Tomás Morales, universitario inserto en el mundo

Un laico abierto a lo que le rodea

57
Joven Tomás Morales
Joven Tomás Morales

Gracias a las diligencias de Bernardo Gómez, podemos presentar hoy un nuevo artículo de Tomás Morales, perteneciente en este caso a su época universitaria. Se publicó en marzo de 1928, por lo que se convierte en el escrito más antiguo conservado del hoy venerable Tomás Morales. El artículo apareció en la revista Libertas, que publicaba la Federación Regional Valenciana de Estudiantes Católicos. Estos, que habían surgido en el panorama nacional en 1920 para dar respuestas concretas en clave católica a problemas de la Universidad española, habían creado varias revistas y a través de ellas difundían sus ideales y su concepción de la enseñanza. Eran momentos de cambio en la sociedad y en la Universidad española, anquilosada en métodos y dotación económica, falta de creatividad, a la que por un lado trataba de modernizar la Institución Libre de Enseñanza, y por otro la acción de algunos movimientos católicos, insatisfechos con lo que había entonces.

Tomás Morales tenía en esos momentos 19 años, estudiaba 3º de Derecho y se había enrolado en octubre de 1926 en los Estudiantes Católicos, jóvenes que se batían el cobre en la Universidad española de la época. Su liderazgo y su implicación en los problemas sociales hicieron que en la VI Asamblea de la Confederación celebrada en Salamanca en octubre de 1927 fuera ya elegido asesor de la Junta Suprema de la organización, que era el órgano de gobierno de la Confederación. Es elegido junto a nombres bien conocidos en el panorama político y social posterior como Fernando Martín-Sánchez, Alberto Martín Artajo, Alfredo López, Julio Moreno y José Martín-Sánchez, hombres que dejarían en su vida una profunda huella. José Martín-Sánchez es quien le envió aquel billetito a Bolonia que decidió su vocación.

A pesar de su apellido, Católicos, estos universitarios no se dedicaban a organizar actividades piadosas o de culto, sino que su interés estaba centrado en temas académicos y profesionales de la Universidad española. Cada tarde se juntaban en la Casa del Estudiante para estudiar sus materias, pero también para formarse y organizar sus siguientes actuaciones. Es este un punto crucial de laicalidad que remarca en su escrito, que desea para las organizaciones análogas de Hispanoamérica y que intentó transmitir cincuenta años más tarde a los universitarios y universitarias que dirigía.


Las organizaciones escolares hispanoamericanas

Por Tomás Morales, de la Junta Suprema C.E.C.E.

Las organizaciones escolares hispanoamericanas cuentan ya con varios años de vida. A raíz de la terminación de la Gran Guerra[1], comenzaron a extenderse por toda la América hispana las organizaciones confesionales estudiantiles, a la sombra de la esplendente Juventud Católica.

El carácter y la índole de estas organizaciones discrepa fundamentalmente del de la Confederación de Estudiantes Católicos de España. En efecto, no son propiamente hablando entidades profesionales. Acaso por haber surgido, como rama de las Juventudes Católicas hispanoamericanas, concertó la confesionalidad durante largos años, su carácter y naturaleza. Solo ahora —hace próximamente seis meses— se consolidaron en México, como consecuencia de un doloroso acontecimiento de la persecución religiosa[2], los Estudiantes Católicos, como entidad profesional.

Fuera de esta excepción era difícil encontrar en Hispanoamérica una Asociación de Estudiantes profesional. Pero de día en día van delimitándose más y mejor los distintos campos de Juventudes Católicas y de Estudiantes Católicos, y debido a ello casi todas las organizaciones escolares confesionales van dirigiendo su proa hacia lo profesional. Sirva de ejemplo típico la Asociación de Estudiantes Católicos de Uruguay. En la revista Estudios correspondiente al mes de diciembre último, sitúa temas tan profesionales como «La enseñanza secundaria» y «La Universidad y el Estudiante».

Desde el primer momento son de notar las relaciones que la Confederación Nacional de Estudiantes Católicos ha mantenido con sus hermanos, los escolares hispanoamericanos. Procuró esta entenderse desde su creación con las entidades similares existentes entre los estudiantes de Hispanoamérica, y siempre se ha preocupado, por encima de sus relaciones con los demás países, de ganar la simpatía y el cariño de los estudiantes sudamericanos, con el fin de servir como un factor más en el activo movimiento de todas las fuerzas vivas de la nación en pro del acercamiento cultural hispanoamericano, característica obsesión indefinida de nuestra generación y juventud. A tal efecto, envió y hubo de recibir mensajes de sincera felicitación y salutación de los estudiantes americanos.

En estos días la Junta Suprema de la Confederación tiene planteado un grave problema de orden internacional que, de resolverlo satisfactoriamente, tendría gran trascendencia en las relaciones que nos ocupan. Por otra parte, a raíz de su VI Asamblea Nacional celebrada en Salamanca, la Confederación de Estudiantes Católicos de España lanzó la primera convocatoria del Primer Congreso Hispanoamericano de Estudiantes que coincidirá, el año 30, con todo el esplendor de la Exposición de Sevilla[3] y que será el primero que pueda unirnos en general Asamblea a los estudiantes hermanos por religión y raza de uno y otro continente. Satisfechos nos podremos considerar los estudiantes españoles si del Congreso saliese una Directiva y pauta de las relaciones estudiantiles hispanoamericanas, de la que es feliz prenuncio el Secretariado de Relaciones Escolares Hispanoamericanas creado en la Federación de Estudiantes Católicos de Sevilla.


[1] Así se denominó a la I Guerra Mundial (1914-1918) hasta 1939.

[2] Alude a la Guerra Cristera (1926-1929), enfrentamiento armado que inundó de sangre gran parte del territorio mexicano. En ella lucharon los que se conocieron como cristeros contra las políticas de intolerancia religiosa promulgadas por el gobierno de Plutarco Elías Calles. En el momento en que Tomás escribe este artículo aún no había acabado la guerra (junio de 1929), que se cobró varios mártires, hoy ya canonizados.

[3] La Exposición Iberoamericana de Sevilla se inauguró el 9 de mayo de 1929 y fue clausurada el 21 de junio de 1930.

Artículo anteriorAmarás… con todo tu ser
Artículo siguienteLa canción de mi padre