
Por Equipo pedagógico Ágora
El Pórtico del Nacimiento de la Basílica de la Sagrada Familia de Antonio Gaudí narra los principales acontecimientos de la infancia de Jesús. Gaudí volcó toda su genialidad, su sensibilidad y su fe en la fachada del Nacimiento, declarada hoy Patrimonio de la Humanidad. Pocos días antes de morir, Gaudí pudo contemplarla ya que por entonces era, junto con la cripta y el ábside, la única parte construida.
En contraposición a la fachada de la Pasión, que representa la muerte de Cristo y recibe la luz del ocaso, la del Nacimiento está orientada al levante (nordeste) y recibe el sol del amanecer. Se centra en la faceta más humana y familiar de Jesús. El misterio del Nacimiento lo centra todo, en él María oculta su rostro humildemente mientras sostiene al Niño, y José se cierne benevolente como protector de ambos.
Las tres puertas corresponden a las virtudes teologales, de izquierda a derecha según miramos: esperanza, caridad y fe. La más cercana al mar es la de la esperanza, coronada por los desposorios de María y José. Sobre las estalactitas que la enmarcan, el arquitecto dispuso una barca, a los pies de un pináculo que representa el Carnall Bernat, el monolito más conocido de la montaña de Monserrat, y donde se lee la inscripción latina Salva nos.
Se trata, obviamente, de la Iglesia, esperanza de la humanidad, en una de sus representaciones más tradicionales. Apreciamos en ella un farol de grandes proporciones para iluminar y guiar en las tempestades, un ancla de salvación y una vela que sostiene y dirige el Espíritu Santo en forma de paloma.
Pero Antoni Gaudí no puso al timón de la barca a san Pedro, sino a san José. Gaudí modificó esta iconografía plasmando el magisterio del papa Pío IX sobre san José, al que había nombrado patrón de la Iglesia universal el 8 de diciembre de 1870. Dos meses antes, las tropas que sitiaron Roma habían acabado con los Estados pontificios y dejaron al papa, encarcelado en el Vaticano, privado de independencia y de recursos. Muchos pensaban que se trataba del último papa. Entonces el pontífice puso el timón de la Iglesia católica en manos de san José.
Llorenç Matamala, jefe de los escultores del templo, gran amigo y colaborador del arquitecto, decidió —de común acuerdo con todos los trabajadores— que la efigie del San José que patronea la barca de la Iglesia en el Portal de la Esperanza, fuera la del mismo Antonio Gaudí, que acababa de fallecer apenas dos años antes.
Él es el visionario que lanza su mirada a lo lejos y sostiene con firmeza el timón, a los pies de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, junto a la inscripción Salva nos.
En el Año jubilar 2025, en el que a buen seguro veremos a Antonio Gaudí declarado venerable, la barca, el ancla… nos hablan de la certeza de la Iglesia en la guía del Espíritu Santo, y de la seguridad fundada en la esperanza, de la mano de san José.






