Agua viva

«Como yo os he amado» (Jn 15,12)

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El amor de la Virgen Madre
El amor de la Virgen Madre

Texto manuscrito de Abelardo, sobre una hoja cuadriculada tamaño cuartilla arrancada de un cuaderno de espiral. Por detrás figuran los apuntes que hizo de una charla de Fernando Martín titulada «Cuerpo y alma». Lleva el encabezamiento «Salamanca, Semana Santa 1999».

Probablemente se trata de un texto inédito. No figura entre los «Agua viva» publicados en el libro del mismo nombre, y tampoco entre los agua viva publicados en los números de la revista Estar que van de octubre de 1998 a febrero de 2000.


Quizá ya haya expresado en otras ocasiones que mi interpretación del primer mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios» es dejarse amar.

Se cuenta de san Francisco de Sales que, siendo niño, se puso un día a dar palmadas y saltos de gozo diciendo: «¡Qué contento estoy! ¡Dios y mi Madre me aman mucho!».

Este es el clamor espontáneo del alma, cuando la influencia de una gracia especial la hace sentir hasta qué punto es amada no solo por Jesús, sino también por su Madre del cielo.

Y es que por muy grande que sea el amor de nuestras madres, es impotente para satisfacer nuestros deseos de felicidad. Pero el amor de la Virgen Madre sí nos puede obtener las gracias para alcanzar un verdadero bien, así en este mundo como en la eternidad.

En Caná, la petición de la Virgen María a su Hijo: «no tienen vino», alcanzó el primer milagro de Jesús. Y el fruto que además consiguió fue aumentar la fe de los apóstoles.

Pero nosotros dudamos, bien creyéndonos indignos de obtener nuestra petición, o quizá por dudar que se nos pueda conceder. Y si desconfío de Dios, acabo desconfiando de todo.

Es, pues, una deficiencia espiritual que debemos remediar, luchando contra nuestro parecer, y fiándonos plenamente en el amor de Madre que nos tiene la Virgen Santa María. Vayamos, pues, a Ella confiando plenamente.

San Pablo dijo de sus discípulos: «Hijitos míos por los que siento dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros» (Gál 4,19). Formar en nosotros a Jesús, hasta la plenitud, es el deseo más intenso de la Virgen santa María.

¿Habrá alguien, por pequeña alma que se sienta, que no se atreva a entregarse a esta Madre santísima y se abandone en Ella dejándola realizar la gran obra de obtener una gracia, que sin duda será santificante y nos despegará de atractivos terrenales? (A continuación figura tachado el acrónimo con que firmaba Abelardo: A & A. Y después, en el siguiente renglón, y con bolígrafo de otro tono azul continúa).

Las ideas no se entienden hasta que no se viven. Pruebe el lector a abandonarse en Santa María, Virgen y Madre. La respuesta le llevará a seguir en adelante por este camino, que lleva al Corazón de Jesús y por Él al Padre Eterno.

A & A

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