Cantar como Abelardo

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Abelardo en el circo de Gredos, 1985
Abelardo en el circo de Gredos, 1985

Dime qué cantas y te diré quién eres

¡Qué oportuna la edición del cancionero de Abelardo, —que acompaña a este número de Estar—, al cumplirse el primer aniversario de su partida al cielo! Abelardo abría su alma en sus canciones: se nos revelaba en ellas montañero de Gredos, heraldo de María, barquilla vieja, manos de Dios, educador y apóstol de los jóvenes…

El cancionero nos acerca las letras y los acordes de las canciones de Abelardo, para que también nosotros las entonemos y, al corearlas, nuestra voz y nuestros oídos queden contagiados por los mismos amores que impulsaron a cantar a Abelardo. Las composiciones de Abelardo permanecerán vivas si cada uno de nosotros seguimos cantándolas, con nuestras voces y nuestros acentos particulares, pero sobre todo si seguimos encarnando —o al menos no cansándonos de intentarlo— cuanto pregonan sus letras.

Dime cómo cantas y te diré cómo eres

Abelardo cantaba con todo su ser: en cuerpo, voz y alma. Gredos, los salones de actos y las estancias de tantas casas son testigos de la fuerza de su canto y de la cadencia de sus mensajes.

Cantar con toda la vida y hacer de nuestra vida canción, como Abelardo: esa es la vocación que hemos recibido. Es llevar las canciones del alma a un mundo triste, sordo y mudo de amores. Allí donde una vida se hace canto —libre, intenso, valiente—, ese ambiente se hace más amable, abierto y acogedor de la gracia.

Abelardo nos enseña a ser como las aguas, que bajan cantando de la montaña, vivificando todo a su paso. Así fue su vida: un río de vida en constante descenso —como leeremos en el magnífico artículo de En portada—. Ese es precisamente el reto que nos propone Abelardo: Nuestra vida ha de ser como las aguas: el agua en las nubes no puede regar ni se puede beber. Si asciende en las cumbres de las montañas, precipita, y comienza su viaje por los arroyos hasta llegar al valle. Y hacer esto cantando.

Dime con quién cantas y te diré con quién eres

Abelardo compuso muchas de sus canciones para ser cantadas a coro, y adquieren su plena dimensión cuando las cantamos todos a una. Un Movimiento es como un musical: una sinfonía de voces y corazones que corean una misma canción. El mundo necesita hoy «familias de acogida», donde tantos huérfanos experimenten la sintonía que prepara oídos y voces para reconocer y responder al canto del divino Maestro.

Dime para quién cantas y te diré para quién eres

Abelardo era todo de María. De tanto mirarla se hizo cantor, como la montañera de Nazaret, cuya vida se hizo canción entonando el Magníficat. Y así, de tanto escuchar a la Virgen de Gredos, se hizo —a imitación de Ella— hijo del Padre, manos de Cristo y relicario vivo del Espíritu de Amor.

Cantar las canciones de Abelardo es cantar como Abelardo, rezar como Abelardo, dejarse transformar en el Corazón de la Madre, como Abelardo. Dime qué, cómo, con quién y para quién cantas, y te diré… que, si lo haces como canta Abelardo, ya no serás tú quien eres sino tu vida en Cristo convertirá.

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