Misión «ad gentes», misionar en un mundo sin fronteras

Génesis histórica de una institución pontificia evangelizadora

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Misión ad gentes
Misión ad gentes

Por Fidel González Fernández, MCCJ

Con la constitución apostólica Praedicate Evangelium sobre la curia romana y su servicio a la Iglesia y al mundo de 19.03.2022 culmina un largo proceso que busca acercar a Cristo a todas las culturas del modo más efectivo en fidelidad al Evangelio. El nuevo Dicasterio para la evangelización fusiona la antigua Congregación para la Evangelización de los Pueblos y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización con el fin de que «Cristo, luz de los pueblos, sea conocido y testimoniado con palabras y con obras y para que su cuerpo místico, que es la Iglesia, sea edificado». Su competencia se dirige a las cuestiones fundamentales de la evangelización en el mundo y para la constitución, acompañamiento y apoyo de las nuevas iglesias particulares. Lo preside directamente el romano pontífice, consta de dos secciones, una acerca de la evangelización en el mundo y la otra de la «primera evangelización y las nuevas iglesias particulares en los territorios de su competencia».

El presente artículo quiere ayudarnos a conocer la génesis de la misión ad gentes desde el corazón del Vaticano, así como los hitos fundamentales de su proceso.

1. Comienzos laboriosos

La preocupación misionera es consustancial a la misma Iglesia desde sus orígenes a partir del mandato de Cristo dado a los apóstoles de serle testimonio ante todos los pueblos. La realización de este mandato de Cristo (cf. Mt 28) tomará, a lo largo de la historia de la Iglesia, formas diversas en el campo organizativo, dilatándose a partir de Pentecostés por todo el entonces Imperio romano y superando sus fronteras. La historia de la Iglesia a lo largo de los siglos es la historia de su encuentro con variados pueblos y culturas. En los siglos XV y XVI el mundo entra en una nueva fase fundamental de su historia con la dilatación globalizadora que se produce con los descubrimientos geográficos por parte del mundo europeo occidental. En este largo periodo histórico, conocido como la Edad Moderna, la Iglesia se plantea el problema de cómo hacer presente el testimonio de Cristo en las diversas partes de un mundo nuevo cada vez más globalizado. Aquí se sitúa la institución por parte de la Iglesia latina occidental de un organismo curial romano que fuese el motor de esta dimensión misionera ad gentes entre los diversos pueblos y culturas.

Tal es el contexto del origen histórico del dicasterio de la curia romana llamado De Propaganda Fide (hoy Congregación para la Evangelización de los Pueblos) a partir del s. XVII. Su formación ocupó varios lustros el interés y las preocupaciones de los papas, debiendo superar numerosas dificultades en su formación y consolidación. Este largo camino debe encuadrarse históricamente en la compleja situación en la que vivía el mundo cristiano europeo de los siglos XV al XVII, así como en el fenómeno del alargamiento de los conocimientos y relaciones cada más amplias y globales del mundo. Ante esta realidad, cada vez más evidente dentro del mundo cristiano occidental, se fueron proponiendo iniciativas misioneras que respondiesen a la nueva realidad. También los papas fueron acogiendo y sensibilizándose cada vez más ante aquellas dimensiones geográficas universales y la necesidad de crear dentro de la curia romana organismos que tomasen responsablemente las iniciativas correspondientes.

2. Pioneros de Propaganda Fide (PF)

El papa, en el ejercicio de su misión, casi desde la época de san Pedro, se ha ayudado de diversas personas y organismos para mejor cumplir las funciones que el Señor le ha confiado en el gobierno de la Iglesia católica. Estos organismos se han agrupado y organizado de diversas formas a lo largo de los siglos. Desde el siglo XI los papas se sirvieron cada vez más de la colaboración de los cardenales, y desde el siglo XIII el papa trataba los asuntos de la Iglesia exclusivamente con los cardenales reunidos en consistorio.

El papa Sixto V (1585-1590) se propuso reformar la Iglesia reorganizando su gobierno y aplicando rigurosamente el concilio de Trento a través de obispos y prelados. Con la apostólica Immensa aeterni Dei del 22 de enero de 1588, constituyó en el seno de la misma curia quince dicasterios, con la intención de agrupar a los cardenales en quince congregaciones o colegios para asuntos particulares. El 19 de febrero de 1588, creó un obispado para las islas del Japón —con sede en Funai— con el fin de dotar al país de una jerarquía propia. También en esta época, las islas Filipinas —ya bajo el dominio español— van alcanzando un notable desarrollo en la evangelización, de tal modo que Sixto V las eleva eclesiásticamente al rango de provincia eclesiástica.

El presente de la curia romana (2022) incluye un proceso de reformas iniciado a partir del pontificado del papa Francisco que con la constitución apostólica Praedicate Evangelium (19 de marzo de 2022) sobre la curia romana, está dando curso a una reforma estructural de la misma. Pero este largo proceso de transformación se remonta ya al s. XVI, especialmente tras el concilio de Trento. En el mismo proceso impulsado decididamente por Sixto V se encuentra el dicasterio que se llamará De Propaganda Fide, creado por Gregorio XV en 1622, y que tomará el nombre de Congregación para la Evangelización de los Pueblos bajo Pablo VI. En este camino que llevó a la creación de Propaganda Fide intervienen diversas personalidades eclesiásticas que fueron protagonistas con fuerza decisiva en su constitución como el prelado español Juan Bautista Vives y Marja (1545-1632), los carmelitas españoles Pedro de la Madre de Dios (+1608), Domingo de Jesús María (+1617), Tomás de Jesús (+1627), Gerónimo Gracián de la Madre de Dios (gran apoyo de santa Teresa; +1614), el jesuita Martín de Funes (+1611), San Juan Leonardi (+1609), el teatino Vicente Filiberti (+1627), y más tarde el mismo fundador del Dicasterio de Propaganda Fide Gregorio XV [Alejandro Ludovisi] (9.2.1621- 8.7.1623) y su sucesor inmediato Urbano VIII [Maffeo Barberini, romano].

La bula de erección pontificia del mismo y sus estatutos y reglas establecen la naturaleza y finalidad del colegio misionero de P. F.: formar misioneros seculares ad gentes [entre los pueblos no cristianos], reconducir a la unidad de la fe católica a los cristianos disidentes, y ser lugar de acogida y formación de misioneros ad gentes y centro de estudio e informaciones necesarias sobre los pueblos, las culturas y las lenguas de dichos pueblos con el fin de introducir su adecuado conocimiento para que los misioneros pudiesen prepararse a tal fin.

3. Gregorio XV: el fundador de PF

El 6 de enero de 1622 el papa nombra una comisión de 13 cardenales (Congregatio Cardinalium de Propaganda Fide) y 2 prelados mediante la bula Inscrutabili divinae providentiae arcano de 22.VI.1622. El papa Urbano VIII, el 1.8.1627, reconoce el colegio de Propaganda Fide, que llevará su nombre de «Urbano» y la imprenta políglota de PF con la bula Immortalis Dei Filius, parangonándolos con la Universidad Pontificia «La Sapienza» de Roma y concediéndole los mismos privilegios dados a los demás colegios pontificios de Roma como el Pontificio Colegio Romano (futura U. Gregoriana).

La fundación del Pontificio Colegio Urbano tenía muy clara la finalidad de acoger y formar misioneros para la difusión de la fe católica entre los pueblos y culturas no cristianas del mundo, especialmente del mundo oriental, y para el trabajo en pro de la unidad de los cristianos separados de la comunión eclesial con Roma, rota en algunas regiones ya desde siglos anteriores o con los recientes cismas causados por el protestantismo del s. XVI. Como sede del nuevo dicasterio, Mons. Vives ofrecía la del colegio misionero por él fundado. El nuevo papa, Urbano VIII, aprueba la fundación y erige tal colegio de Propaganda Fide en Pontificio Colegio Apostólico bajo la protección de los apóstoles Pedro y Pablo, dándole el nombre de Urbanum, origen de la Pontificia Universidad Urbaniana.

4. Colegios de PF y nuevas órdenes misioneras

Uno de los primeros frutos de la creación de PF fue el que todas las órdenes religiosas que trabajasen en los territorios bajo PF dependiesen del mismo, encargándoles de alguna actividad específica (ius commissionis). Enseguida se crean colegios de PF en el seno de las antiguas órdenes religiosas para formar misioneros ad gentes; además surgen institutos misioneros ad gentes bajo su dependencia. Años después, Propaganda Fide va reconociendo otras congregaciones misioneras como la de los paúles y ya, a principios del s. XVIII, la de los padres del Espíritu Santo, que muchos años más tarde, en 1848, se unirá a una congregación fundada por el hebreo convertido al catolicismo Jacob François d’Assise Marie Libermann, dando lugar a la Congregación de Espíritu Santo y del Inmaculado Corazón de María, que desarrollará su trabajo misionero sobre todo en África. Tras la Revolución francesa va surgiendo un movimiento misionero cada vez más fuerte en la Iglesia, con frecuencia muy unido a la espiritualidad de la Compañía de Jesús alimentada por los jesuitas de la dispersión, tras su supresión (1773).

Ante el drama de la trata esclavista (atlántica y oriental) parte del movimiento misionero dirige su atención hacia el continente africano, totalmente olvidado y discriminado. En esta historia brillan las iniciativas de la beata Anna Maria Javouhey, del P. Libermann, y de los obispos Marion de Bresillac (fundador de las Misiones Africanas de Lion) y de san Daniele Comboni, primer vicario apostólico del África Central y fundador de los futuros misioneros combonianos (1867), seguido entre otros por el cardenal Charles Marcial Lavigerie (fundador de los PP. Blancos), que lucharon fuertemente contra la trata de los esclavos.

También el movimiento misionero bajo el impulso de PF dirige su dimensión misionera hacia el Lejano Oriente (India, China, Vietnam, Corea…). Nacen así varios institutos misioneros con tal finalidad, como los misioneros del Verbo Divino del P. Janssen (Alemania), los misioneros de Scheut en Bélgica; en Italia el PIME de Milán. Puede decirse que van surgiendo fundaciones de este estilo en varias naciones impulsadas por sus episcopados, siempre bajo la animación de PF. Hay que notar también que en algunas de las antiguas órdenes religiosas renace su dimensión misionera, sobre todo dirigida a las misiones del Lejano Oriente, cuya experiencia misionera la sellarán con bastante frecuencia con el martirio, como en China, Vietnam y Corea.

5. Encíclicas misioneras

Las encíclicas misioneras han sido y siguen siendo uno de los vehículos más importantes para el despertar misionero del inicio del siglo XX, y para la renovación misionera del inicio del tercer milenio. Entre dichas intervenciones destacan algunas ya en el s. XIX sobre la conservación de los ritos orientales y sobre la erección de nuevos vicariatos apostólicos en Asia y África (Gregorio XVI) y las obras misionales de la Iglesia (León XIII). Una de las primeras encíclicas misionales se debe a san Pío X (Lacrimabili status) sobre la situación deplorable de los indios de América del Sur. Le siguen Benedicto XV, Maximum illud, 1919; Pío XI, Rerum Ecclesiae, 1926; Pío XII, Evangelii praecones, 1951; Pío XII, Fidei donum, 1957; Juan XXIII, Princeps pastorum, 1959. El Concilio Vaticano II publicó Nostra aetate, 1965 y el decreto Ad gentes, 1965. Este decreto, sobre la actividad misionera de la Iglesia, es uno de los 16 documentos y uno de los nueve decretos resultantes del Concilio Vaticano II, sobre la actividad misionera de la Iglesia, en él se subraya que la misión ad gentes es una manera de vivir todas las vocaciones específicas, respondiendo al envío de Jesús a sus discípulos antes de subir a los cielos. Tras el Vaticano II los papas continúan insistiendo sobre el mismo tema. Así, Pablo VI, publicó Graves et increscentes (1966) y Evangelii nuntiandi (1975); Pablo VI en su mensaje Africae terrarum (1967) hace un llamado hacia el África, que a mediados del siglo XX iniciaba un camino de estados independientes cambiando radicalmente la situación socio-política del continente. Por su parte Juan Pablo II publica dos encíclicas específicamente misioneras: Slavorum apostoli, 1985; y Redemptoris missio, 1990. A partir de Pablo VI, y como fruto del Vaticano II, se van celebrando los sínodos especiales continentales, tras los cuales los papas publican exhortaciones particulares que revisten una especial relevancia misionera teniendo como objeto la misión en cada continente específico.

6. Obras Misionales dependientes de PF

En el campo de la animación misionera y de la cooperación para sostener la actividad misionera en el s. XIX nacen las cuatro obras misionales pontificias, que PF acogerá más tarde bajo su protección directa. Una de ellas la Obra de la Propagación de la Fe, fundada por la beata Pauline Jaricot. El motu proprio Romanorum pontificum del papa Pío XI designó como pontificias tres obras misionales: la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe, la Obra Pontificia de la Santa Infancia (Misionera) y la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol para la formación del clero indígena en los territorios de misión. El papa Francisco, en el mensaje enviado a las obras misionales pontificias en mayo de 2020, señala que las obras: «… han sido reconocidas y valoradas por la Iglesia de Roma y por sus obispos, quienes, en el último siglo, han pedido poder adoptarlas como peculiar instrumento del servicio que ellos prestan a la Iglesia universal. Resalta en la fisionomía de las OMP su característica de instrumento de servicio para sostener a las Iglesias particulares en la obra del anuncio del Evangelio. Las obras misionales pontificias se ofrecieron con docilidad como instrumento de servicio a la Iglesia, dentro del ministerio universal desempeñado por el papa y por la Iglesia de Roma, que “preside en la caridad”».

Las obras misionales pontificias están comprometidas en fomentar la participación de todos los bautizados en la red internacional de oración, formación y caridad al servicio del santo padre en su premura por el anuncio del Evangelio y el crecimiento de las iglesias jóvenes en los territorios de misión, porque, como recuerda el papa en el mismo mensaje: «Las obras misionales, convertidas con el tiempo en una red extendida por todos los continentes, manifiestan, por su propia configuración, la variedad de matices, condiciones, problemas y dones que caracterizan la vida de la Iglesia en los diferentes lugares del mundo. Una pluralidad que puede proteger contra homogenizaciones ideológicas y unilateralismos culturales. En este sentido, también a través de las OMP se puede experimentar el misterio de la universalidad de la Iglesia, en la que la obra incesante del Espíritu Santo crea armonía entre las distintas voces, mientras que el obispo de Roma, con su servicio de caridad, ejercido también a través de las obras misionales pontificias, custodia la unidad de la fe».

Toda esta serie de iniciativas misioneras, vigentes hasta hoy día, muestran la importancia de este dicasterio en la historia de la evangelización ad gentes (entre los pueblos no cristianos) a lo largo de la historia de la Iglesia en los últimos cuatro siglos de su historia.


Fidel González Fernández, MCCJ, es rector mayor emérito del PC Urbano de PF, catedrático de la PU Urbaniana y consultor de PF

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