a los movimientos
eclesiales, y yo me siento parte de uno de ellos, sé que están destinadas a
cambiar mi vida, con la revolución del Evangelio, si las escucho de verdad y
las acojo en el corazón.
Quizás incluso me sobran dos, y me quedo con la primera: Jesús.
Dice el Papa: ¿Qué es lo más importante? Jesús.
La anécdota es que a partir de ahora cuando acompañemos
al Papa en sus visitas o viajes, al verle cerca gritaremos Jesús, y no Francisco
o Papa Francisco. Pero eso es la anécdota aunque es genial. Lo importante es lo
que ese nombre significa para mi vida. La primera, la última y la única palabra
en mi vida tiene que ser Jesús. Porque las otras dos son solamente una
extensión y una consecuencia de la primera palabra. Oración es dialogar y
dejarse guiar por Él. Y el testimonio, la coherencia de vida, es sencillamente la
consecuencia, el reflejo del amor de Jesús en mi vida y de mi camino en pos de
Él.
Jesús, oración, testimonio: y que todo lo demás quede en
silencio.