Dejan de crecer

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Dejan de crecer. Ilustración: Juan Francisco Miral
Dejan de crecer. Ilustración: Juan Francisco Miral

Lo que hace falta es tratar de someter a las circunstancias, no someterse a ellas.

—Quinto Horacio—

En una feria agrícola-ganadera autonómica, una cooperativa de agricultores exhibía unas calabazas, de distintos tamaños, con forma de recipientes: cuadradas, redondas, alargadas, etc. Me acerqué curioso y pregunté a una de las personas que atendían el estand:

—Perdone, me puede la curiosidad. ¿Cómo consiguen tanta variedad de formas?

—Sencillo —me contestó—, cuando la calabaza es muy pequeña, la metemos en una botella con la forma que queremos y, cuando crece, adquiere la forma de la botella.

—¿Y por qué algunas son tan pequeñas?

—Porque cuando crecen y llenan el recipiente, al chocar con las paredes, dejan de crecer.

Algo de eso pasa con las personas. Nuestros pensamientos hacen con nuestras vidas lo mismo que los recipientes con las calabazas. Podemos crecer tanto y llegar a ser tan creativos como aquellas realidades en las que pensamos y creemos.

Y, si los pensamientos son razonablemente posibles, creceremos y creceremos hasta alcanzar los límites que nuestro pensamiento nos ponga. Ahí nos estancaremos.

Todos tenemos una especie de torre de control donde se toman las decisiones de volar o quedarse en tierra; esa torre de control es el libre arbitrio, y tal es así, que nada puede entrar o salir a menos que demos nuestro consentimiento.

Tenemos que ser consecuentes y regirnos por la ley de la responsabilidad en lugar de colocarnos en la postura de comodidad en la que, con facilidad, nos situamos. Hay que huir de la tendencia facilona de no querer tener nada de lo que responder y echar la culpa al empedrado.

Hay que ser responsables y cobrar conciencia de que tenemos cualidades únicas y condiciones particulares, capaces de aportar dimensiones que nadie más tiene. Y no contentarnos con medianías, y con un «ir tirando» por la vida sin hacer más que sombra, y ocupando, simplemente, un sitio en la Tierra. La vida debe ser algo más.

Seguro que a todos nos ronda la misma pregunta: ¿Y cómo puedo hacerme con el control de mi vida? Una de las mejores maneras de alcanzar el autocontrol que conduce al éxito es determinarse por un pensamiento positivo y escoger la fe, no el miedo; elegir el amor, no el odio; anteponer la alegría a la tristeza; optar por la paz y no por la tensión; preferir la libertad a la cautividad.

Ya que en la medida en que dejemos que el desorden, la desilusión y el desengaño nos vayan encerrando en sus mezquinos límites, en esa misma medida, dejamos de crecer.