Sostenibilidad, Agenda 2030, ¿cómo posicionarse?

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Sostenibilidad
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Por Jesús Segura Zariquiegui, gerente del hotel Ciudad de Burgos y del hotel Gran Bilbao

En estos tiempos que corren se habla muchísimo de sostenibilidad, economía circular y la Agenda 2030. Presente en infinidad de anuncios de grandes empresas, cualquier ayuntamiento, comunidad, institución que se precie pone el logo de la Agenda 2030 en todas partes.

La Agenda 2030 aprobada por la ONU en septiembre de 2015 es la continuidad de los objetivos del milenio aprobados también por la ONU en el año 2000, si bien es cierto que es más ambiciosa y con mayor carga ideológica. Tiene 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) como: Poner fin a la POBREZA, Buena SALUD, TRABAJO decente y crecimiento económico, AGUA limpia y saneamiento, ENERGÍA asequible y sostenible, entre otros.

¿Alguien puede estar en contra? Si hasta el papa Francisco, en su discurso ante la Asamblea General el 25 de septiembre de 2015, describió la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible como «un importante signo de esperanza». «Una esperanza que se realizará si la Agenda se implementa de manera verdadera, justa y efectiva», también nos recuerda el papa.

Pero si vemos quién está detrás, cuando menos es para estar cautelosos: ¿y quiénes son los que están detrás de la Agenda 2030?

  • La alianza mundial de inversionistas para el desarrollo sostenible (Allianz, Bank of America, Citigroup, Banco Santander, Unilever, grandes tecnológicas y así hasta 30 grandes transnacionales).
  • Foro Económico Mundial (conocido como Foro de Davos).
  • Consejo para un capitalismo inclusivo, creada por el papa Francisco (Mastercard, Johnson and Johnson, Visa, familia Rothschild, fundación Rockefeller, fundación Ford, entre otros).
  • BlackRock (principal empresa mundial de gestión de fondos de inversión, con unos activos valorados en 10 billones de dólares; el producto interior bruto de España es de 1,5 billones para que nos hagamos una idea de su magnitud).

También el presidente Xi Jinping del gobierno comunista de China se ha sumado con entusiasmo a esta ola de sostenibilidad. Curioso cuando menos, capitalistas y comunistas de la mano.

Las Naciones Unidas han creado el Foro Político de Alto Nivel sobre el Desarrollo Sostenible, es la principal plataforma para el seguimiento y el análisis de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para cumplir los objetivos calculan que se necesitarán entre 5/7 billones de dólares anuales, los cuales son vistos sin ningún disimulo por BlackRock y compañía como una gran oportunidad de negocio.

Lo cierto es que nos encontramos con una nueva soberanía global emergente alrededor de organizaciones supranacionales (ONU, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) y grandes corporaciones financieras y tecnológicas.

Es preciso recordar que estas organizaciones no tienen ningún tipo de legitimidad democrática.

¿De verdad nos creemos que la intención de todos los arriba señalados es no dejar a nadie detrás, que no haya excluidos? ¿O más bien se trata de monitorizar un nuevo orden mundial, donde las organizaciones y transnacionales que lideran la Agenda 2030 aumenten sus beneficios y poder?

Y ante esta realidad, ¿cómo nos tenemos que posicionar los empresarios cristianos?

Pues como en todos los órdenes de la vida, volviendo a la fuente, que es Jesús y la palabra, sin olvidarnos de la doctrina social de la Iglesia.

La sostenibilidad tiene tres dimensiones: energética, social y económica.

Ya en Gén 2,15 nos recuerda la Biblia: «Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara». Cultura, cultivo, cuidado, tienen la misma raíz, que es la misma que culto. Así que el cuidado de la tierra tiene mucho de sagrado. Llevado al terreno de la empresa, tenemos el deber de reducir, reciclar, reutilizar y reparar lo más que podamos. Desde comprar productos de cercanía, reducir la cantidad de papel que utilizamos, la gestión adecuada del plástico…, hay muchas acciones que podemos realizar.

Más propias del empresario son la dimensión social y económica.

Como cristianos y empresarios se nos han regalado unos talentos concretos, Mt 25,14-30 y los tenemos que poner al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los descartados. Tenemos que atrevernos a contratar a emigrantes, gente que ha pasado por la cárcel, etc. Apostar por el trabajo fijo y directo; todos tenemos derecho a unas mínimas seguridades para desarrollar nuestros proyectos de vida. Tenemos que facilitar y animar a que nuestros empleados tengan hijos, propiciando la famosa conciliación familiar. No olvidemos que el concepto de proletario viene de prole, tener una familia, hijos, lo cual te da un motivo por el que luchar.

En la dimensión económica tenemos que apostar por la economía real, no por la financiera o especulativa, huir de los derivados financieros, de los contratos de futuro y toda esa morralla que hizo que explotara la crisis de 2008. En la medida de lo posible no invertir ni en fondos de inversión ni en bolsa, que tienen que ver más con un casino que con la economía real. Invertir en aquello que promueva el bien común, que crea puestos de trabajo, que cubra necesidades reales de las personas. Invertir con seguridad; hay mucha responsabilidad con todas las personas que directamente o indirectamente trabajan con nosotros.

El primer objetivo de la empresa es sobrevivir. Una vez alcanzado este, podemos hablar del siguiente objetivo que es tener beneficios, pero como nos recuerda el papa Francisco en Laudato si’: «El principio de maximización de la ganancia, que tiende a aislarse de toda otra consideración, es una distorsión conceptual de la economía». No todo vale a la hora de obtener beneficios.

Y para terminar me gustaría recordar a Benedicto XVI, en Caritas in veritate: «El desarrollo humano no es solo una cuestión económica o que concierne solo a los expertos, sino, en primer lugar, una vocación, una llamada que requiere una respuesta libre y responsable». Y yo añadiría comunitaria. Es deber de todos dar respuesta a los desafíos que se nos plantean en los temas de desarrollo, sostenibilidad económica y social. En esto los empresarios tenemos mucho que aportar, no dejemos solo en manos de expertos, de fondos de inversión, de autoridades (muchas veces desconectadas de la realidad) las decisiones que tienen tantísimas repercusiones en la humanidad.

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