Las aguas revueltas vienen de lejos

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Por Santiago Arellano Hernández
Escribo sin saber aún a quién elegirá el Espíritu Santo
de Dios, Paráclito y Santificador de su grey, para regir la navecilla santa de
la Iglesia, tiempo ha en noche oscura, según el mundo, y para el creyente con
vientos amenazadores. Sí que debo proclamar que Dios está siendo grande con
nosotros. Somos testigos de hechos admirables.
Como anti-melodía descorazonadora nos despiertan cada
mañana las cantinelas de las corrupciones y el lamentable descrédito de la
clase política. Oh mundo inmundo. Resuenan en mis oídos las profundas
sentencias de La imitación de Cristo: “Cada vez que fui a los hombres
volví menos hombre”. ¿Se nos olvidan las luminosas denuncias de los Sumos
Pontífices, de los últimos siglos de que no es inocuo para los hombres vivir como
si Dios no existiera?
Os recordaré el comienzo de la epístola de Quevedo
dedicada al Conde Duque de Olivares, donde denuncia la decadente situación de
su sociedad y añora otras más virtuosas y austeras:

No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,

silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?

Largo y crítico poema. La poesía puede ser halago; pero
también denuncia.
Os traigo como remedio de una y otra fortuna, por un
encuentro fortuito, las palabras del Beato y buen Pastor de la Iglesia, Juan
XXIII. Os acerco unas citas de la Navidad de 1959, recién estrenado su
pontificado. Nada menos que nos habla de la vocación del ser humano a la
verdad. Su sentido práctico de buen conocedor de su grey le hace descender a su
contrario: el horror de vivir en la mentira.
1ª Denuncia:
“¿Dónde está en la tierra el respeto a la verdad? No estamos,
a veces, e incluso muy frecuentemente, ante un anti-decálogo desvergonzado e
insolente que ha abolido el no, ese “no” que precede a la formulación
neta y precisa de los cinco mandamientos de Dios que vienen después de
“honra a tu padre y a tu madre’? ¿No es prácticamente la vida actual una
rebelión contra el quinto, sexto, séptimo y octavo mandamientos: “No
matarás, no serás impuro, no robarás, no levantarás falsos testimonios”?
Es como una actual conjuración diabólica contra la verdad. [….] Este mandamiento,
como los otros, permanece en vigor con todas sus consecuencias positivas y
negativas; el deber de decir la verdad, de ser sincero, de ser franco, es decir, de conformar el espíritu humano con la realidad,…”
2ª Súplica:
“Amados hijos. No os sirváis de estos maravillosos dones
de Dios, que son la luz, los sonidos, los colores y sus aplicaciones técnicas y
artísticas -tipográficas, periodísticas-, para atropellar la inclinación
natural del hombre a la verdad, sobre la cual se levanta el edificio de su nobleza
y grandeza. No os sirváis de estas cosas para empujar a la ruina conciencias
todavía no formadas o vacilantes. Tened santo terror a difundir los gérmenes
que profanan el amor, disuelven la familia, ridiculizan la religión, sacuden
los fundamentos del orden social, que se apoya en la disciplina de los impulsos
egoístas y en la fraternidad concorde y respetuosa del derecho individual”.
3º Esperanza:
“El humilde sucesor de San Pedro no siente todavía ninguna
tentación de zozobra. Nos sentimos fuertes en la fe, y junto a Jesús podemos
atravesar no sólo el pequeño lago de Galilea, sino también todos los mares del mundo.
La palabra de Jesús basta para la salvación y la victoria. Esta es una página
de las más bellas del Nuevo Testamento. Es alentadora y llena de feliz
augurio”.
Muy adecuado por su sencillez y simbología es el capitel de
Cristo en la nave con dos fieras, de la iglesia visigoda de San Pedro de la
Nave en Zamora.