Es ya tiempo de desembarcar

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1963 ejercicios espirituales con el padre Llorente
1963 ejercicios espirituales con el padre Llorente

Abelardo era un gran comunicador. Transmitía convicción: su voz vibrante penetraba por los oídos y transfería una palabra viva, sugerente, llena de imágenes, que se clavaba en la mente y el corazón. Pero Abelardo comunicaba aún más con su vida que con sus palabras. Vivía lo que hablaba, y hablaba de lo que vivía.

Su mensaje era siempre el mismo. Su vida entera es un inmenso rótulo luminoso que anuncia: Dios es amor. Mejor aún: un cartel interactivo, que interpela en segunda persona al hombre de hoy: ¡Dios te ama! Su argumento es poderoso: experimentó en primera persona que la misericordia de Dios permanece inquieta hasta que descansa en nuestra miseria. Solo falta que nuestra libertad le deje su lugar. Entonces completamos en nosotros lo que falta a la misericordia divina. ¡Dios es misericordioso! Abelardo ha sido y sigue siendo un singular testigo de la misericordia, que ha introducido a multitud de jóvenes y hombres por caminos de una santidad basada en la confianza en Dios misericordia.

Como se lee en los artículos siguientes, Abelardo es un reflejo de Jesucristo, un espejo del mismo Jesús. Y cuando la enfermedad ya no le permitía pronunciar palabras, seguía comunicando con su figura. Contemplar a Abelardo en sus últimos años ha sido una experiencia imborrable. Era como si su vida se hiciera canción; un canto entonado, muy despacio, con su poderosa voz: ¡Oh, mi Señor! / En este mundo yo jamás tuve nada, / pero estoy contento, estoy contento (…) / ¡Oh, mi Señor! / Solo me falta ver tu rostro divino, / haz que cuando muera, llegue hasta ti, / haz que cuando muera, llegue hasta ti.


Sí, Abelardo, tú nos cantabas: Si tu barca es vieja, Jesús la ha escogido, la prefiere a otras, mejores quizá. / Si amenaza hundirse, Él ya lo sabía / y es Él quien la guía / a puerto de paz (…) ¿Cómo ha de dejarte ahora que el sol brilla, / ahora que tu barca ya llega a la orilla, / ahora que es ya tiempo de desembarcar, / ahora que es ya tiempo de desembarcar…?

Para ti ha llegado ya el tiempo de desembarcar. Es el Señor quien ha guiado tu barca a puerto de paz. Tus últimos días han sido encarnación de lo que anhelabas: subir al cielo, bajando, presentándote al Padre con las manos vacías. Llevas las manos vacías de ti mismo, pero el Padre las encontrará llenas de multitud de corazones que hemos encontrado en ti a nuestro padre, guía y maestro, y verá en ellas las manos del mismo Jesús.

Ahora nos cantarás desde el cielo —eso esperamos— la canción que dedicaste al P. Segundo Llorente cuando comenzó a vivir: Adiós, ya me voy, / en el cielo os espero. / Después de todo / nada tengo en mis manos, / muero de amor. / Dios me llama, estoy dispuesto. / Acójame tu ternura, Buen Pastor. / Allí verán mis ojos tu semblante, / y tu sonrisa se hará cadencia y canto, / yo ya me voy. / Algún día a todos juntos / acójanos tu regazo, Buen Pastor.

Sí, Abelardo, ahora desde la otra orilla, con Santa María Estrella del Mar como faro, márcanos el rumbo, para que dejemos al Espíritu Santo guiar la barca de nuestro instituto y de nuestro movimiento a puerto de paz, hasta que sea también para cada uno de nosotros tiempo de desembarcar, y nos acoja, juntos en su regazo, el Buen Pastor.

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