Boga mar adentro

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La pesca milagrosa
La pesca milagrosa. Rafael (1515). Victoria and Albert Museum de Londres.

Comenzamos un nuevo curso y la voz de Cristo, reavivada por el papa Francisco en la JMJ de Lisboa, nos marca un programa personal y como Movimiento:

¡Boga mar adentro…! (Lc 5,4). Es una llamada “3D”, una evocación en tres direcciones: a dirigir nuestras vidas más lejos, más alto y más adentro. A las dos expresiones de saludo de los peregrinos que se encaminan a Santiago: ¡Ultreia! ¡Suseia! (¡más lejos! ¡más alto!), se añade ahora ¡Intreia!, ¡más adentro! Más adentro: una llamada a rasgar, por la vida de fe, las apariencias de cosas, personas y acontecimientos, para descubrir en todos, en todo, y siempre, la realidad de un Dios Padre providente, que gobierna el mundo sirviéndose de sus criaturas.

La llamada del Señor nos orienta a dirigir la mirada más allá, superando las rutinas de cada día; más arriba, contemplando en lo que hacemos horizontes de eternidad; y más adentro, descubriéndole no solo fuera, sino también dentro de nosotros, por el amor. Como dice el Señor: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él» (Jn 14,23). Así se cumple en nosotros lo que pregona san Pablo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20).

En esta mirada “3D” Santa María de la Visitación es nuestro modelo. Después de la Anunciación, dirigió su mirada más lejos —y se puso en camino para visitar a Isabel—, más alto —y fue aprisa a la montaña— y más adentro —caminaba habitada por el «hijo del Altísimo» que se desarrollaba en su seno.

¡Boga mar adentro! Es una llamada que se traduce, al ponerla en práctica, en una acción más cerca, más abajo, más afuera. Hemos de dirigir la vista lejos, pero la acción cerca, cuidando los pequeños detalles de cada momento; la mirada alta, pero en un subir bajando en cumbres de humildad; y la contemplación dentro, pero atenta siempre a las necesidades de los demás, como María en Caná.

¡Boga mar adentro! El Señor llama a Pedro, aun sabiendo que está cansado tras faenar toda la noche, y desanimado, por no haber pescado nada. Pero Pedro miró a los ojos de aquel nazareno y descubrió que esa mirada “3D” sobre él, que le taladraba hasta lo hondo de su corazón y le orientaba más lejos y más alto. Y en su nombre, dirigió la barca mar adentro y echó las redes para la pesca.

En este comienzo de curso también el Señor dirige su mirada sobre nosotros y nos llama. Conoce nuestros cansancios y nuestros desánimos, pero nos mira persuasivo, con su mirada “3D”, y nos desarma. Tanto, que no nos queda otra que responderle como Pedro: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Jesús no nos pide hoy cambiar de barca ni de redes, ni esperar para cuando estemos más descansados y animados. Pero sí nos intima a que le embarquemos en nuestra aventura, a secundar su palabra y a confiar en Él: ¡boga mar adentro! El fruto será maravilloso.

Dejémonos sorprender por el Señor en este comienzo de curso. Mirémosle a los ojos y descubramos en ellos el más, más y más que nos pide hoy. Para que también nosotros transformemos nuestro mirar en su mirar, y pregonemos bien alto a cuantos caminan con nosotros: ¡Boga más lejos, más alto… y más adentro!

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