¡Viva la Virgen!

25
Procesión de la Virgen del Carmen
Procesión de la Virgen del Carmen

En mayo de 2017 el Ayuntamiento de Cádiz concedió la medalla de Oro a la Virgen del Rosario, al cumplirse los 150 años como patrona de la ciudad. Pero recientemente, en marzo de este año, una asociación interpuso una demanda a dicha resolución porque consideraba que no deben rendirse honores a «seres inanimados». Y es que para algunos la Virgen es un ser inanimado, o todo lo más un símbolo; para otros, María murió dos mil años atrás; y para muchos, ella habita lejos, en lo más alto del cielo, en un lugar tan inaccesible que no podemos alcanzar.

Sin embargo, la fe del Pueblo de Dios experimenta y atestigua que María está viva. Ya en el siglo XIX, cuando los marineros formaban en sus naves para vocear el orden de las guardias: «¡uno, dos, tres…!», el último que llegaba a la formación debía cerrar la cuenta gritando: ¡Viva la Virgen! Era una forma de recordar que María está viva, que ella conduce y hacia ella conduce. (Por cierto, que de ahí viene la expresión popular «ser un vivalavirgen», porque el último en acudir a la llamada, el más despistado y torpe, era quien debía lanzar la exclamación).

En Lima tuve ocasión de conocer un nuevo verbo: vivar (vitorear). Fue en un acto en honor a la Virgen del Carmen. El monitor exclamó desde el ambón: «Y ahora, ¡vamos a vivar a la Virgen!: ¡Viva la Virgen del Carmen!» Y el templo tronó: «¡¡Viva!!». ¡María vive! Nos lo tenemos que recordar unos a otros, siempre, con entusiasmo.

La Virgen en el cielo lleva una vida glorificada, distinta, pero no distante de sus hijos. Fijándose en María asunta, comentaba Benedicto XVI: ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno. Cuando estaba en la tierra, solo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está «dentro» de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna (15.8.2015).

¡Qué consuelo! ¡María vive! No olvida la misión maternal que le confió Jesús al pie de la Cruz —Mujer, ahí tienes a tu hijo—. Al contrario: vela por nosotros, atiende nuestras súplicas, intercede, nos protege y alienta, como la más cercana, solícita y discreta de las madres.

Durante la procesión de la Virgen del Carmen, en Puerto de la Cruz (Tenerife), al embarcar la imagen de la patrona, toda la ciudad grita: «¡No pasa nada, la Virgen está embarcada!». Pues María está embarcada en el navegar de nuestras vidas —entre oleajes y tempestades amenazantes— ¿Qué podemos temer? Allí donde la Virgen habita, el diablo no entra en esa casa; donde está la Madre, la perturbación no prevalece, el miedo no vence, asegura el papa Francisco (28.1.2018).

María, como a su prima Isabel, nos visita. Pero no tres meses, sino para no marcharse jamás. Y como un día a Isabel, viene en nuestra ayuda, nos inunda de alegría, nos trae a su Hijo.

Y si María vive, si María nos visita, la conclusión es clara: tenemos que tratarla, contemplarla, amarla, imitarla… No nos privemos de su compañía. Ella no distrae, sino aviva en nosotros la presencia de Jesús. Vivir con María.

Vivir como María. Vivir el estilo de vida de María. Como cantamos en uno de nuestros himnos: ¡Con nuestra Virgen vivir, para con Cristo ser luz, que es la ilusión de nuestra juventud! Recordémonos unos a otros, siempre, con entusiasmo: ¡La Virgen vive! ¡Viva la Virgen!