Solidaridad: Acoger, aportar y compartir

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Portada Estar 311. Foto: Caritas Internacionalis
Portada Estar 311. Foto: Caritas Internacionalis

Cuando hablamos de la solidaridad, queremos hacer referencia a todos aquellos actos que se caracterizan por compartir y prestar ayuda material o sentimental a los demás sin esperar nada a cambio. La solidaridad es un valor que busca el bien común.

A través de la solidaridad de manera individual o grupal, prestan su apoyo, protección, colaboración y ayuda a todos los que la necesitan.

Desde hace tiempo se habla mucho de solidaridad. Según el diccionario, la solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros, es decir, es una adhesión vinculada a algún tiempo, lugar, modo… Y en los tiempos de crisis, especialmente, ante determinadas circunstancias que viven muchas personas, surgen múltiples iniciativas solidarias, realizadas por quienes intentan hacer frente, o al menos paliar algo, esas circunstancias negativas. El uso del término «solidaridad» fue conceptualmente desarrollado inicialmente por el francés Pierre-Henri Leroux (1797-1871), en el ámbito del socialismo originario. Fue concebido como un concepto laico opuesto a la idea cristiana del amor. En ese contexto, la solidaridad fue pensada como una nueva respuesta, efectiva y racional, a los problemas sociales.

Así, el socialismo se presentó como solidaridad, como una forma del todo original y a-religiosa por la que la igualdad entre todos los hombres, la paz y el final de la pobreza, serían logradas. Esa era la teoría, pero ¿qué sucedió en la práctica? Hoy conocemos la tristeza y la desolación que una teoría sin Dios, y una praxis atea, dejaron en los países que abrazaron o a los que se les impuso el socialismo.

La solidaridad cristiana no consiste solo en atender necesidades materiales, ni en hacer por hacer, aunque hagamos mucho. La solidaridad cristiana es mucho más que un dar materialista, o un acompañar pasivo, sin hechos concretos, que influyan positivamente en alguien de acuerdo a su dignidad de ser humano.

La solidaridad cristiana es acción porque parte de la contemplación; es palabra, pero también es obra. Es compañía, es presencia, pero también es consecuencia hecha acción que repercute para bien. Esa base que le faltaba al concepto de solidaridad estaba ya en la idea cristiana de amor. Fue precisamente por este motivo que la solidaridad pudo ser acogida dentro del catolicismo y mostrarse como una consecuencia de esa caridad que es médula de toda la fe cristiana. Fue así que la solidaridad fue bautizada.

Si nos atenemos a la labor social desarrollada por la Iglesia, es evidente que, en solidaridad, la Iglesia es una institución puntera porque nadie como ella acoge, aporta y comparte.