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XXV Aniversario del Instituto Secular Cruzados de Santa
María
El domingo 10 de febrero tuvo lugar en Madrid un
encuentro celebrativo de un acontecimiento providencial, del que ya informamos
a nuestros lectores en el número anterior de ESTAR: la aprobación canónica de
los Cruzados de Santa María como Instituto Secular, y de sus Constituciones.
Damos cuenta aquí, a modo de crónica y reflexión, de lo
acontecido en este encuentro familiar para agradecer a Dios y a la Iglesia su
predilección, su exigente y magnífico llamamiento a la santidad y a la
evangelización a través del carisma del siervo de Dios padre Tomás Morales SJ y
en el del instituto secular masculino por él fundado, los Cruzados de Santa
María.
Miembros del instituto, jóvenes componentes de la Milicia
de Santa María, colaboradores de los Cruzados, amigos y simpatizantes de Madrid
y de toda España hicieron familia en torno al Comisario Pontificio, Mons.
Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, y del director general del
instituto, Fernando Martín Herráez. También asistieron Mons. Fabio Duque
Jaramillo, obispo de Armenia, Colombia, y el P. Elías Royón SJ, Presidente de
la Confederación de Religiosos de España (CONFER).
Tras una evocación histórica acerca de este primer cuarto
de siglo de los Cruzados como Instituto Secular, en la que las figuras del P.
Tomás Morales y Abelardo de Armas fueron recordadas de manera sobresaliente, tuvo
lugar una emocionante mesa redonda. Formaban parte de ella Mons. Melchor Sánchez
de Toca, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura, Juan Antonio
Gómez Trinidad, catedrático de filosofía y exdiputado, María José San Telesforo,
madre de familia y psicóloga, y Pablo Sanz, estudiante de INEF y militante de Santa
María. La Moderación corrió a cargo de Bienvenido Gazapo Andrade, profesor de
la Universidad Europea de Madrid.
UN CARISMA Y UNA VOCACIÓN QUE MIRAN A LA SANTIDAD
“Vuestra vocación es la estar en el mundo asumiendo todas
las cargas y los anhelos con una mirada humana que coincida cada vez más con la
divina, de la que brota un compromiso original y peculiar fundado sobre la
certeza de que Dios escribe su designio de salvación en el entramado mismo de
los acontecimientos. La relación entre la Iglesia y el mundo el mundo ha de ser
vivida con el signo de la reciprocidad, ya que no es sólo la Iglesia la que se
da al mundo, contribuyendo a hacer más humana la familia de los hombres y su
historia, sino que también es el mundo el que se da a la Iglesia de manera que
ella pueda comprenderse mejor a sí misma y vivir mejor su misión.” (Benedicto
XVI)
Con esta palabras daba comienzo Bienvenido Gazapo al intenso
y emocionante coloquio: “Esto -añadió- es lo que los Cruzados de Santa María venimos
intentando con la Gracia de Dios desde hace más de 25 años: no huir del mundo
sino cristianarlo desde dentro. Y este es el objeto de esta tertulia.”
Los miembros de la Mesa y también los asistentes
“encarnan una convicción y tres amores. Una convicción, heredada del P.
Morales: La nueva evangelización pasa por la movilización del laicado. Por ello
nos sentimos muy cerca del corazón de Benedicto XVI. Tres facetas de mismo
amor: a la Iglesia, guiada por nuestros pastores, a los jóvenes, esperanza de
la Iglesia, y a la familia, fundamento de la persona y de la sociedad.”
Tras comentar cómo conocieron a los Cruzados de Santa
María y qué les llamó la atención del Instituto, los componentes de la Mesa se refirieron
a su carisma, que caracterizaron como la búsqueda de una santidad laical, educadora,
familiar y apostólica: una experiencia radical de fe, de encuentro en lo cotidiano
con Dios, y plenitud de una vida “oculta con Cristo en Dios”. Insistieron en la
necesidad de despertar en los jóvenes el deseo de buscar grandes ideales y de humanizar
una naturaleza herida, así como de cultivar el apostolado de la amistad, “alma a
alma”.
Con relación al Instituto, animaron a los Cruzados a
“volver al amor primero, a echar las redes a pesar del cansancio” cuando
lleguen los embates o las dudas; les pidieron paciencia y dedicación incansable
y personal a los jóvenes, cuidar a las familias ayudándolas crecer en su
vocación, y que afirmen su condición y vocación de laicos en todos los campos
del mundo, dando testimonio de fe con valentía allí donde Dios es ignorado o
combatido.
FERNANDO MARTÍN: “UN GOZO Y UNA RESPONSABILIDAD”
A continuación tomó la palabra el director general, Fernando
Martín Herráez, quien, evocando unas palabras del P. Morales a propósito de la
aprobación del Instituto, hizo suyo el sentimiento de gozo por la aprobación al
tiempo que recordó la responsabilidad que lo acompañaba: vivir con fidelidad creativa
“aquello que la Iglesia aprobó y que con el paso del tiempo hemos ido comprendiendo
con mayor profundidad”.
Se trata de una vocación maravillosa y a la vez difícil de
entender: “seguir a Cristo en su camino de Encarnación, seguir al Cristo oculto
de Nazaret, que sólo dedicó unos pocos años a la vida pública y la mayor parte de
su tiempo lo pasó en vida oculta“. Es, añadió, la “vocación del fermento que
desaparece en la masa” y cuyo “ocultamiento es la clave de su eficacia”.
Remarcó que la Iglesia, al aprobar como Instituto Secular
a los Cruzados los quiso “laicos o sacerdotes en medio del mundo, viviendo su
consagración total a Dios en medio de él, animando e impulsando la vida
apostólica laical… animadores de una santidad laical que tiene que irradiar por
todo el mundo”.
Hizo suyas también unas palabras del padre Morales: “La
Virgen quiere desencadenar una catarata de santidad en la Cruzada, en la Iglesia,
en el mundo… Una santidad sencilla y oculta sin acciones brillantes, sin
apostolados espectaculares. Una santidad alegre y atrayente que multiplique
pequeños detalles, robe el corazón de muchos sin salir de la profesión, vivida
cada día con mayor competencia. Una santidad discreta y abnegada que prefiere,
a las actuaciones masivas, el apostolado alma a alma imitando la vida de Nazaret.
La Virgen no quiere en su Cruzada santos malogrados, es
decir, personas excelentes, fervorosas, apostólicas, pero que no sean
sencillamente santas. Quiere hombres olvidados de sí en los que Dios trabaje a
su gusto”. Este, añadió Fernando Martín, era el sueño de nuestro fundador hace 25
años. Esto es lo que hemos tratado de vivir su hijos en estos años… con la
fuerza de la gracia pero también conscientes de la fragilidad de toda obra humana.”
La santidad en la fidelidad a este carisma es el futuro
que afrontamos, viviendo como contemplativos enamorados de Dios en medio de las
estructuras del mundo, viviendo la sana tensión entre la fidelidad al carisma y
la responsabilidad del discernimiento de los signos de los tiempos.
Asumimos como parte fundamental de nuestro carisma el reto
de la nueva evangelización especialmente entre los jóvenes y las familias, de
modo prioritario a través de la Milicia de Santa María y de “esa realidad tan
amplia y entrañable” que son los Colaboradores.
MONS. CERRO CHAVES: TRES AMORES, TRES FACETAS DE UN MISMO
AMOR
En la homilía de la Eucaristía conclusiva, que presidió el
Obispo de Coria- Cáceres, y Comisario Pontificio de los Cruzados de Santa
María, Mons. Francisco Cerro Chaves, junto a Mons. Fabio Duque y diez
celebrantes más, entre ellos varios sacerdotes cruzados, manifestó su profundo
aprecio por el Instituto y su labor en la Iglesia, y expresó su gratitud por el
lugar que la Iglesia le ha otorgado en su seno.
Evocando vivencias personales, reconoció haber encontrado
y recibido junto a los Cruzados y la Milicia de Santa María “tres amores, tres
manifestaciones de un mismo amor: a Jesucristo, a María y la Iglesia”. Rememoró
de modo sobresaliente las figuras del Padre Morales y de Abelardo de Armas,
cofundador del Instituto, y animó a todos los presentes a perseverar en esa corriente
de amor que ha de traducirse en frutos de apostolado y de santidad laical, y
que no dudó en describir como un tesoro para la Iglesia y para el mundo.