Una peregrinación con emoción y espíritu. La JMJ 2019 en Panamá

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En la bahía de Chimbote
En la bahía de Chimbote

Por José María Bellido

Aunque todos los caminos llegan a Roma y donde acude el obispo de Roma, nuestra forma de llegar a Panamá ha sido muy diversa; once militantes peruanos viajamos desde Lima y Arequipa, ocho de ellos lo hicimos por carretera. Nuestra peregrinación por las ciudades de la costa de Perú, de Ecuador y de Colombia, ha sido muy enriquecedora en todos los sentidos: humanos y espirituales, palpando a cada instante la mano providente del Señor:

1. En Chimbote nos acogió un sacerdote español, que está al cargo del seminario diocesano, el padre Jaume Benaloy. También nos acogió una parroquia de Nuevo Chimbote, cuyo sacerdote, que estaba de viaje, nos dejó un donativo para la peregrinación.

2. En Trujillo fue en un colegio claretiano donde nos alojamos. El plan que llevábamos era difundir un librito dando a conocer el Rosario en las iglesias después de misa. Un momento emocionante sucedió a la salida de la misa, cuando un señor se nos acercó muy triste encomendándonos que, cuando estuviésemos con el Papa, rezásemos por él y por su esposa que estaban pasando por una crisis. Anotamos su nombre, nos dio un donativo y, desde ese momento, lo tuvimos presente, especialmente, en nuestras oraciones.

3. En Chiclayo nos acogieron en el colegio «Algarrobos» del Opus Dei. En medio de las dificultades que vivimos en Chiclayo, tuvimos la gracia de poder conocer al padre Edwin, minusválido, no podía caminar y andaba en su silla de ruedas (le asaltaron para robarle y le dispararon en la columna). Lo sorprendente de este hombre es el espíritu que trasmite a pesar de su condición física. Dato curioso es que también manejaba su automóvil, adaptado para él. De esa manera nos motivó a no desanimarnos y a pensar en las bendiciones que el Señor nos regala.

4. En Piura estuvimos con una comunidad de seminaristas, al cargo de unos sacerdotes, uno de ellos había estado trabajando en la parroquia de Uchumayo, de Arequipa. También conocimos a un sacerdote salesiano que nos acogió muy bien. Nos dejó difundir el libro del Rosario en su parroquia. Motivaba a los fieles para que nos apoyaran económicamente. Nos invitó a cenar y nos dio un donativo. Era un líder entre los jóvenes. Es un buen discípulo de don Bosco por su acercamiento con los jóvenes.

5. En Tumbes fuimos acogidos por unos jóvenes de Pastoral Universitaria, en una parroquia. Nos llevó a la parroquia del Señor de los Milagros. Fuimos con ellos a la catedral de Tumbes para difundir nuestro libro. Tuvimos una reunión muy interesante con todos ellos y con el coro de la parroquia que nos acogió.

6. En Guayaquil (Ecuador) nos acogieron los Siervos del Hogar de la Madre, obra fundada por el padre Rafael Alonso, tan amigo de nuestro Movimiento por comenzar y crecer en él su vocación y misión. Por esta razón, nos pareció estar como en casa, en uno de nuestros hogares, por lo bien que nos acogieron. En la ciudad de Guayaquil conocimos a un sacerdote que iba casa por casa a pedir alimento o ayuda para 150 personas; entre ellos, pobres niños y personas con dependencia. Al final de la misa nos invitó a comer y fue él también quien nos ayudó a conseguir el lugar de acogida en Quito. Sorprende que haya personas que dedican su vida para servir a Dios y ayudar a otros. Les importa más las personas que tienen necesidades, que ellos mismos. ¡Admirables!

7. En Quito fueron los agustinos los que nos hospedaron gratuitamente. Fue el mejor lugar, ya que era como una casa de retiro en el centro de la ciudad. Sus atenciones nos recordaban la frase del papa Francisco: la fe es mirar a Jesús, pero sobre todo mirar con los ojos de Jesús.

8. Y en Cali (Colombia) nos consiguió el alojamiento la hermana de Iván Landa, en una casa de jóvenes misioneros. No podemos dejar de mencionar su exquisita comida que nos hizo sentir estar de nuevo en la patria peruana.

De Cali tomamos el avión a Panamá, y llegamos el primer día de la JMJ En el aeropuerto, nos esperaban tres militantes: Eder Falcón, Eduardo Rojas y Roberto, que llevaban tres días en Panamá.

9. En Panamá. Lo positivo fue vivir esa cultura del encuentro que, con frecuencia, nos mencionaba el Papa, y que nosotros experimentamos en la buena acogida de parte de la familia de la señora Mayra y su esposo, el señor Salvador. Los detalles que tuvieron fueron tan señalados que a uno de nosotros no se le ocurrió otro modo de corresponder que regalarle la guitarra, que llevamos en la peregrinación, a su pequeño niño llamado Ian.

Ahora tendríamos que contarles los deliciosos momentos de nuestro encuentro con el papa Francisco, sus provocadores mensajes de ser jóvenes de ahora, influencers al estilo de María, protagonistas en el Hágase y el Estar, las celebraciones, los momentos de oración, nuestras reuniones. ¡Qué alegría ver a tantos jóvenes peregrinos clamar juntos a una sola voz, como nuestra madre la Virgen María: «He aquí la sierva del Señor, ¡hágase en mi según tu Palabra». ¡Con qué ganas cantamos en un bus nuestro himno Es ilusión!

10. Se nota, se siente, el Papa está presente.

Y hasta que por fin llegó el día esperado, miércoles 23.01.19, llegada del Papa a Panamá. Todos los panameños —y los no panameños— pendientes de la llegada del santo padre. Todo Panamá paralizado por el Papa. Conforme se acercaba el papamóvil, grandes y chicos subíamos la voz al unísono con las arengas: «Esta es la juventud del Papa». Fue un momento especial cuando pasó por nuestro lado. Solo atiné a gritarle: «¡Francisco, Francisco!», mientras recibía su bendición, al tiempo que me embargaba la emoción. Es algo difícil de narrar con palabras. Es un momento en el que desaparecen las resistencias internas, para dar paso a un embalse de alegría, al punto que no hay diferencias con el que está a tu lado. Después de su paso, solo nos quedaron lágrimas de felicidad y agradecimiento por su vida. Recuerdo que un señor que estaba a mi lado me preguntó con una enorme sonrisa y con lágrimas en los ojos: «¿lo viste?», luego me abrazó y al momento se puso a gritar como un niño a viva voz que había visto al Papa: «¡yeeehh, yuhu…!». Su esposa le dijo que estaba loco y que por qué gritaba tanto, a lo que le respondió: «¡es que estoy feliz, le he visto su carita cuando pasaba!» ¡Éramos los hombres más felices del mundo en ese momento!

Y, como remate, los cuatro días de ejercicios espirituales con el P. José Ángel en Lima, con la misa y reunión final en el Hogar. No me queda más que agradecer compartiéndoles las motivadoras palabras del arzobispo de Panamá, Mons. José Domingo Ulloa: «Sí, somos peregrinos, somos buscadores de Dios, y hemos venido al encuentro vivo y cercano con el Señor, unidos de todo el mundo que sumaremos la riqueza de culturas, tradiciones y experiencias para celebrar la gloria de Dios».