Empezad por haceros la cama

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Haceres la cama. Ilustración: Juan Francisco Miral
Haceres la cama. Ilustración: Juan Francisco Miral

El trabajo previene y cura todas las enfermedades del alma; es el gran consolador, el gran médico.

Émile Deschanel

William Harry McRaven es un almirante retirado de cuatro estrellas de la Marina de los Estados Unidos que se jubiló en el 2014 como el noveno comandante del Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos.

Del discurso pronunciado el 21 de junio de 2014 en la Universidad de Texas entresacamos estas ideas:

—El amor al trabajo bien hecho nace de la disciplina diaria y se construye desde lo pequeño: es un hábito trenzado a través de minúsculos gestos.

—Hacer la cama todas las mañanas supone completar con éxito la primera tarea del día. Ese gesto tan sencillo nos dará una pequeña razón para sentirnos orgullosos y afrontar la siguiente tarea del día, y la siguiente…

—Al final del día, esa primera pequeña tarea se habrá convertido en muchas tareas completadas. Hacer la cama es una forma de recordar la importancia de los pequeños detalles de la vida. Si no sois capaces de hacer bien las pequeñas cosas, tampoco seréis capaces de hacer bien las grandes.

—Si queréis cambiar el mundo, empezad por haceros la cama.

En un mundo como el nuestro en el que se considera el trabajo más como una carga que como un elemento de perfeccionamiento, y en el que hasta algunos gobiernos se dedican a subvencionar el paro en lugar de fomentar la creación de puestos de trabajo, las palabras del almirante McRaven son todo un revulsivo.

Y es que nada es gratis, y para ser eficaces en nuestros trabajos, tenemos que desplegar la potencialidad interior que todos tenemos, aplicando de una manera inteligente métodos efectivos.

Tenemos que convencernos de que somos capaces y fortalecer nuestra voluntad para lograr superar los obstáculos que, inevitablemente, surgirán para alcanzar las metas. Y, por supuesto, es indispensable que trabajemos con tenacidad y alegría, porque quien ama su trabajo está alegre y quien está alegre ama su trabajo.

Debemos atender a un detalle muy práctico que se expresa en el refranero: «Dime con quién andas y te diré quién eres». Debemos rodearnos de personas que disfrutan trabajando para que, de manera natural, nos ayuden a mantener una buena voluntad hacia el trabajo, y nos apoyen en la lucha permanente por perfeccionar nuestras labores diarias e ir cada día aumentando la capacidad de realizar grandes esfuerzos, sin olvidar que todo empieza por hacernos la cama.

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