“¿Es usted la esposa de Dios?”

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Por Antonio Rojas Ramos
“A medida que avanzamos en edad deberíamos crecer en caridad. La
característica del anciano debería ser la bondad.”
– Germain Barbier –
-Dios tiene
entrañas de misericordia, dice Pedro.
-Cierto; así es,
respondo.
-Y se vale de los
medios más comunes para ejercer su misericordia.
-Multitud de
veces, Dios, hace cosas extraordinarias con los medios más ordinarios.
-Es que estoy
impresionado, profe.
-Ya me dirás.
-Una señora,
vecina mía, ha estado en un país sudamericano y ha vivido una experiencia que
le ha dejado impactada.
-¿Algún hecho
trágico, desagradable, comprometido…?
– Qué va, qué va,
todo lo contrario.
-Me tienes en
vilo. ¿De qué se trata?
-Pues verá.
Estaba mi vecina paseando por uno de los barrios más pobres de la ciudad que
visitaba. Frente a una especie de grandes almacenes, había un niño descalzo y
con frío mirando el escaparate. Mi vecina se enterneció, se acercó a él y le dijo:
-Hola, majo, ¿qué
miras con tanto interés?
– Le estaba
pidiendo a Dios un par de zapatos.
A mi vecina le
hizo gracia la respuesta del niño; lo cogió de la mano y entraron en la tienda.
Le compró calcetines y un par de zapatos. La cara de satisfacción del niño compensó
con creces el gasto de la compra.
Ya en la calle,
mi vecina se despidió del niño, pero éste, antes de marchar se la quedó mirando
fijamente a los ojos y le dijo:
-¿Es usted la
esposa de Dios?
Mi vecina quedó
tan impactada por la ocurrencia del niño que, me dice, su vida quedó
transformada en ese instante. Vio con claridad que Dios se vale de los
múltiples detalles del día a día para socorrer a los que le invocan. Está
convencida que podemos ayudar a Dios a mejorar el mundo sin necesidad de hacer
cosas extraordinarias.
-Eso, Pedro, ya
lo dijo la Virgen a Lucia de Fátima, cuando, estando en Pontevedra, le aseguró
que las almas pequeñas tienen el poder de transformar los acontecimientos de la
historia.
-Casi “na”,
profe.
-Sí, casi “na”.