María y José: santos de la puerta de al lado

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El Niño Jesús con los doctores.
Marko Rupnik. El niño Jesús entre los doctores (Detalle). Iglesia inferior de San Pío de Pietrelcina en San Giovanni Rotondo (2009-2013)

Mi amigo Moisés es un portento de la percusión: es capaz de descubrir acordes y arrancar ritmos a los «instrumentos» domésticos más variados (cazuelas, vasos, fiambreras, cajas de puros, etc.), armonizando los sonidos cotidianos en una sinfonía sorprenderte. Dice que es experto en tocar la batería… ¡de cocina! También es fotógrafo, y es capaz de desvelar esa belleza que ocultan los objetos más comunes…

El Señor se complace en actuar como mi amigo Moisés: suscita santidad en quienes no cuentan para este mundo (niños, mujeres del campo, enfermos…). Basta recorrer estas páginas de Estar para comprobarlo: son instrumentos de la vida cotidiana con quienes el Divino músico se complace en orquestar sinfonías maravillosas capaces de transformar a cuantos los escuchan y contemplan.

También María y José son santos de la puerta de al lado. El venerable P. Morales se maravillaba así contemplando a María tras protagonizar el mayor acontecimiento de la historia, la Anunciación: Es un día corriente. A la puerta de la casita de Nazaret se oyen voces. Son algunas mujeres del pueblo. Llaman, y María se presenta para abrir. Le piden un favor, y lo hace con gracia y amabilidad. Y concluye: Sublimidad y sencillez hacen las obras de Dios. Y el papa Francisco, en la carta Patris corde, se admira del valor de la vida cotidiana: San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en «segunda línea» tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación.

Pero no solo en la puerta de al lado encontramos a María y José: ellos son expertos en proteger y abrir puertas.

María es la Virgen de la Puerta. Cuando el papa Francisco peregrinó a Perú en 2018 coronó en Trujillo a la Virgen de la Puerta. La tradición de esta imagen se remonta a 1674, cuando se avistó en la costa norte de Perú una flota de piratas que había arrasado ya varias ciudades más al norte. Cuando llegó la noticia a Otuzco, a 70 km de Trujillo, los habitantes colocaron en la puerta de la población una imagen de la Inmaculada como protectora. Así Otuzco y las poblaciones vecinas se salvaron milagrosamente del ataque.

Hagamos que María pase de la puerta de al lado a nuestra propia puerta. Que Ella sea la Protectora que bendiga nuestras entradas y salidas, preserve nuestras casas de las discordias y las mantenga en la paz.

Pero también María es puerta del Cielo. El papa Francisco ha narrado varias veces la devoción que tienen en el sur de Italia a la Virgen de los mandarinos, de la cual son devotos los granujas. Cuenta que la Virgen de los mandarinos quiere y protege a sus devotos, y cuando los descubre en la cola de gente que llega al cielo, les hace señas para que se escondan. Y por la noche, cuando san Pedro se retira, les abre la puerta.

Por último, María es llave de la Puerta. Jesús se presenta en el Evangelio de san Juan como la Puerta de las ovejas: Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos… Pues bien, si el Señor es la Puerta, María es la llave. San Efrén llega a decir que el nombre de María es la llave de la puerta del cielo para quien lo invoca.

¡Cedamos a María y José las puertas de nuestras vidas; ellos nos abrirán la Puerta del cielo!

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