Pasado, presente y futuro. Conectando generaciones

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Conectando generaciones. Foto: Nathan Dumlao
Conectando generaciones. Foto: Nathan Dumlao

Siempre ha habido una cierta tensión entre generaciones, como una falta de entendimiento entre los mayores y los jóvenes, entre los jóvenes y mayores, cosa normal y lógica porque los principales agentes modeladores de cada generación: el estado, la escuela y la familia viven un permanente proceso de innovación en cuanto a su pensamiento crítico, creativo y de crecimiento.

El problema surge cuando parece que hay agentes interesados en fomentar e incrementar esas diferencias naturales propias de la edad y de la época. Una especie de dialéctica marxista que vive del enfrentamiento del pasado con el presente y el futuro, y que tiende a presentar todo lo pasado —cultura, costumbres y espiritualidad— como nocivo, estancado y corrosivo, mientras muestra todas las novedades del presente —y sobre todo del futuro— como el único y verdadero camino del progreso y bienestar.

En esta postura de enfrentamiento tan necio, se trata de mantener una costumbre obsoleta de «porque siempre se ha hecho así» y hay que mantener el pasado, o despreciar todo lo conseguido por lo mayores porque, simplemente, es anticuado.

A unas generaciones que han nacido con las TIC, les resulta muy difícil entender a otra generación que vivió con la pizarra y el pizarrín, y lo fácil es disimular esta incapacidad con la crítica, el sarcasmo e incluso, el desprecio.

Creen estos jóvenes que en la historia de la humanidad no ha habido verdadera inteligencia y sensibilidad hasta que llegó la informática; olvidan que los avances tecnológicos no tienen necesariamente una bondad intrínseca, puesto que lo que hacen es amplificar —para bien o para mal— nuestras virtudes y defectos.

Desconocen los que así piensan que el progreso de la humanidad abarca desde saber hacer caminos de tierra, a tocar un instrumento musical o hasta construir catedrales. Parecen desconocer el proverbio tuareg: «Las plantas que no tienen buenas raíces, se las lleva el viento».

Pero no es ese el camino del bautizado. El creyente vive el amor y busca conectar las generaciones y solventar obstáculos para armonizar el mundo, rechazando posturas enfrentadas y explorando las diferencias y similitudes intergeneracionales que emergen en grupos de diferente edad, para llevar a cabo una reflexión constructiva.

«Los sueños de una persona mayor son la riqueza de la vida que te ofrecen y te dan. Es la riqueza de toda esa vida que te ofrecen como experiencia de vida. El sueño de los jóvenes es la profecía, es decir, la capacidad de avanzar. Por eso es importante reunir a los jóvenes y a los mayores. El anciano que da sus sueños y el joven que los recibe y puede transmitirlos con vistas al futuro» (papa Francisco, entrevista con Antonio Spadaro, 2021).

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