El espíritu del Aula en Gredos

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Escultura de la Virgen en Santiago de Aravalle
Escultura de la Virgen en Santiago de Aravalle

Por familia García Prieto

Hace unos años, José Luis Acebes —director general de los Cruzados de Santa María— nos daba la bienvenida al Aula familiar Tomás Morales con una propuesta: «Aprovechar la semana para meditar sobre la llamada a la santidad, que hace el Señor a cada uno en sus circunstancias concretas, personales y familiares».

Y es que el Aula se desarrolla en un ambiente especialmente idóneo para discurrir sobre esta cuestión, particularmente, sobre el significado de ser santos en el Movimiento de Santa María.

Con ilusión y alegría renovadas cada año, nuestra familia espera la llegada de las actividades del Aula, en la que se reúnen todos los ingredientes para perfilar nuestro particular monte Tabor.

Y, en efecto, en esta ocasión, durante el desarrollo de las mismas hemos vivido:

El reencuentro con un entorno natural privilegiado que, en actitud de fe, invita a mirar más profundamente las cosas: la riqueza natural de la sierra de Gredos con sus moles graníticas, y la tranquilidad emanada de sus noches iluminadas por una deslumbrante bóveda de estrellas, nos hablan del amor de Dios.

Unos momentos de meditación sobre la Virgen de la Visitación: el pasaje del evangelio de Lucas narra la aventura de María mostrándonos la actitud de nuestra madre, que nos impulsa a caminar guiados por el Espíritu Santo en actitud de servicio, con diligencia y saliendo de nosotros mismos, y nos enseña a vivir con alegría, coherencia y sencillez, transparentando a Jesús en las acciones de cada día.

Otros momentos de adoración nocturna, que han servido para aligerar nuestras cargas, nuestros miedos, agobios, frustraciones…, haciéndonos sentir el alivio que supone compartirlas y hacerlas descansar en el Señor.

Las intervenciones de magníficos ponentes, que nos han ayudado a descubrir lo que Sta. Teresa de Lisieux aporta al estilo de vida que nos configura: la santidad exige nuestro esfuerzo, pero no es cuestión de esfuerzo, sino de amor. Estos expertos nos han alentado a compaginar esta clave de santa Teresa con otras recibidas del padre Tomás Morales y Abelardo de Armas: la santidad educadora y la santidad realista.

En estrecha convivencia con otras familias y cruzados que, siguiendo el «caminito de santa Teresa», hemos aprendido a no desperdiciar ninguna mirada, gesto, pensamiento…, lo que nos ha hecho sentir una verdadera caricia en el corazón.

Hemos contado con la ayuda de unos sufridos monitores que, dando lo mejor de sí mismos, han puesto el alma en la tarea educativa de nuestros pequeños. Con paciencia, firmeza y ternura infinitas han sabido entretener instruyendo a un grupo de 40 niños de edades comprendidas entre unos pocos meses y 14 años.

Hemos gozado del alegre disfrute de lúdicas veladas nocturnas en las que se intercalaban música, poesía, buen humor y carcajadas.

Nuevamente, en nuestro monte Tabor, nos hemos adentrado en el misterio de la presencia real de Dios para, después, salir fortalecidos y seguir caminando junto a Jesús el resto del año.

Queremos agradecer profundamente la tarea del espléndido equipo de cocina, que se ha esmerado en cada detalle para obsequiarnos día a día con platos deliciosos; y del mismo modo a cuantos se esmeran cada curso en la organización y desarrollo del Aula: un verdadero refrigerio para nuestro cuerpo, una magnífica puesta a punto de nuestro espíritu, que se constata en nuestra despedida final al manifestarnos el deseo de volver a coincidir en la celebración de su próxima edición.

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