Solidaridad

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Triste herencia. Joaquín Sorolla, 1899. Colección privada
Triste herencia. Joaquín Sorolla, 1899. Colección privada

He de confesaros que es una palabra que siempre me suscita recelos. La tengo asociada al chalaneo, a llevarla como insignia en la solapa de hombre de mundo y de estar a la última. Son palabras de lucimiento y de escaso compromiso. Y mira que la definición es bonita: «Actitud de quien participa y presta su apoyo a las causas, deberes o responsabilidades de otras personas». Y más aún si recuerdo como sinónimo extremo fraternidad y como antónimo egoísmo.

Ya sé que todo tiene su causa o concausa. Me sucedió hace ya algunos años. Mientras el orador nos conmovía el corazón con imágenes de niños famélicos, ojos de ternura y barrigas hinchadas, la mancebía se atiborraba de pipas y dejaba el suelo más sucio que las bandadas de estorninos. Me dije: ¡qué fácil es sentirse unido con los de Biafra, lo lejano y distante! Esta es la cuestión: la educación actual informa, conmueve; pero no transforma. Algo semejante me ocurre cuando escucho el griterío de unas masas que se han solidarizado contra lo que sea, sin importar ni la justicia, ni la verdad universal o histórica y ¡ay de ti como muestres tu inquietud y suscites alguna elemental reflexión! La solidaridad se alza en juez y verdugo y deja que sobre tu cabeza caiga la guillotina.

Solidaridad es palabra talismán. Y uno con la edad ha aprendido que obras son amores y no halagadora verbalidad que no llega ni por asomo a convertirse en razón. Los gestos solidarios se quedan hoy en formas vacías de voceríos interesados.

Vamos a ver la auténtica solidaridad en el cuadro de Sorolla titulado Triste herencia que pintó en 1899.

Sabéis que, como otros pintores, antes de realizar la obra definitiva, realizan bocetos de pequeñas dimensiones que les permiten mejorar o hallar genialmente la expresión de la idea previa que pretende transmitir. El título muy de la época Triste herencia no expresa ni remotamente la idea central. Hay unos niños lisiados o con minusvalías físicas. Y hay alguien que los lleva al mar, un fraile, con sus hábitos, a pesar del calor.

Primer apunte para Triste herencia. Joaquín Sorolla
Primer apunte para Triste herencia. Joaquín Sorolla

El boceto nos ayuda a entender la genialidad del pintor. En él escribe «primer apunte para Triste herencia». Vean la diferencia:

Al fondo unas velas cruzan en el horizonte, mar encrespado, azul verdoso y en la orilla, dentro del agua, manchas agitadas de color blanco y albero. Sobre la arena, al pie del agua, de espaldas, un fraile con sus hábitos, contempla y vigila, con actitud hierática. Sin duda el hábito nos habla de consagración, nos recuerda la existencia de Dios y muestra un ejemplo de mortificación en esta hora calurosa. Está sin duda implicado, pero no comprometido. Mirad el cuadro definitivo. No hay velas en el horizonte. El mar se ha oscurecido como los hábitos del fraile. Ocre el horizonte y franjas blancas al aire de las olas. Los niños desnudos son cuerpecitos, no manchas despersonalizadoras. Lo sublime: el fraile ayuda al joven lisiado a entrar en el mar. La solidaridad no se puede quedar en compasión. La solidaridad genuina tiene como cimiento la caridad.