Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

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Santa Ana enseñando a leer a la Virgen
Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

Por Equipo Pedagógico Ágora

Traemos a esta sección un lienzo de Bartolomé Esteban Murillo pintado hacia 1655: Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Pertenece al Museo del Prado.

Santa Ana se encuentra a la izquierda, sentada, mostrando a la niña María un libro. Seguramente se trata de las Escrituras. Con la mano derecha la madre porta el libro y con la izquierda va marcando las directrices de lectura que debe seguir, ofreciendo una clave de valoración de lo que están leyendo.

Ana muestra un porte austero, símbolo o sugerencia de autoridad moral, como si lo que está considerando con su hija en este momento fuera de la mayor importancia.

La Virgen se muestra atenta escuchando la palabra de su madre. Su rostro es en extremo delicado y dulce. El índice de su mano derecha se ha detenido sobre un punto de la lectura (aquella palabra es nada menos que la palabra de Dios), acerca del cual parece recibir las explicaciones de su madre, realzadas por el noble gesto de su mano izquierda, que también parece hablar, como aclarando el contenido de la lectura y la conversación.

Se aprecia un foco de luz en el libro que sujetan Ana y María, como símbolo de la Verdad. Este foco incide en el rostro juvenil de la niña y llena de luz los distintos planos de la escena creando una secuencia de claroscuros.

El libro tiene un significado especial en esta pintura. Es fuente de conocimiento, donde se encuentra toda la Verdad. María va a ser un día madre de quien es la Palabra misma, el Verbo encarnado, la plenitud de la revelación y la sabiduría. Murillo emplea una conversación entre madre e hija para crear un ambiente familiar y amable como marco de esta lección a la vez cotidiana y trascendente. Por ello el artista quiere que la escena tenga un ambiente doméstico y a la vez una atmósfera religiosa. La escena se ve realzada por la presencia de los dos ángeles niños que coronan delicadamente a la Llena de gracia, a la educadora del mismo Logos divino encarnado.

Educar es transmitir vida y experiencia, introducir en la realidad. Por eso Murillo emplea aquí elementos como la cesta de costura en la parte inferior, labor que posiblemente estaba desempeñando la madre cuando ha sido consultada por la hija, pero a la vez también trabajo que debían aprender las niñas del siglo XVII, complemento de la lectura y la piedad.

Sin duda que la Virgen podría recibir formación en la sinagoga o de mano de algún rabino del Templo, pero Murillo y la piedad cristiana han querido resaltar que las claves más importantes de la vida son tarea principal de los más directos responsables de la educación de los niños, sus padres. Lo esencial, lo que tiene que ver más directamente con el sentido de la vida, es lo que los padres deben cultivar en sus hijos. Solo educa el que ama, y quien mejor ama es quien debe y mejor puede enseñar lo fundamental del vivir.

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