La espiritualidad en el cante jondo

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Virgen de los Remedios de Fregenal de la Sierra (Badajoz). Foto: Fregenal01
Virgen de los Remedios de Fregenal de la Sierra (Badajoz). Foto: Fregenal01

Por Lázaro Vicente

«Cómo Dios habita en todas las cosas…»; es una expresión profunda ignaciana y puede darnos una clave antropológica y espiritual, que nos ayude a acercarnos al tema de la espiritualidad en el cante jondo. Y el enfoque que en este caso se me ocurre, es el de la vía testimonial; que sean algunas de las letras de las coplas quienes nos hablen de esa síntesis del tema que pretendemos abordar.

Un texto, en este caso de F. García Lorca, nos habla con cierto enigma y, desde una visión poética, de lo que tiene de misterio y luz el cante jondo: Es un canto sin paisaje y, por lo tanto, concentrado en sí mismo y terrible, en medio de la sombra, lanza sus flechas de oro que se clavan en nuestro corazón. En medio de la sombra es como un formidable arquero azul cuya aljaba no se agota jamás.

Vamos a reflexionar brevemente sobre esta síntesis, espiritualidad y cante jondo. Los cantaores antiguos decían que este se caracteriza por ser cortito, rabioso y por derecho. Es decir, directo, no te deja indiferente y sigue una pauta establecida. Dicho lo cual, al analizar la espiritualidad que late en los cantos, va a ser de igual modo breve, directa y hablando de lo esencial.

Veamos esta observación con dos ejemplos de cante y espiritualidad, distantes en dos siglos de diferencia y con dos expresiones musicales distintas (una letra cantada a capela, a finales del S. XVIII, en este caso una Toná atribuida a Tío Luis de la Juliana y otra, cantada por tangos, de final del S. XX por José Monge.

Toná: Referida a los sacerdotes

Oh padre de almas / y ministro de Cristo / tronco de nuestra Iglesia Santa / y árbol del Paraíso

Tangos: Referidos a la Virgen

La Virgen de los Remedios / tiene su cara morena, / y el niño que está en sus brazos, / más guapo que la azucena.

Letras sencillas que pueden expresar el dolor, la alegría, el compartir, el amor, la vida o la muerte. La naturalidad, tanto de las letras como la manera de cantarlas, hacen que seamos unidos por la fragilidad de la existencia. Pero, en función de sus compases, dramatismo, su contenido festero, de que se acompañe con ritmo o no, se clasifican, en palos. Veamos otros ejemplos:

Seguiriya: Sería la forma sagrada del templo sonoro del cante. La tragedia, angustia y lamento son sus contenidos. Una cantaora antigua solía decir que al cantar esas coplas «la boca le sabía a sangre».

A los santos del Cielo / yo les voy a pedir, / para que a mi madre / me la pongan buena / que se me va a morir. / Y a los santitos del Cielo / yo le voy a pedir.

Soleares: Entre los entendidos, se las sitúa como la madre del cante. Suele ser de letras con mucha profundidad y que hablan desde el corazón. Su ritmo es normalmente lento pero envolvente.

Dime si yo he te quitao alguna vez,
serrana, de que tú vayas a misa,
tampoco que vayas tú a confesar
lo que quiero es que tú no me olvides,
prima, pa la eterniá.

Cantiñas: Cante típicamente de Cádiz (“Cai”). Es un cante con mucho ritmo, color y salero. En alguna variante puede llegar a ser jocoso.

A Cai no lo llaman Cai
que lo llaman relicario
porque por patrona tenemos
y a la Virgen del Rosario.

Bulerías: Puede decirse que la bulería, llena de movimiento, es hija de las soleares. Aunque su ritmo suele ser más acelerado. Y la gracia, incluso la guasa, se cuela con facilidad en las letras que se cantan. En este caso destaco alguna de tipo espiritual.

Una noche descubrí,
que sin Dios no hay esperanza.
El camino de la vida,
es vivir con su palabra,
él te da la vida eterna,
él te limpia y él te salva.

Fandango: Cante con gran predominio en Huelva y de múltiples variables. Se caracteriza por su contenido sentencioso, su expresividad y porque, si está bien cantado, no suele dejar indiferente.

¡María!,
no hay un nombre como Dios,
ni una mujer como María,
ni amor como el de una madre,
ni luz como la del día.
¡No hay un hombre como Dios!

Sin ánimo de ser exhaustivo he puesto ejemplos de palos y algunas letras que se cantaban y cantan por intérpretes en el universo flamenco. La siguiente letra, cantada por bulerías, vendría a reforzar lo esencial de la reflexión que les vengo proponiendo. Dice así:

Cuando escucho la vieja voz de mi sangre que canta y
llora recordando pasados siglos de horror,
siento a Dios que perfuma mi alma y en el mundo voy
sembrando rosas en vez de dolor.

Desde aquí los invito, si no lo han hecho ya, a escuchar y sentir en algún momento el cante. Esto requiere apertura y gran respeto. Una letrilla, cantada por bulerías, y dedicada a la Virgen, la blanca paloma, puede animarnos a ello:

Tú, que iluminas mi fe,
por donde quiera que voy,
tú eres mi reina y señora,
y por ti rezando,
blanca paloma, blanca paloma.