Migrantes: un mundo sin fronteras

56
Puente de Brooklyn. Autor: Emanuel Hahn
Puente de Brooklyn. Autor: Emanuel Hahn

Aunque cada vez se usa menos la expresión el drama de la migración, en nuestros días, al hablar de migración, uno sabe que entra en un tema espinoso que a muchas personas los espanta, los incomoda, los abruma y prefieren mirar para otro lado. La migración en nuestros días es la «patata caliente» que todos quisiéramos quitar de nuestras manos lo antes posible.

Uno sabe que, al hablar de migración, algunas sensibilidades van a resultar afectadas, pues en la mayoría de los casos, solamente se resalta la parte negativa de la migración, ocultando, o dejando en segundo lugar, sus aspectos más favorables.

Así, por ejemplo, se hace hincapié en esos indeseables que trafican con personas, y no se insiste tanto en el drama de la mayoría de los migrantes.

Hablar de qué origina la migración, nos lleva a reconocer nuestra incapacidad para crear un mundo solidario en el que todos podamos convivir en paz, y tener lo que necesitamos para vivir con dignidad humana, es más, con dignidad de hijos de Dios.

Las personas, en general, no emigran por gusto, o por el placer de emigrar. Habrá quien lo hace, y quien busca la aventura de enfrentarse a lo desconocido; pero en la mayoría de los casos, la gente emigra porque busca mejores condiciones de vida para sí y para sus familias. Y los hay que pierden la vida en el empeño.

Estamos en diciembre y, por eso, no hay que olvidar a los divinos migrantes: la sagrada familia. El papa Francisco, en el 2015, escribió para la jornada mundial del emigrante y del refugiado: […] No perdáis la confianza ni la esperanza. Miremos a la Sagrada Familia exiliada en Egipto: así como en el corazón materno de la Virgen María y en el corazón solícito de san José se mantuvo la confianza en Dios que nunca nos abandona, que no os falte esta misma confianza en el Señor.

Una Iglesia sin fronteras, madre de todos que extiende por el mundo la cultura de la acogida y de la solidaridad, según la cual nadie puede ser considerado inútil, fuera de lugar o descartable.

Personas en extrema necesidad, aprovechados aprovechándose para mejorar de vida, mafias lucrándose con las necesidades ajenas, justicia social, caridad cristiana…, así es la apasionante existencia de las emigraciones en nuestro complejo mundo globalizado, generoso y egoísta, limitado y sin fronteras.

PD.– Dedicamos también unas páginas a Vicente Guillen, él no fue propiamente un emigrante, sino un laico misionero en Perú. Se nos ha ido al cielo y tenemos un recuerdo para él en este número

Aquí tiene el enlace a la separata de Estar nº 313 dedicada a Vicente Guillén