El adviento es una aventura: aventúrate

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Presentación en el templo. Marko Rupnik (2012). Capilla de la enfermería de la Compañía de Jesús en Roma
Presentación en el templo. Marko Rupnik (2012). Capilla de la enfermería de la Compañía de Jesús en Roma

«Adviento» y «aventura» tienen la misma etimología (ad-venire): lo que ha de venir. En efecto: el adviento es el tiempo de cuatro semanas que precede a la Navidad, en el que nos disponemos para la venida del Señor. Como una madre prepara el nacimiento de su hijo, así preparamos la venida de nuestro Dios, nacido nuevamente en Nochebuena. ¡Es Dios que viene a nosotros! Pero no solo en Navidad, sino todos los días, hasta el momento final del feliz encuentro. Por ello el adviento consiste ante todo en abrir los ojos y los oídos a sus venidas, en captar cuanto nos ocurre de un modo nuevo.

¿Cómo preparar la venida del Señor lo mejor posible? Como lo hicieron María y José: en los días previos a la Navidad no se instalaron en Nazaret, se pusieron en camino. Corrieron una gran aventura. En lugar de quedarse tranquilos, como parecía demandar el estado avanzado de gestación de María, se dirigieron a Belén. Abandonaron las seguridades de la casa y del entorno familiar, y se aventuraron: pusieron rumbo a lo desconocido, allí donde Dios Padre les llamaba por las mediaciones, en este caso el censo de un emperador.

También nosotros estamos llamados a emprender, como María y José, la aventura del adviento. Somos impulsados a ponernos en camino, a salir al encuentro del Señor, dejando atrás nuestras seguridades. Y para aventurarnos, debemos salir preparados: con las botas bien ajustadas y empuñando el bastón de peregrinos. Ligeros de equipaje, prescindiendo de tantas cosas que el mundo considera indispensables. Con el GPS activado, para no cambiar el rumbo de las bienaventuranzas, por oscura que se presente la avenida.

Pero el adviento es un camino de doble sentido: más que el nuestro buscando al Niño, es el del Señor, que viene a nuestro encuentro. Vino en la primera Navidad, viene en cada Nochebuena (también la de 2022) y vendrá un día, en la Navidad eterna del cielo.

Es el camino que recorrió María, como expresó poéticamente el venerable P. Tomás Morales: La Virgen caminando hacia el Belén de la tierra, y la Virgen caminando hacia el Belén del cielo. La Virgen buscando la navidad temporal y anhelando la eterna (…) Dos advientos, dos expectativas de encuentro en la Virgen. Y también dos anhelos de plenitud en nosotros, añorando un abrazo perfecto de duración eterna, una navidad temporal que nos conduzca a la definitiva.

El adviento es una aventura: es la aventura de nacer de nuevo. Es prepararnos para volver a nacer, del agua y del Espíritu, dejando atrás lo viejo y caduco que nos atenaza —nuestros miedos y desconfianzas, nuestros juicios duros y autorreferenciales— y acogiendo la novedad que el Niño nuevamente nacido va entretejiendo en nosotros: la lógica del amor, la confianza, la esperanza y el servicio a los demás… hasta llegar a la Navidad eterna.

* * *

El adviento es una aventura: aventúrate. Con María como guía y modelo no perderás el rumbo. Con ella llegarás a la meta: en la Navidad 2022 y un día en el cielo. La Virgen Madre te enseñará a encarnar las bienaventuranzas, ya que ella es la bienaventurada: la que ha creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá.

Y no te olvides de san José: él, que vivió como nadie la aventura del primer adviento, te custodiará, y no cesará hasta que toda la familia de la Iglesia estemos reunidos con la familia trinitaria en la Navidad bienaventurada del cielo.

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