El hijo como un don y su rechazo en la sociedad actual (I)

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Por Juan Ignacio Serrano y Raquel Toldos

1.
Introducción
Os invitamos a
reflexionar sobre la situación actual en torno al tema del hijo y todas las
cuestiones que surgen a su alrededor: desde no aceptar la venida de un “hijo no
deseado”, dificultad para acoger un nuevo hijo que viene, la búsqueda de un
hijo a toda costa, etc…
Estas
expresiones delatan una mentalidad en la que la vida de un ser humano es
considerado como un objeto de nuestro deseo, olvidando que se trata de un don
que transciende nuestra voluntad.
Urge dar un sí a favor de la vida, urge anunciar al mundo el Evangelio
de la vida, que tan bien nos ha marcado Juan Pablo II, urge proclamar que, cada
vez que un niño es engendrado, lleva consigo el rostro de Dios.
Para ello
vamos a profundizar primero en las causas por las cuales no se percibe la
lógica del don, y por lo tanto no se puede expresar, para luego adentrarnos en
el significado profundo de la donación, para finalmente aportar unas soluciones
pastorales que nos hagan abrirnos y acoger la lógica del don.
2.
Por qué no se percibe la lógica del don ni puede expresarse
2.1
La exclusión de Dios
Es lógico
pensar que, si vivimos en una sociedad que vive como si Dios no existiera, sin
tener influencia en la vida de sus miembros, se termine por no aceptar al hijo
como un don de Dios. Eliminando al donante de la vida, los hijos ya no son un
regalo divino ni existen responsabilidades respecto a ellos.
2.2
Causas de la situación actual
A continuación
desarrollaremos unos conceptos filosóficos en torno al rechazo del hijo.
Reduccionismos
antropológicos
—El reduccionismo naturalista considera la vida humana como un elemento
más de una naturaleza general, en el que aparece como una especie nueva con
unas características especiales. Pero esa vida no es más que un “continuum” que
se va desarrollando. Este reduccionismo naturalista es el que se enseña en los
colegios; el que aparece en la publicidad respecto a lo que es la vida y el
origen de la vida; el que se impone cuando se entra en un ambiente científico.
—El reduccionismo sociológico considera que el valor de la vida es el
que la sociedad le da. Así, una vida es valiosa dependiendo de su aportación a
la sociedad. Se valora una vida humana según el criterio de si se acerca o se
aleja del modelo de vida que presenta la misma sociedad. Por consiguiente, habrá
una manera de presentar la vida como peligrosa para la sociedad (el exceso de
población en los países pobres) o inservible (personas minusválidas o
enfermas).
¿Cuál es el
punto en común de estos dos reduccionismos? Es el modo de ver la vida desde un
parámetro distinto de lo que es la vida humana: no reconocer lo original de la
vida personal.
Individualismo
El sujeto usa
de su libertad como quiere, estableciendo él mismo la verdad, interpretando que
el amor esclaviza y que es imposible comprometerse para siempre. Las relaciones
conyugales y familiares pasan a ser una carga, una causa de sufrimiento e
infelicidad. El individualista es claramente egocéntrico y egoísta.
Utilitarismo
Se basa en una
civilización que produce y disfruta del ocio, es una civilización de las cosas.
Todo se valora por su productividad y utilidad. De este modo la mujer se
termina convirtiendo en objeto de placer para el hombre, los hijos en un
obstáculo para los padres y la familia en un obstáculo a nuestra libertad.
Relativismo
El concepto de
libertad se ha reducido a la elección de cosas según el arbitrio personal. Sus
únicos límites vienen de la presencia de otras personas también libres,
apareciendo así un conflicto de límites, llegándose incluso a la negación del
otro, al cual se le ve como un enemigo de la libertad propia.
2.3
Amenazas contra la vida
Proceden muchas
veces de situaciones difíciles, de sufrimiento, soledad, falta de perspectivas
económicas o angustia por el futuro, que pueden llegar a disminuir la
responsabilidad de quienes realicen estas acciones. Pero las amenazas contra la
vida no son solo individuales, ya que su gravedad aumenta a nivel social porque
son amenazas que ponen en peligro la convivencia democrática.
Es el caso
de la exigencia de la legitimación de los ataques a la vida, como derechos que
se aprueban con el voto democrático de la mayoría parlamentaria, siendo ésta el
criterio moral a seguir.
También se
recurre a la estrategia de la “autodeterminación de la mujer”, interpretando la
sexualidad sin relación alguna con la transmisión de la vida y con la
paternidad responsable. Así, un embarazo es considerado una amenaza a la
libertad de la mujer.
Otra
estrategia es la demográfica: los países ricos entienden que la explosión
demográfica de los países pobres amenaza su bienestar económico, y recurren a
cualquier medio para disminuir su población (anticonceptivos, esterilización,
aborto, ayudas económicas condicionadas al seguimiento de políticas
antinatalistas, etc.)
Un concepto importante a tener en cuenta es el de “calidad de vida”: se
valora la vida según criterios de bienestar económico y físico exclusivamente.
En los países pobres se mata a fetos que tendrán una supuesta mala calidad de
vida económica en el futuro, y en los ricos se elimina a los fetos con deficiencias.
De este modo, se termina identificando lo placentero con lo moralmente
correcto.
No podemos
olvidarnos de las políticas familiares restrictivas: para obtener ayudas
económicas en España, se exige un límite de renta tan bajo que pocas familias
pueden acceder, y su cuantía es ridícula (5,5 % del gasto anual de un hijo)
2.4 Situación del matrimonio y la familia
Todos estos
ataques contra la vida han terminado pasando factura al matrimonio y la
familia: al haber perdido los cónyuges la justa jerarquía de valores, ya no
poseen criterios seguros de comportamiento, y por lo tanto, no saben afrontar y
resolver las dificultades inevitables del matrimonio. De este modo, se llega a
plantear el divorcio como la solución a todos los problemas ocultando que es un
proceso muy traumático que deja profundas heridas. Si le sumamos el alarmante
aumento de la violencia doméstica, junto a abusos y violencias de todo tipo, y
también hijos que han crecido en medio de desavenencias familiares con
carencias afectivas y sin un hogar verdadero, llegaremos a la conclusión de que
el matrimonio y la familia atraviesan una grave crisis.
2.5
La sexualidad
La concepción
de sexualidad ha dado un vuelco en los últimos cuarenta años, arrastrando a la
idea de matrimonio, familia, paternidad, hijos… Todas estas realidades
explotaron en la revolución sexual de los años 60 del siglo pasado afianzando
“un difuso permisivismo sexual y una mentalidad antinatalista”, y consiguiendo
tres rupturas, ya adelantadas por Pablo VI en la Encíclica Humanae vitae, entre:
Sexualidad y matrimonio, con el supuesto
“amor libre” sin compromiso institucional alguno, para normalizar la sexualidad
pues antes se vivía supuestamente de forma represiva. Pero la realidad ha
demostrado lo contrario: ahora se vive con más obsesión por el sexo. El amor
libre explota las debilidades humanas dándolas un cierto marco de nobleza con
la ayuda de la seducción y con el apoyo de la opinión pública.
Sexualidad y procreación, reduciendo la
procreación a una mera reproducción biológica sin valor personal. No es extraño
que se haya llegado a la procreación sin sexualidad.
Sexualidad y amor, siendo el sexo un
deseo o un juego de placer en el cual el amor puede aparecer o no. Así, sería
necesario probarse sexualmente antes de saber si se puede amar de verdad a la
otra persona.
Estas tres
rupturas han llevado a estas dos situaciones:
A un reduccionismo del significado de la
sexualidad como una mera excitación genital o pasión intensa. El cuerpo pasa a
ser material biológico con la relevancia moral que cada uno quiera darle.
La visión utilitarista se ha aplicado
también a la sexualidad, reduciéndola a un objeto de consumo con unos intereses
económicos muy fuertes (anticoncepción, pornografía, prostitución, aborto).
Las
consecuencias son políticas, con aprobación jurídica de “nuevos derechos” (anticoncepción,
aborto, elección del modelo de familia), pero también ideológicas, con la
aparición de la “ideología de género” (el género sexual es un producto cultural
y se promueve la modelación sexual según el gusto de cada uno).
Cobran
fuerza las parejas de hecho, con su inseguridad ante el futuro y su
desconfianza en un amor sin condiciones y se ha disparado el uso de
anticonceptivos y abortivos, no aceptando que de la sexualidad pueda surgir una
nueva vida.
2.6
Consecuencias en la bioética
Numerosos
avances en la biología y la medicina son positivos, como las ecografías, pero
el campo de la bioética ha sido pervertido por la cultura de la muerte. Veamos
algunos casos:
El término pre-embrión se utiliza para
separar los primeros 14 días de embarazo del resto del proceso embrionario para
justificar así que el embrión no es humano, justificar los anticonceptivos
hormonales, la píldora del día después, la FIV (Fecundación In Vitro) y la experimentación con embriones).
Esto no es científico, pues desde la concepción ya existe un cuerpo humano
distinto al de la madre con su propia dotación genética.
Aborto: su aceptación social ha llevado a
un auténtico genocidio. Aquí queremos incidir en que ha llevado a una crisis
del sentido moral, no distinguiéndose el bien del mal, sobre todo en el
personal sanitario.
Clonación: consiste en la producción
impersonal de seres humanos como meros objetos. Manipulados genéticamente, se
les daría todo tipo de usos, y carecerían de verdaderos padres.
Diagnóstico prenatal: técnica que
identifica anomalías en el feto, lo que en principio es positivo, pero en la
práctica es utilizado como “sentencia de muerte” si hay posibles deficiencias.
No es infalible, ya que se abortan también niños sanos.
Esterilidad: es tal la prevención
respecto al número de hijos, que se está incrementando alarmantemente el número
de operaciones de esterilización, tanto en hombres como en mujeres. Ésta es una
claudicación de la ciencia ante la ideología dominante.
2.7
Adopción
La pérdida del
sentido de aceptar al hijo como un don ha afectado al significado de adoptar a
un niño huérfano de familia. En la adopción puede existir el problema de querer
adoptar un niño para satisfacer el deseo de tener hijos, cuando en realidad lo
importante es que el niño tenga unos padres que puedan acogerle y acompañarle
en su destino. No existe el derecho al hijo, lo que existe es el derecho del
hijo a tener un padre y una madre. Adoptar un hijo para evitar el sufrimiento
de una pareja estéril, expresa que la relación con el hijo está perturbada,
pues se utiliza la adopción con fines terapéuticos (curar a los padres
adoptantes del sufrimiento de no tener hijos).
2.8
Fecundación artificial
La adopción es
tan difícil en los países occidentales, que se ha pasado a recurrir a técnicas
que busquen el embarazo saltando por encima del plan de Dios sobre la
transmisión de la vida, planteándose un argumento a favor de la fecundación
artificial desde la cultura de la muerte: si el deseo de tener hijos es
legítimo y bueno para los esposos, satisfacerlo está bien. Así, la fecundación
in vitro y la inseminación artificial es lo mismo que una intervención médica
para curar la salud.
Aunque se
haga con buena intención, se está instrumentalizando al hijo para satisfacer
este deseo. El hijo cae en una relación de rendir cuentas, y degenerará en una
relación de dominio o ausencia de compañía si no satisface el hijo, con la
consiguiente frustración de los padres.
Consecuencias: embriones abortados y congelados, utilizados como
cobayas, donados a padres que no son los suyos, madres de alquiler, hijos que
sólo van a tener un progenitor.
2.9
Trabajo y vida familiar
Puede parecer
éste un tema menos importante que los anteriores, pero la entrada masiva de la
mujer en el mercado laboral ha afectado también en la aceptación del hijo como
un don. Para empezar, no se tiene en cuenta a la familia en la organización
laboral: los horarios hacen imposible comer y convivir con los hijos y el
cónyuge, y las soluciones (excedencias, reducción de jornada), aminoran la
economía familiar.
Al final
los hijos se ven como un freno a la igualdad laboral de la mujer, y ésta tiene
que hacer una elección: o el trabajo o los hijos.
Muchas
mujeres embarazadas sufren “mobbing maternal”:
despido, amenazas, envidia de compañeros por la baja maternal, incluso los
jefes y empresarios ven el embarazo como una enfermedad.
Podemos
concluir que en nuestra sociedad no está marginada la mujer, lo que está
marginada es la madre, y esto no se arregla con leyes de igualdad a la fuerza,
sino valorando la maternidad con el salario maternal y otras medidas que
propondremos más adelante.