La evangelización de nuestro mundo

Aprender a evangelizar

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Foto: Geoff Gill.
Foto: Geoff Gill.

La Iglesia no es una ONG, ha dicho numerosas veces el papa Francisco, porque el anuncio del Evangelio es un aspecto esencial de la evangelización, y la evangelización es la identidad más profunda de su misión, como dejó escrito Pablo VI:

«Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: “Nosotros queremos confirmar, una vez más, que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda» (exhortación apostólica de Pablo VI Evangelii nuntiandi, 14).

En la conciencia actual de la Iglesia, la evangelización tiene un significado de gran amplitud. Ya en el sínodo de 1974 se llegó a la convicción de que no se debe limitar la evangelización al anuncio misionero en sentido estricto, dirigido a los no creyentes, sino de entender con ella toda la actividad misionera de la Iglesia, en todas sus formas. La exhortación Evangelii nuntiandi ha ratificado este significado explicitando su complejidad (EN 17) y la riqueza de sus dimensiones:

«La evangelización, hemos dicho, es un proceso complejo, con elementos variados: renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado» (EN 24).

No podemos perder de vista esta concepción fundamental: el anuncio evangélico no es una tarea o función más, dentro de la misión de la Iglesia, es su identidad más profunda, su misión específica. La Iglesia existe para evangelizar. Y lo hace —lo debe hacer— con sus palabras, con sus acciones y, sobre todo, con su ser.

Hoy encontramos especiales dificultades para evangelizar al mundo moderno, pero ¿estas dificultades provienen únicamente de las resistencias y obstáculos peculiares del mundo de hoy: ateísmo, secularismo, hedonismo… o provienen también de una Iglesia que quizás no ha sabido estructurar su pastoral de un modo que potencie su capacidad de transmitir creíblemente a los hombres de hoy la buena noticia de Jesús?

Desde nuestra humildad, comentamos un ejemplo práctico y vivo de apostolado juvenil y familiar: la Milicia de Santa María que cumple más de sesenta años de experiencia.

Terminamos con una observación práctica. No olvidemos que Jesús, antes de ser proclamado, anunciaba, evangelizaba, lo que nos debe llevar a la conclusión de entender la evangelización no en abstracto, sino desde la concreción de Jesús de Nazaret. Es mirando a Jesús como la Iglesia aprende a evangelizar.

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