A cualquier cosa le llamamos «En marcha»

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Trabajadores hacia su casa. Edward Munch
Trabajadores hacia su casa. Edward Munch

Laicos en marcha, en el año de la más andariega de nuestras santas, me ha inspirado un rompecabezas de tres piezas o jeroglífico. La primera es un fragmento del poema de Mío Cid. Ojo: obligados a leerlo simbólicamente. Nuestras espadas y nuestros sudorosos caballos han de ser de otro material. Me lo ha inspirado el dicho de Teresa de Jesús: tener “ánimos animosos” y su sentencia: “Porque vida es vivir de manera que no se tema la muerte ni todos los sucesos de la vida”. Aquí encaja el Cantar. Terminada la batalla contra Yusuf, a las puertas de Valencia, se dirige El Campeador hacia sus hijas y hacia su esposa Doña Jimena y, sin descabalgar todavía, les comenta:

“Ante vos me humillo, damas, gran honor os he ganado, vos me guardabais Valencia y yo vencía en el campo. Esto Dios lo quiso así, y con Él todos sus santos, cuando por venir vosotras tal ganancia nos han dado. Ved esta espada sangrienta, ved sudoroso el caballo, es así como se vence a los moros en el campo”(V. 1748-1754).

Claro; ánimos animosos que emplean los medios sin desfallecer.

Segunda Pieza. Volvamos a santa Teresa y su solo Dios basta (Libro de las Fundaciones, cap. 27,11). Sin comentarios.

“Plega a Su Majestad que nos dé abundantemente su gracia, / que con esto no habrá cosa que nos ataje los pasos para ir siempre adelante en su servicio, y que a todas nos ampare y favorezca para / que no se pierda por nuestra flaqueza un tan gran principio como ha / sido servido que comience en unas mujeres tan miserables como / nosotras. En su nombre os pido, hermanas e hijas mías, que / siempre lo pidáis a nuestro Señor, y que cada una haga cuenta de / las que vinieren que en ella torna a comenzar esta primera Regla / de la Orden de la Virgen nuestra Señora, y en ninguna manera se / consienta en nada relajación. Mirad que de muy pocas cosas se / abre puerta para muy grandes, y que sin sentirlo se os irá entrando / el mundo. Acordaos con la pobreza y trabajo que se ha hecho lo / que vosotras gozáis con descanso; y si bien lo advertís, veréis que / estas casas en parte no las han fundado hombres las más de ellas, / sino la mano poderosa de Dios, y que es muy amigo Su Majestad / de llevar adelante las obras que Él hace, si no queda por nosotras”.

La tercera pieza es una obra de Edward Munch. Los expresionistas nunca son gratos a la vista. Su belleza se sustenta en lo que nos pretenden decir. He aquí un grupo de trabajadores en marcha. Por la amargura de sus caras sombrías y de sus gestos y atuendos, parece una huida. Caminan rápidos. El título nos aclara hacia dónde van:·“Trabajadores hacia su casa”, su refugio. Cosas de nuestro tiempo. No ir, sino huir. El tiempo mayor, perdido. No es nuestro modelo. Una pista de Santa Teresita de Lixieux: “Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva” (Historia de un alma).

Otro verso memorable del Poema de Mío Cid: “¡Lengua sin manos! ¿cuémo osas fablar?”

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