Memoria

13
Por J.
del Hoyo
La revista Estar
se complace en publicar en este número Memoria, un breve documento
—inédito aún— que el P. Tomás Morales escribió en noviembre de 1955 como
informe para el obispo auxiliar de Madrid, D. José María García Lahiguera,
según nos cuenta él mismo en su posterior escrito Génesis y desenvolvimiento:
“Faltaban muy pocos días para la Inmaculada cuando fui a verle. Después de
darle cuenta de todo y responder a las preguntas que me hacía para informarse
bien, le sugerí la conveniencia de una aprobación por escrito de la Cruzada. Me
contestó: ‘Mándeme usted en seguida una instancia dirigida al señor Patriarca,
haciendo la solicitud, y con ella, un pequeño memorial en que se cuente cómo
surgió y cómo viven los que actualmente en ella participan’”1. La causa de aquella visita era que a
mediados de abril de aquel año 1955 los Cruzados de Santa María, aún sin ese
nombre2, habían sido
aprobados verbalmente por el patriarca de Madrid, D. Leopoldo Eijo y Garay;
pero faltaba aún un reconocimiento por escrito. Para hacerlo, el obispo
auxiliar requirió una memoria de cómo había surgido el movimiento y de cómo se
había desarrollado hasta ese momento.
Se trata de
una Memoria trascendental en la Historia de los Cruzados de Santa María,
ya que es el primer informe que el fundador hace de su obra, sin estar aún
aprobada por la Iglesia, así como una primera reflexión por escrito de la
misma, en la que se destaca no cómo les gustaría vivir a unos cuantos laicos,
sino cómo vivían ya desde hacía varios años. En ella pueden verse algunos
puntos todavía en gestación, y algunas ideas de lo que había de ser el laicado
maduro aún en germen; como, por ejemplo, la opinión de uno de aquellos primeros
trabajadores que deseaba consagrarse como cruzado, que se ofrece “para que su
hermano sea sacerdote, mientras que él será sólo medio sacerdote”. Y no era
sólo una forma de hablar. Debemos pensar que faltaban aún siete años para el
comienzo del Concilio Vaticano II y diez para su finalización; así, la idea de
un laicado con una misión propia en la Iglesia y no como una ayuda —o unos
brazos largos— de la jerarquía debía ir madurando poco a poco.
El propio P. Morales consideró esta Memoria un hito capital en
la historia del surgimiento de la institución. Por ello, cuando treinta años
más tarde, en 1985, la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos
Seculares le pida una historia de la institución con vistas a su aprobación
como instituto secular, enviará un informe de seis folios, donde toda la
primera parte la constituye esta memoria sin apenas variaciones3.
El
documento, cuya redacción parece haberse hecho de un solo tirón, quizás con
algunas notas previas a la vista, pero sin correcciones ni añadidos (algo que a
quienes estamos acostumbrados a redactar con ordenador nos resulta ya muy
difícil), supone un gran orden mental; se percibe en él gran entusiasmo por la
obra que está presentando, no exento de cierta dosis de espontaneidad y de
toque autobiográfico.
Se compone
de dos folios y medio a máquina, a un espacio, con márgenes muy pequeños. Como
era habitual entonces, hizo original y dos copias, con aquellas hojas de papel
de calco, fotocopia rudimentaria y casera de la época.
El
documento viene firmado en una de las fiestas de la Virgen, como era habitual
en él, la de la Presentación de la Virgen en el templo.
Hemos
respetado las grafías, los signos de puntuación y los subrayados del original.
Todas las notas explicativas son nuestras.
MEMORIA
En
diciembre de 19464 empecé a dar
tandas de Ejercicios Espirituales internos a empleados de oficinas de Madrid,
comprendidos entre los dieciséis y treinta años. Al salir de los Ejercicios se
dedicaban a la conquista del ambiente de sus centros de trabajo y a la recluta
de compañeros para las siguientes tandas. Como la labor iniciada en los
Ejercicios, pedía continuidad, a petición de los mismos exejercitantes,
empezaron a darse mensualmente días de retiro en una casa de Ejercicios,
comenzando la víspera a las nueve de la noche5, para acabar al día siguiente a la misma
hora.
En los
Ejercicios y en los días de Retiro, —verdadero día mensual de Ejercicios— les
hablaba de la necesidad de entregarse totalmente al Evangelio, para poder ganar
para Cristo y la Virgen a toda la juventud trabajadora que les rodea en
oficinas y centros de trabajo. Al hacerlo, interiormente pensaba que esa
entrega sólo llegaría hasta el matrimonio. Pero un día, en los primeros meses
de 19496, pude comprobar
que la semilla fructificaba al ciento por uno.
Hablando
conmigo uno de ellos, me dice: “Padre, la Obra que llevamos entre manos me
parece tan grande, y las cosas de este mundo me parece que valen tan poco, que
yo me consagraría a esto para siempre. Como sabe, tengo familia, pero estaría
dispuesto a dejarla, renunciando también a la ilusión de constituir un nuevo
hogar, pues comprendo que todo esto es preciso para conquistar las almas de los
compañeros”. Me sorprendió, pues no había pensado jamás en la posibilidad de
esto. Le dije: “Piénsalo bien, no tomes decisión por el momento y cuando pase
algún tiempo, me vuelves a hablar”. Al decírselo, pensaba que sería ilusión de
un momento, que no se volvería a acordar. Pasaron ocho meses más, y otro día,
hablando de su oración y de la manera de hacer el examen de conciencia, me
dice: “Sigo firme en mi deseo de lo que le dije hace tiempo. Cada vez lo veo
más claro y estoy dispuesto a ello”. Quince días después, sin haber hablado
precisamente entre sí, otro me expresaba también su deseo en idéntico sentido.
Entonces,
eran los últimos meses de 1949, empecé a pensar por primera vez, si el Espíritu
Santo estaría inspirando estas entregas totales a la perfección evangélica sin
salir del mundo, para la conquista de la clase trabajadora, actuando en sus
centros de trabajo, o en las obras que la Iglesia pudiera organizar para atraer
a esa masa en las que necesitase estos elementos selectos.
A partir de
aquel momento se van sucediendo los llamamientos, dibujándose cada vez más
clara la tendencia a un estado de perfección en el mundo, sin abandonar los
centros de trabajo, conviviendo en contacto continuo con sus compañeros. En
1950, durante la Semana Santa, en una tanda de ocho días completos de
Ejercicios, uno de ellos, Jesús Palero, siente el llamamiento y hace entrega de
todo. Dos meses después renunciaba a la vida de familia y empezó a vivir en la
Residencia Covadonga, inaugurada por entonces. En el mes de julio hace la
ofrenda de su vida, pidiendo al Señor una enfermedad dolorosa y la muerte, por
la juventud trabajadora de Madrid y de España. Un mes después caía enfermo de
meningitis tuberculosa y el 29 de septiembre de ese Año Santo, entregaba su
vida al Señor.
En 1951
hacía el servicio militar en una ciudad fronteriza un empleado de veintidós7 años. Como jugaba muy bien al fútbol, el
equipo regional le ficha, ofreciéndole 80.000 pesetas de entrada y 2.000 cada
mes. Escribe a Madrid a uno de sus compañeros: “Me han ofrecido esto. Pero como
veo que el Señor me llama a consagrarme a Él y a la salvación de los jóvenes
trabajadores, no lo he aceptado y seguiré en la oficina donde estoy
trabajando”.
Más
adelante, otro me decía: “Quiero llenarme de amor, consagrarme totalmente a la
Virgen, por la salvación de las almas”. Creyendo yo que se trataría de una
vocación sacerdotal, le sugerí la idea de entrar en un Seminario u Orden
Religiosa. Lo pensó bastante tiempo. Un día me dice: “No; no es ese mi camino;
creo que Dios me llama a vivir entre mis compañeros de trabajo, siendo testigo
viviente de lo Eterno”. Aludía a las palabras de Pío XII: “La finalidad del
Cristianismo, no es crear instituciones ni formar jefes, por muy interesante y
necesario que sea el tenerlos. La finalidad es forjar santos, es decir,
testigos vivientes de lo Eterno”.
En 1952,
otro me decía: “Con gusto me haría sacerdote, pero comprendo que no tengo
condiciones intelectuales; me quedaré sosteniendo a mi madre, puesto que
necesita de mí, y así mi hermano podrá ser sacerdote. Pero yo le he dicho: tú
te vas a hacerte sacerdote, pero yo seré medio sacerdote al consagrarme a la
salvación de las almas de mis hermanos de trabajo”.
Al
principio me resistí a dar ningún paso definitivo, interpretando todo como entusiasmo
pasajero de juventud. Pero al ir pasando los años, y constatar la persistencia
de las entregas, y que nuevos llamamientos se suscitaban, empecé seriamente a
pensar si Dios podría querer abrir un cauce estable y permanente a esta
corriente de generosidad y entrega para la conquista de las almas, cuya fuerza
se comprobaba por el arrastre creciente de compañeros alejados desde la niñez
de los sacramentos —y algunos sin haberlos recibido todavía—, particularmente a
las fiestas de la Virgen, en especial a la Vigilia de la Inmaculada, a la misa
que se celebra cada sábado en la parroquia de San José y a los actos del mes de
mayo. Esta fuerza de conquista, pensé, podría ponerse al servicio de toda clase de Obras de la Iglesia, con objeto de que
los sacerdotes que trabajan en estas actividades, dispusieran de fermentos
establemente consagrados a Dios, que actuasen sobre la masa en el seno de sus
Empresas, familias, y Obras de asistencia y capacitación socia.
Algunos de
ellos, concibieron la idea de pedir la excedencia en las oficinas en que
trabajaban para poder consagrarse más de lleno a la conquista de sus compañeros
en Residencias, Sanatorios, Cooperativas, Escuelas de Capacitación Profesional,
Deportes… Para ello, varios han abandonado sus familias y sin recibir
remuneración, trabajan desinteresadamente en pro de sus compañeros.
Así en el
Sanatorio Guadalupe de Guadarrama (antiguo Hispano Americano), cuatro de ellos
están dedicados al cuidado de unos setenta enfermos trabajadores tuberculosos.
Diariamente hacen media hora de oración en común antes de la Santa Misa, y el
examen de conciencia nocturno durante un cuarto de hora. Llevando así una vida
de comunidad adaptada a las exigencias del bien corporal y espiritual de los
enfermos.
En la
Residencia Covadonga de Madrid, unos seis o siete8 de
ellos, conviven con ciento veinte empleados jóvenes de toda España que carecen
de familia en Madrid. También llevan su vida de comunidad, aunque mucho más
flexible que en el Sanatorio, pues las exigencias especiales de una obra de
este tipo son distintas de aquél.
Además de
estos, unos nueve más, viven con sus familias y permanecen en sus oficinas y
centros de trabajo, por estimarse que ahí pueden dar más gloria a Dios para la
conquista del ambiente. Aún estos tienen algo de vida en común, pues diariamente se reúnen a las siete y media de la
mañana para hacer media hora de oración mental, todos juntos, antes de la santa
Misa que todos oyen a continuación; mensualmente
hacen el día de Ejercicios, o de Retiro, comenzando la víspera; y anualmente ochos días completos de Ejercicios.
Todo esto desde hace siete años.
Entre ellos
ha surgido la idea de consagrarse establemente a Dios con votos. Algunos los
han hecho privados y temporales9, coincidiendo con las fiestas de la Virgen. Antes de
hacerlos, se ejercitan en vivir con regularidad y constancia las virtudes
propias de los votos. Desde hace unos meses tienen uno que hace de Superior,
asesorado de dos consejeros10.
Actualmente
son unos diecinueve los que viven en estas condiciones, aunque algunos todavía
no han emitido ningún voto, no lo harán hasta que se les juzgue preparados y
hayan adquirido madurez de edad y de carácter. De los que empezaron hace siete
años, solamente han fallado uno o dos. Esto sin que en realidad se pueda decir
haya trascendido, dado el secreto con que procura llevarse todo ello.
Todo este
movimiento ha surgido de una vida espiritualmente intensa, bajo la mirada de la
Virgen. La casi totalidad ha hecho ya ocho días completos de Ejercicios (diez
contando la entrada y la salida), unas cinco veces; han asistido a unos ochenta
días mensuales de Ejercicios o Retiros; y con regularidad y constancia acuden a
la meditación y misa diaria, desde febrero de 1948.
Así se
explican también las cincuenta y dos vocaciones sacerdotales y religiosas11 que han surgido y que se distribuyen así:
Seminario Madrid, seis; Seminario Segovia, uno; Seminario Ávila, uno;
Jerónimos, seis; Jesuitas, seis, Salesianos, cinco; Corazón de María, cuatro;
Dominicos, tres; y en otras órdenes once.
Madrid, en la fiesta
de la Presentación de Santa María
21 de noviembre de 1955
 
(Notas
del documento)
1
Escrito
en 1962, Génesis y desenvolvimiento fue publicado en la revista Estar,
con algunas adaptaciones del texto al gran público, entre junio de 1974 y abril
de 1977. Damos aquí la referencia al texto original (folio 15).
2 El nombre de la institución se acordó cuatro meses después en una
asamblea en Gredos (24 agosto 1955).
3 Firmado el 25 de marzo de 1985, fiesta de la Encarnación del Verbo.
4 En Génesis y desenvolvimiento (f. 1), redactado en 1962, dirá
que fue en octubre de 1946, en el puente de Todos los Santos cuando dirigió la
primera tanda de Ejercicios a dieciocho universitarios y doce empleados de
oficinas, y que los empleados se lanzaron a reclutar a nuevos ejercitantes. Es
correcto, por lo tanto, que en diciembre dio la primera tanda sólo para
empleados.
5 La costumbre de los días de retiro en los
distintos movimientos de la Iglesia era en esos momentos que se iniciaran el
domingo por la mañana. Él fomentó y recalcó la idea de los retiros comenzados
la víspera, siguiendo la tradición ignaciana, para introducir las
correspondientes adiciones por la noche y al levantarse. En El Hogar del
Empleado
(Madrid 1958), J. A. Cajigal subraya ya este matiz (“cada mes del
año tiene lugar un día de Retiro Espiritual, que comienza la víspera”, p. 216).
En todos sus primeros escritos insistirá él en la importancia de los retiros de
24 horas (Forja de hombres, Madrid 41987, p. 37).
6 El propio P. Morales da una fecha muy anterior en obras posteriores
como Forja de Hombres [redactado en 1962] (“Al atardecer de uno de esos
días [noviembre 1947], tengo delante de mi mesa a un militante de veinticuatro
años”, 1987: 31); o Génesis y desenvolvimiento [1962] (“Al atardecer de
un día de noviembre de 1947 un militante de veinticuatro años”, f. 4). Dada la
antigüedad de Memoria, es posible que sea ésta la fecha auténtica, sin
que podamos asegurarlo, ya que Memoria está escrito con la premura de
una entrega inmediata.
7
Se
trata de Abelardo de Armas, cofundador de los Cruzados de Santa María y
director de los mismos desde 1960 hasta 1997. Cuando le proponen el contrato, a
los veintidós años, es ya en 1952.
8 “Seis o siete”. Estas vacilaciones e imprecisiones numéricas son
propias del estilo tanto oral como redaccional del P. Morales. Sin base real,
no obedecen a una frágil memoria, sino que tienen tan sólo un valor
estilístico. Véase que a continuación habla de 120 empleados. Da la impresión
de que se trata de un recurso estratégico para que el auditorio, o el lector en
su caso, se fije en lo esencial (contenido) y no dé importancia a lo que él
considera anecdótico, el número, cuya exactitud es irrelevante frente a la
entrega de su vida. Así en homilías: “hace veinte o veinticinco años estaba yo
en Bolonia, no recuerdo bien…”.
9
Hasta el 13 de mayo de 1967, día en que se celebraba en la Iglesia el
quincuagésimo aniversario de las apariciones de la Virgen en Fátima, y en la
institución el vigesimoquinto de la ordenación sacerdotal del P. Morales y
tuvieron lugar las ordenaciones de los dos primeros sacerdotes cruzados, ningún
cruzado formuló los votos perpetuos.
10
Fueron elegidos en la asamblea de Gredos (24-VIII-1955). “Allí se
eligieron entre todos los asistentes, por primera vez, un Jefe y dos consejeros
que gobernasen la Cruzada que nacía” (Génesis y desenv. f. 15).

11
En
realidad, si los sumamos bien, veremos que son cuarenta y tres. Fruto del
entusiasmo, y quizás de las prisas por acabar el informe, le salió la cuenta
abultada por no haber alineado verticalmente bien una unidad y haberla colocado
en las decenas. Pero, aun así, pensemos bien lo que son cuarenta y tres
vocaciones adultas en sólo siete años de movimiento, procedentes de un mundo
laboral que, al abandonarlo para abrazar la vocación religiosa o sacerdotal,
dejaban de ingresar en casa un sueldo, tan importante como era en aquella
España de postguerra, y “salidos de mochachos” como los quería san Ignacio para
la Compañía. Los números hablan por sí solos. En estos primeros años, sin la
existencia de los Institutos Seculares (aprobados el 2 de febrero de 1947 por
Pío XII, aún no tenían tradición y su idiosincrasia era muy desconocida), esta
era la vocación que parecía más idónea para quienes deseaban consagrarse a
Dios. Por otra parte, el abanico de seminarios y órdenes religiosas en que
ingresaron, que intencionadamente hace ver el P. Morales al obispo, demuestra
la visión amplia y universal que le daba a su obra, sin una orientación
dirigida hacia la Compañía ni hacia ninguna otra institución concreta (entre
esos once de “otras órdenes” hay franciscanos, escolapios, redentoristas y
misioneros del Corazón de María). El respeto absoluto hacia cada persona y una
dirección espiritual sincera, abierta a lo que Dios quisiera de cada uno,
siguieron orientando hacia estas instituciones a muchos empleados, aun después
de la aprobación de los Cruzados de Santa María el 8 de diciembre de 1955. Y
con perspectiva histórica podemos decir ahora que perseveraron prácticamente
todas estas vocaciones, llegando algunos a cargos de gobierno y responsabilidad
importante dentro de sus órdenes, como el general de los jerónimos, o distintos
provinciales de la Compañía.