La familia, corazón de la humanidad

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Familia, corazón de la humanidad
Familia, corazón de la humanidad

El papa Francisco, consciente de la importancia nuclear de la institución familiar, convocó un año especial de la familia que comenzó el 19 de marzo de 2021, día de san José, y que finalizará el 26 de junio de 2022 durante el X Encuentro Mundial de las Familias, en Roma.

La familia es la célula básica del tejido vivo de nuestra sociedad. A través de ella se transmite todo ese legado que proporciona los aprendizajes básicos para nuestra existencia como individuos y como sociedad. Así lo reconocía el papa en el momento de su convocatoria: «la familia […] halla la energía espiritual para abrirse al exterior […] a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos» (27.12.2020).

En la familia es donde se produce el proceso primario de socialización, ahí se adquieren los buenos —o malos— hábitos y costumbres, los valores y la idiosincrasia cultural. La familia es el corazón que late de una sociedad viva; es la médula espinal de una comunidad dinámica y el sistema óseo de una comunidad activa. Una institución familiar sólida es la garantía de la fortaleza de una nación solvente, segura y alegre.

Es evidente que, si las familias son estables, saludables y sostenibles, generarán una sociedad con estos valores. Dicho gráficamente: el corazón de una sociedad late en la familia, de ahí que, si ese corazón está débil y enfermo, la salud social estará en riesgo; por eso la sociedad debe guardar ante todo su corazón, la familia, para que pueda tener una existencia fuerte y constructiva.

El humanismo ateo que nos envuelve lleva años intentando destruir la familia y, por eso, pone todo su empeño en fomentar la degradación de algunos valores fundamentales, basándose en una libertad omnímoda y en un individualismo patológico: una equivocada concepción teórica y práctica de la independencia de los cónyuges entre sí; la confusión y la confrontación de las leyes reguladoras del matrimonio; la debilitación de la autoridad paterna; las trabas en la transmisión de los valores familiares; el número cada vez mayor de divorcios, el desprecio a la vida fomentando el aborto, la esterilización y la mentalidad anticonceptiva.

La situación es preocupante, pero como dice el papa Francisco en Amoris laetitia: «No caigamos en la trampa de desgastarnos en lamentos autodefensivos, en lugar de despertar una creatividad misionera». Si la familia es el corazón latente de la sociedad viva, «la familia debe ser siempre el lugar donde alguien, que logra algo bueno en la vida, sabe que allí lo van a celebrar con él» (id.).

Seamos, pues, creativos, ofreciendo un estilo de vida familiar alegre, solidario y acogedor. Tenemos las de ganar.

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