Generadores de buena química

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Mirza Delibasic. Ilustración: Juan Francisco Miral
Mirza Delibasic. Ilustración: Juan Francisco Miral

La empatía es la capacidad de salir de tu propia burbuja y entrar en las burbujas de otras personas.

C. Joybel

Mirza Delibašić (1954-2001) fue un jugador de baloncesto bosnio que jugó en la selección de Yugoslavia. Jugaba en la posición de escolta. Se le recuerda por ser, sobre todo, un grandísimo tirador.

Ganó dos ligas y una copa de Yugoslavia, una Euroliga, una copa intercontinental y una liga española. Fue campeón olímpico y proclamado tres veces como el mejor jugador yugoslavo del año.

Vistió 160 veces la camiseta de la selección yugoslava y en 1980 fichó por el Real Madrid.

Cuando llegó al Madrid llamó la atención que un jugador con un historial tan extraordinario, se comportase como un principiante ilusionado generador de buena química.

Se adaptó perfectamente al funcionamiento interno del equipo: compañerismo, seguir las tradiciones y respetar a los veteranos.

El jugador más cotizado del equipo, desde todos los puntos de vista, campeón olímpico, el más admirado y mimado por la afición, no tuvo el más mínimo reparo en seguir la tradición de hacer las veces de utillero y responsabilizarse de la maleta, bolsa de juego y botiquín del equipo, como mandaba la tradición que hiciese el último que se incorporaba al equipo.

Hay quien dice que la vida es una liga de deportes de equipo y no nos queda más remedio que aprender a jugar con los demás convirtiéndonos en generadores de buena química, es decir, generosidad, empatía, humildad, disponibilidad… y todos los valores que engrandecen al equipo.

A lo largo de nuestras vidas, vamos tomando decisiones que van configurando nuestra personalidad y es un buen propósito querer convertirnos en buenos jugadores de equipo con la práctica de la cooperación, generosidad, honestidad y la disponibilidad.

Los que tenemos alguna experiencia de haber jugado en equipos, sabemos que, compartiendo, se disfruta más de las victorias, y se sufre menos practicando aquello de «una pena entre dos es menos pena»; por eso hay que desterrar las actitudes egoístas, y mantener el orgullo, la vanidad o la ingratitud, no es inteligente porque acaban generándonos problemas.

Puedo asegurar, por propia experiencia, que la generosidad es una de las virtudes más apreciadas por los jugadores de equipo, y que el «escurrir el bulto», el convertirse en el paradigma de la comodidad, es el cáncer del grupo. Hay que buscar el contacto, la relación con los otros, compartir, interactuar, transmitir nuestro entusiasmo, emociones positivas y disponibilidad, para acrecentar la energía grupal; dicho brevemente: convertirnos en generadores de buena química.

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