Abelardo, evangelizar el corazón

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Santiago de Aravalle 2017
Santiago de Aravalle 2017

Por Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo

La persona de Abelardo ha sido y es una referencia y un asombro del amor de Dios.

Referencia para generaciones de jóvenes que han encontrado en él a un padre y un maestro que evangeliza con el corazón. Un asombro porque, los que lo hemos escuchado y visto tantas veces, descubrimos que hoy es un icono vivo de lo que predicaba. ¿Quién no ve reflejado hoy en su vida «subir bajando y bajar subiendo»? ¿Acaso el atardecer de su vida no está siendo un «hacerse como niño» para vivir «como un niño en brazos de su madre»?

Tuve la gracia inmensa de hacer unas cuantas tandas de ejercicios espirituales y retiros con él, en Villagarcía de Campos, para militantes, y asistí a muchos retiros y charlas que siempre llevaban su sello personal de profundidad y sencillez.

A mí personalmente me han marcado y su ayuda ha sido inmensa a través de la Cruzada y Milicia de Santa María.

En resumen, tres claves marcaron su vida y lo transmitió como un verdadero místico de lo sencillo y concreto. Místico porque todo lo que transmitía era «pura experiencia de Dios» y concreto porque lo vivía en la sencillez del momento presente y desde la calle.

1. Su pasión por la humanidad de Jesús de Nazaret

Vivía y transmitía lo que san Ignacio de Loyola en sus Ejercicios espirituales habla de «composición de lugar», de meterse en la escena. A los jóvenes los introdujo en una profunda y concreta relación con Jesús. Un Jesús vivo, de corazón abierto que podía llenar las fibras más íntimas del corazón humano.

Abelardo conducía a la gente a la intimidad con Dios de una manera tan profunda y real que muchos se planteaban el seguimiento de Cristo, porque el amor que presentaba era totalmente aquello que decía santa Teresa de Jesús: «La vocación se inicia siempre cuando alguien se siente tan amado por Dios que solo puede responder al amor con la entrega total de la vida». Esto lo predicaba Abelardo en su vida, palabras y escritos.

2. Fidelidad a la Iglesia que nos ha tocado vivir

Abelardo fue fiel a la Iglesia que le tocaba vivir. Fue fiel al papa y a los obispos, desde la Cruzada y la Milicia de Santa María desde donde ejercía su inmensa labor. Su comunión total con el P. Morales lo llevó a vivir la fecundidad de la fidelidad al magisterio de la Iglesia. Él no hacía problema entre la «Iglesia carismática» y la «Iglesia institución». A ambas amaba y hacía suyas. Y entregó su vida a lo concreto y sencillo. No se instaló ni en la queja y, mucho menos, en soñar con la idea de la iglesia que todos tratamos de crear, nuestra propia iglesia, el problema es que, al ser la nuestra, nos aleja de la que fundó Cristo que es la que salva.

3. Evangelizar las periferias de los jóvenes

Estaba convencido de que a los jóvenes les tocan todos los peligros y pobrezas que vive la humanidad: a veces sin futuro, en paro, soledades, conflictos, amenazados por tantas enfermedades (sida, enfermedades psíquicas, accidentes, suicidios…).

Se dedicó por completo a una pastoral juvenil que potenciaba lo esencial y que también utilizaba los recursos de creatividad que él usaba con una maestría genial. Sintonizó con los jóvenes porque mostraba el corazón, como decía san Juan Bosco: «Me basta que sean jóvenes para amarlos».

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