Ser madre, aquí y ahora

Las condiciones de la maternidad

4
Convivencias
Convivencias

Cuando los medios de comunicación publican datos estadísticos sobre demografía, saltan todas las alarmas porque la dinámica de la población es un tema que genera debate social, bien porque haya que controlar la natalidad o porque haya que incentivarla.

La realidad es que aquí y ahora, el futuro demográfico de España se presenta desolador por el desplome de la natalidad. Según el INE, registramos un crecimiento vegetativo con saldo negativo, es decir, muere más gente de la que nace. A este ritmo, el reemplazo generacional es una utopía.


Pero no se trata solamente de un problema biológico. También lo es de carácter sociológico, económico y de sentido de la vida. La fertilidad es un don, como lo es la maternidad, consecuencia directa de la condición de mujer y de nuestra atenta mirada hacia el cuidado. Pero ser madre aquí y ahora no es tarea fácil. El cambio social y económico, los modelos de contratación, las corrientes culturales contrarias a la familia, etc., dificultan mucho el desarrollo de la vocación a la maternidad.

Vamos a intentar aproximarnos a este tema a través de la realidad cotidiana de mujeres que, a pesar de estas las dificultades, viven la vocación de la donación en el matrimonio y en los hijos. Hemos entrevistado a cuatro de ellas. Las presentamos y ofrecemos un resumen de sus aportaciones:

Lucía Prieto es médica especialista en Endocrinología y Nutrición en la Fundación Jiménez Díaz. Está casada. Es madre de una niña y actualmente espera su segundo bebé. María Jaraíz es graduada en Enfermería, especialista en pediatría. Actualmente trabaja como docente y compagina su trabajo con un proyecto sobre recuperación de técnicas artesanales. En octubre se casará con su prometido. Noemí García es arquitecta desde el año 2016. Graduada en el Máster Habilitante en Arquitectura, ha realizado estudios de postmáster en Promoción y Desarrollo Inmobiliario. Trabaja en una empresa constructora, donde coordina y dirige las obras de la Comunidad de Madrid. En el año 2018 conoció al que actualmente es su novio. Paloma Martín-Esperanza es graduada en Historia y en Periodismo y Máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad. Ha colaborado con la Real Academia de la Historia y otras instituciones de prestigio. Está casada.


La siguiente afirmación del papa Francisco sobre las madres puede abrir nuestro diálogo:

«La madre, aún siendo muy exaltada desde el punto de vista simbólico —tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen poéticamente de la madre— es poco escuchada y poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad. Es más, a menudo se aprovecha de la disponibilidad de las madres a sacrificarse por los hijos para “ahorrar” en los gastos sociales» (07.01.2015).

¿Es necesaria la maternidad para realizarse como mujer?

Nuestras cuatro entrevistadas afirman que no es imprescindible la maternidad para realizarse como mujer, entre otras cosas porque los hijos son un don de Dios. Es cierto que si se tienen hijos, la capacidad creativa aumenta. Por otra parte, la maternidad es una escuela para aprender a entregarte: el amor de madre no se desarrolla de otra forma. Pero vivir la maternidad es algo más amplio, que entra dentro del ser mujer y que está relacionado con una manera de afrontar las relaciones humanas, desde la acogida y la generosidad.

Sin embargo, cuando hablamos de los hijos, todas lo consideran importante, pese a las dificultades:

Lucía: «Con el tipo de vida que tenemos… supongo que tendremos dos o tres… Más de tres nos resultaría complicado». María: «Siempre me he imaginado con una familia numerosa, pero es muy pronto para saber si se darán las condiciones para ello». Noemí: «Tener un solo hijo no cabe en mi cabeza porque necesita hermanos. Mínimo serían dos, tres está bien; cuatro… No sé». Paloma: «Me gustaría tener hijos, fruto del amor con mi marido. Nada más. El único factor que influye, en mi caso, es el amor. El número de hijos no depende de mí. Pero en todo caso familia numerosa».

Importancia de la vida profesional

El mundo en que vivimos nos impone a todos unas condiciones de vida (horarios de trabajo interminables, presión competitiva de las empresas, etc.) que dificultan las relaciones familiares y tienen un impacto directísimo en la mujer, esposa y madre, que se ha incorporado al trabajo. Preguntamos a nuestras entrevistadas por la importancia que conceden a su vida profesional. Todas coinciden en otorgar un gran valor a una actividad a la que han dedicado largos años de formación y en la que se sienten realizadas como personas. Perciben que puede ser una de sus prioridades, pero no la entienden como un fin en sí mismo.

Tu vida profesional ¿es compatible con la atención a la familia? ¿Te resultaría fácil renunciar a ella?

«Me gustaría mantener el trabajo siempre que pudiera. Sería duro renunciar porque me gustaría realizarme como profesional, siempre y cuando no se pierda de vista que el trabajo es trabajo y que no le puede restar a cosas más importantes», afirma Lucía. María entiende que «aunque trabajo a distancia desde casa, y esto me permite flexibilidad de horarios y lugares para trabajar, si fuera necesario, renunciaría». Noemí reconoce que «renunciar me cuesta. Me duele en el alma. Creo que se me caería la casa encima. Yo estaría dispuesta a renunciar a una jornada laboral completa y asumir media jornada, si me lo permite la empresa y si considero que es suficiente para manejarme». Paloma constata: «Mi profesión es compatible, aunque con mucho esfuerzo y renuncias importantes. Salvo fuerza mayor nunca dejaría de trabajar».

Fecundidad y natalidad son indicadores demográficos tradicionalmente atribuidos al ámbito femenino, según la frialdad de las estadísticas, pero tras la fecundidad de la mujer se oculta la belleza de la paternidad que la hace posible. Surge de inmediato una última pregunta:

Desde vuestra experiencia, ¿cómo gestionáis el tema de la maternidad-paternidad?

Nuestras entrevistadas coinciden en afirmar inequívocamente la corresponsabilidad, partiendo de la base de que la familia se fundamenta en la entrega de los dos cónyuges. Los hijos son de ambos, por lo que los dos tienen el derecho y el deber de participar en su educación y cuidado. Desde su condición de varón y de mujer, cada uno aporta una riqueza distinta que hace de la familia una unidad. Decidir el número de hijos, así como cuidarlos y educarlos, es tarea de los dos en la unidad conyugal. Todo debe ser compartido.


A la vista de las opiniones, llenas de realismo, aportadas por nuestras entrevistadas, que confirman la experiencia que todos poseemos, pues son la vida misma (jornadas interminables, horarios rígidos e inhumanos, presión competitiva, remuneración escasa, falta de ayudas a la maternidad —no tanto a base de cheques bebe—, etc.) recordamos la afirmación del papa Francisco con la que abríamos nuestra entrevista y que deseamos asumir como programa de acción: «La madre, aún siendo muy exaltada desde el punto de vista simbólico —tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen poéticamente de la madre— es poco escuchada y poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad». Resulta, pues, urgente que, además de decir «tantas cosas bellas de la madre» pongamos de nuestra parte (esposos, padres, jóvenes, sacerdotes) todos los medios para «ayudarla» y poner en valor a la mujer-madre en todas las actividades que la realicen como persona, porque ser madre es muy importante, pero «el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales» (Evangelii gaudium, n. 103).