¿Qué es y qué no es el rosario?

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Textos del siervo de Dios P. Tomás Morales, SJ sobre el rosario

Al cumplirse este año el veinte aniversario del nacimiento para la
eternidad del P. Tomás Morales, y al estar en el mes de octubre, mes del
rosario, nos ha parecido oportuno dedicar el Tema de Portada a una breve
selección de los numerosos textos que el P. Morales nos dejó sobre el rosario.
Comenzamos con una meditación de octubre de 1992.

¿Qué es y qué no es el rosario?

¿Qué es y qué no es el rosario? No es una rutina, no es una costumbre, no es prisa; el rosario es toda la Iglesia reunida con María contemplándola. El rosario no es una devoción a la Virgen, sino una devoción a Cristo que centra perfectamente la vida del bautizado. Toda la Iglesia y tú, una parte viva, contemplando los misterios de Jesús con los ojos, y sobre todo con el corazón de la Virgen. No es el rosario una mecánica repetición distraída, o con rutina o con prisa, de cincuenta avemarías.
Sin contemplación de los misterios de la vida de Jesús, el rosario es cuerpo sin alma que acaba secándose, que acaba en rutina o prisa. Lo más bello que se puede ofrecer a Dios Padre después de la Santa Misa, Cristo-Crucificado, Cristo-comunión, Cristo-Sagrario, es el rosario contemplando los misterios de la vida de Jesús.
Es oración contemplativa y cristológica al mismo tiempo. Empieza siendo una oración contemplativa: ver a las personas, oír lo que hablan, contemplar lo que hacen, y, como todos los misterios de la vida de Jesús son reproducción del Christus humiles de san Agustín, me enseñan a desaparecer, me enseñan mi insignificancia, mi nada y mi pecado, y me preparan maravillosamente para contemplar el Dios majestad, sabiduría, eternidad, belleza, bondad y misericordia.
Oración
contemplativa, aunque principia siendo súplica, tanto en las avemarías como en
el padrenuestro que las entrelaza. La súplica con que se inicia el rosario se
funde casi en oración de recogimiento primero, de quietud después, de unión
transformadora finalmente. La cadencia de avemarías que se repiten se parece a
las olas del mar, nos elevan a todos a las cimas de la contemplación.
Oración
contemplativa, pero además cristológica, que nos hace comprender que Cristo no
vivió hace veinte siglos en Jerusalén, sino que Cristo está viviendo en
nosotros sus misterios de amor a cada uno. El rosario me enseña a vivir no
solo, sino con María, la mejor contempladora de Jesucristo, la más amante de
Dios.
Oración
contemplativa, llena de una belleza tan grande… Oración de súplica, por el
perdón de mis pecados: el egoísmo, padre del orgullo; la pereza, la hipocresía,
la ingratitud, la desconfianza, el miedo.
Oración
de acción de gracias por todos los beneficios que yo recibo, porque en el
corazón inmaculado de la Virgen se dan gracias. También yo en mi pequeñez,
puedo darlas. Oración de súplica, que obtiene milagros individuales y
colectivos de transformación, de conversión. Por eso el rosario ha merecido
siempre una vigilante atención y una cuidadosa solicitud de la Iglesia, mi
madre y maestra.
Una segunda selección la tomamos del libro SEMBLANZAS, la dedicada
a Santa María del Rosario, 7 octubre.
Santa María del Rosario (7
de octubre)
Un
santo español, Domingo de Guzmán, en tierras de Francia. Desde Fangeaux domina
la inmensidad del horizonte. Allí se le aparece la Virgen. Alborea el siglo
XIII. Otra vez María a punto. Quiere salvar al mundo.
Ahora viene empuñando un arma, el rosario. Los
albigenses niegan y escarnecen su Maternidad Divina y su Virginidad. Domingo
implora el auxilio de la Virgen, se dispone a luchar contra los herejes.
Asolaban el mediodía de Francia. Amenazaban al mundo. María baja desde el
cielo, y nace en la tierra la devoción al rosario. El Santo y sus compañeros de
la Orden de Predicadores, encontrarán en Santa María aliento para sus luchas de
conquista.
Una epopeya de amor mirando
a María
Desde
entonces, la Virgen del Rosario acudirá puntual a la cita. La cristiandad
peligra. Aguas de Lepanto. Amanecer del 7 de octubre de 1571. Los soldados de
Juan de Austria desgranan las cuentas de sus rosarios. Se va a iniciar la
memorable batalla. Triunfo cristiano. San Pío V instituye la fiesta de Santa
María del Rosario en acción de gracias por la victoria. Años adelante, Carlos
VI derrota a los turcos en Hungría y levanta el asedio de Corfú. Mientras, los
cofrades del Rosario, en Roma y otras ciudades, invocaban a María. Clemente XI
extiende la fiesta a la Iglesia universal en 1716.
En
nuestros días, el hombre ensoberbecido por adelantos técnicos y progresos
científicos, pretende hacerse dios. La Virgen, enarbolando el rosario, aparece
en Lourdes y Fátima. Quiere salvar de nuevo al mundo, no de turco o albigenses,
sí, de la esclavitud de orgullo, gula, dinero o impureza. Una juventud
descreída que niega, no la Virginidad o Maternidad Divina de María, sino su dulce
presencia en la tierra irradiando amor y generosidad. La Iglesia, cada
bautizado, debe iniciar mirando a María una epopeya de amor en la tierra, que
arrastre a los hombres a evangelizar de nuevo con energía y paciencia un mundo
a espaldas de Dios.
Eternidad en la cabeza,
mundo a los pies…
Luchará
al servicio de Jesucristo, Rey eterno y Señor universal, por un mundo mejor. Se
servirá del Rosario como arma predilecta. «Yo soy Nuestra Señora del Rosario»,
dice Ella en la última aparición de Fátima. «Rezadle todos los días para
obtener la paz del mundo», aconsejará a los pastorcitos. Por eso, sus hijos
cantan con júbilo y esperanza. «La Virgen nos manda las cuentas pasar, dice que
el Rosario nos ha de salvar…» Y cuando en las noches serenas contemplan extasiados
las estrellas luminosas, les parecen infinitas Avemarías de un rosario
celestial pregonando las grandezas de Dios.
Se agarran… a los rosarios
Confianza
en el poder incomparable de nuestra Reina. Miguel Ángel en el maravilloso
Juicio Final de la Capilla Sixtina en Roma, nos ofrece un detalle muy
significativo. Sólo lo captas cuando con ánimo atento, lleno de amor a María,
contemplas esa maravilla del arte. Los que se salvan aparecen subiendo al
cielo, a la derecha de la figura imponente de Jesucristo Juez, que ocupa el
centro del cuadro. Agarrándose unos a los rosarios de otros, van trepando hacia
arriba. El rosario de Santa María salvando las almas. Vida, dulzura, esperanza
nuestra, ruega por nosotros.
Me vienen ideas y
melodías…
10
de marzo de 1615. Reina en Inglaterra Jacobo II. Sube en Glasgow al cadalso un
misionero jesuita, el P. Juan Ogilvie. Quiere dejar a los miles de espectadores
un recuerdo de la fe por la que muere. Arroja su rosario a la multitud. Cae en
el pecho de un joven aristócrata alemán, Juan Heckensdorf. En viaje de recreo
se encontraba allí. A los pocos días, abjura de su herejía ante el Romano
Pontífice. Se hace católico. Toda su vida repetiría que su conversión fue
debida al rosario que hirió aquel día su corazón.
Confianza
en María aun en las pequeñas necesidades. Son intrascendentes si se las compara
con la eternidad hacia donde marchamos. A veces nos agobian estudios, trabajos,
dolores… Haydn, el músico alemán, decía un día a sus amigos: «Cuando al
componer una obra siento fugarse de repente la inspiración, no tengo sino coger
mi rosario y rezar unas cuantas Avemarías. Entonces me vienen las ideas y las
melodías a raudales. A veces en tal abundancia, que no me queda tiempo para
apuntarlas.»
En
tus dudas y apuros imita al gran compositor. Recurre a las cuentas de tu
rosario. Y también cosecharás por su poderoso valimiento, éxitos inesperados y
no merecidos. Mozart, después de sus obras en que interpreta como nadie la
alegría de la música clásica, tomaba el rosario para agradecer a María la
inspiración recibida.
Nada es imposible
Santa
María del Rosario es también Santa María de las Victorias. No sólo en Lepanto.
Una nave con este nombre de la Virgen tripulada por Sebastián Elcano, es la
primera que da la vuelta al mundo paseando por océanos el nombre de la Reina y
Estrella de los mares.
«Con
María de la Victoria —decía el navegante después de su proeza—, nada es
imposible.» Sin ella, todo se malogra. Por eso, la Santa Madre de Dios es Reina
también de todas las odiseas que Ella ha desencadenado en la tierra para salvar
almas y batallas a Dios.
Arma sencilla y eficaz
Confianza.
Santa María del Rosario es Santa María de la Victoria. Para los Papas, la
devoción del rosario es refugio providencial en circunstancias difíciles que se
presentan a la Iglesia. Hacia ella vuelven siempre sus ojos san Pío V y
Clemente XI ante el peligro turco. León XIII frente al desbordamiento
racionalista y la apostasía de las masas del siglo XIX. Pío XII secundando los deseos
de Santa María del Rosario en Fátima, desencadena la cruzada «por un mundo
nuevo, distinto y mejor» del que conocemos. Se hace «su heraldo».
¿Cuál
es el secreto de la eficacia de esta arma prodigiosa? Los mismos Papas nos
responden. Es una devoción sencilla y llena de contenido. Sencilla, porque la
más ignorante aldeana sabe rezar un rosario. Llena de contenido, porque con
orden y suavidad exquisita al alcance de todos, nos hace recorrer los
principales misterios de la Vida de Jesús de la más atractiva y eficaz manera,
como los vivió su Santísima Madre.
El amor al rosario es, sin duda, una de las mejores
herencias que nos dejó el P. Morales. A los veinte años de su muerte, justo es
que actualicemos esta herencia y la entronicemos en nuestra vida en toda su
pureza sabiendo qué es y qué no es el rosario: 50 perlas, una joya.