Luchar y no resignarse

18
Luchar y no resignarse. Ilustración: Juan Francisco Miral
Luchar y no resignarse. Ilustración: Juan Francisco Miral

En esta sociedad nuestra del 2021 se ha conseguido acallar conciencias con el tópico de la madurez. Nos están desmantelando todos nuestros valores y, como somos «maduros» no reaccionamos; nos resignamos.

Nos venden, por ejemplo, que los españoles, durante décadas, hemos padecido una represión sexual y eso se arregla con un empacho de sexo a todas horas y por todos los medios; eso lleva, como suele ocurrir, al otro extremo y pasamos de represión sexual a obsesión sexual.

Algo tan absurdo como querer curar una dolencia creando un vicio. ¿Que es usted hipotenso? Pues le arreglamos con alcohol hasta hacerlo alcohólico.

Y estas decisiones fáciles y funestas son más frecuentes de lo que parece. ¿Que un joven no se siente ya a gusto por el control paterno? Fácil: «como mis padres no me entienden, me voy de casa». O tantos ciudadanos que se sienten desencantados de la política y… «los políticos me han decepcionado, son todos iguales. No quiero saber nada de política ni de la sociedad».

Y así damos plena vigencia a la frase de Platón (427-347 a. de C.): «El precio de desentenderse de la política, es el ser gobernado por los peores hombres».

O aquel antiguo alumno, buen estudiante, al que me encontré un día por la calle y me espetó: «No, si he dejado de estudiar, porque está la cosa tan mal que “pa qué”».

Y resulta que, justamente, la solución es todo lo contrario, porque cuando algo va mal, el remedio no es abandonar, sino esforzarnos más, trabajar más, intentarlo una y otra vez, en lugar de optar por la opción más cómoda y desastrosa: abandonar la lucha, tirar la toalla, refugiarnos en la «madurez» para justificar nuestra irresponsabilidad.

Perdonadme, pero cada vez soporto peor la negligente justificación del es que yo soy así y no puedo con la que tenemos encima. ¿Yo soy así? Esta postura tibia y cobarde que rehúye la lucha, ¿no será más bien una desviación surgida del egoísmo o la comodidad?

Es una tendencia muy generalizada el tirar por la calle del medio cuando se nos presentan problemas serios; nos autoconvencemos, con bastante facilidad, de que el problema nos supera y, entonces, lo mejor es no hacer nada, retirarnos y dejar, así, todo el campo al enemigo. Craso error porque la solución está, justamente, en todo lo contrario: luchar y no resignarse.

Artículo anteriorSaber mirar a través de la literatura
Artículo siguienteSaber mirar a través del arte