Sinfonía del nuevo curso (en clave de re)

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Monumento a A. Dvorak
Monumento a A. Dvorak en el castillo de Vysoka (República Checa)

Cuando A. Dvorak compuso en 1893 la sinfonía del Nuevo Mundo, pronto se convirtió en una obra de enorme popularidad que sirvió de inspiración a multitud de compositores de los estilos musicales más diversos.

También, si cabe, nos puede ayudar a nosotros a componer una verdadera obra de arte: la programación de nuestro comienzo de curso en clave musical. Os propongo un ejercicio de imaginación: situados ante un pliego en blanco, nos disponemos a componer una monumental sinfonía que denominaremos, con el permiso de Dvorak, la sinfonía del nuevo curso.

En este curso que comenzamos tendremos que atender múltiples responsabilidades (familiares, profesionales o académicas, además de compromisos de otros tipos) que deberemos armonizar, como si de instrumentos de una orquesta se tratara, y concertarlos con los tiempos propios de nuestra naturaleza biológica (alimentación, descanso, etc.). Cada dimensión y tarea (cada instrumento diríamos) es importante. Necesitamos seleccionar las tareas y orquestarlas convenientemente para hacer del nuevo curso una obra sinfónica.

Además, para crear una sinfonía es imprescindible dar con la clave. Si un instrumento interpreta en clave de sol y otro en clave de do, ¡la disonancia será insufrible! ¿Qué tonalidad elegiremos para nuestra sinfonía del nuevo curso? Como Dvorak compuso en re bemol mayor el famoso largo del segundo movimiento de su sinfonía (el inolvidable Goin’ home; I’m goin’ home!), os propongo que la concertemos en clave de re.

Con re de recomenzar: es el momento de volver a proponernos, presto y vivace, la reforma del carácter, la disponibilidad para los demás, la dedicación de tiempo a la formación, etc., esas tareas que pronto hemos aparcado en cursos anteriores.

Para la armonización, mantener el tempo es crucial, sin ceder ante las aceleraciones derivadas de la prisa (¡cuidado con el tempo prestissimo!) ni a los ataques de la pereza (¡el lento sostenutto es desesperante!).

Toda buena sinfonía cuenta con una obertura bien cuidada. También los primeros compases del curso son determinantes. En ellos plasmamos lo que nos proponemos cultivar como reforma de vida (otra composición en clave de re). Después, aun cuando los movimientos posteriores se interpreten como adagio, andante o allegro vivo, el tema inicial regresará una y otra vez.

En fin, se acaba el espacio, y vamos con el finale: lo orquestaremos de nuevo en clave de re. Con re de reconocer: consideremos que el nuevo curso es un regalo que recibimos de Dios y que no somos los compositores de la sinfonía de nuestra vida. Consiste en admitir que nuestra partitura es única, irrepetible, y que ha sido diseñada con exquisito amor para que la interpretemos con sumo afecto. Por eso, más que compositores, somos como directores que conducen la sinfonía de la vida armonizando los instrumentos.

Y, cuando por la misericordia de Dios lleguemos al cielo, descubriremos que seremos incorporados a una sinfonía única, indescriptible… en la cual nuestras voces se entretejerán con las de los santos y los ángeles, siguiendo la voz antecedente del Verbo.

¡Santa María, música de Dios, madre del nuevo curso, condúcenos!


Sinfonía del nuevo curso
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