Suscitando interrogantes

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P. Tomás Morales SJ
Estos son los «amigos fuertes de Dios», los
evangelizadores con que soñaba Pablo VI. «Supongamos un cristiano o un grupo de
cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiesta su
capacidad de comprensión y de aceptación, su comunidad de vida y de destino con
los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y
bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los
valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que
no se ve ni se osaría soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos
hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por
qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?
¿Por qué están con nosotros?» (Evangelii nuntiandi).
Este interrogante se abre en cuanto veo un auténtico
cristiano a mi lado. Un Director General, Consejero Delegado de un Banco, me
decía refiriéndose a otro Consejero: «Cuando le veo y habla en nuestras
reuniones, despierta en mí una fe adormecida. Me impresiona más lo que dice o
hace que todos los sermones de los sacerdotes».
El jefe de una empresa me confesaba a sus cuarenta años:
«La fe de mi niñez desapareció muy pronto, pero hace dos años vino a trabajar
conmigo un joven de veintiuno. Es el mejor empleado que tengo, el más
entregado, el más servicial de todos. Me pregunté: ¿por qué será así? Cuando me
enteré que encontraba fuerza y alegría en la oración y en los sacramentos,
recuperé la fe perdida que hacía muchos años añoraba».
Un bautizado así despierta siempre inquietudes. Su vida
abre interrogantes, interpela a todos, plantea preguntas. Sigue la consigna de
San Pablo. Sin casi hablar «predica la palabra, insta a tiempo y a destiempo,
reprende, exhorta, increpa con toda longanimidad no cesando en la enseñanza»
(cf. 2 Tim 4,2). Es una «proclamación silenciosa, pero muy clara y eficaz, de
la Buena Nueva» que plantea «las primeras preguntas a muchos no cristianos,
bien se trate de personas a las que Cristo no había sido nunca anunciado, de
bautizados no practicantes (…) bien se trate de gentes que buscan, no sin
sufrimiento, algo o Alguien que ellos adivinan, pero sin poder darle un nombre.
Surgirán otros interrogantes más profundos y más comprometedores, provocados
por este testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es
un elemento esencial, en general, el primero absolutamente en la
evangelización. Todos los cristianos están llamados a este testimonio y, en este
sentido, pueden ser verdaderos evangelizadores» (idem).
Un testimonio evangelizador que el bautizado consecuente
sabe dar sin que su mano izquierda sepa lo que da la derecha.
(Hora de los Laicos)