No repoblarán la Tierra

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The Newest Angel, (El Ángel más reciente). Steve Hanks
The Newest Angel, (El Ángel más reciente). Steve Hanks

Es destino ineludible de los profetas de verdades no gratas, el ser devorados por las multitudes. Laocoonte en la destrucción de Troya es el prototipo; en cuanto denunció contra el parecer de las masas que temía a los griegos y a sus regalos por atractivos que fuesen, y que el caballo iba a ser el instrumento de la traición, fue devorado por el monstruo salido del mar. Él y sus hijos.

San Pablo VI en la encíclica Humanae vitae, el 25 de julio del mítico año 1968, anunció que la Iglesia no podía aplaudir una liberación sexual que desvinculaba el placer del amor, y de una fecundidad que auguraba la bancarrota de la familia y el despoblamiento del mundo occidental, por el envejecimiento de las poblaciones y sin la debida renovación de nuevos nacimientos.

Para colmo se impuso el genocidio del aborto, plaga que aniquila las naciones sin necesidad de que caiga el azufre encendido del cielo, al menos de manera visible. Fue tal la virulencia con que se resistió a las enseñanzas de la Iglesia no solo por los enemigos de siempre, sino desde dentro, que Pablo VI, en su resistencia heroica, dio pruebas del alto grado de fidelidad al Espíritu Santo, de todo lo cual fuimos testigos y por ello nos atrevemos a afirmar que san Pablo VI, siempre docto y fiel, manifestó el alto grado de su santidad en el momento de publicar, contra el griterío de los que se llaman sabios y de las masas, un documento a todas luces —ayer y hoy— profético.

Después solo queda el lamento o, como lo esperamos los creyentes, una respuesta misericordiosa de lo alto. ¿Por qué solo el cielo? Porque el no nacimiento de niños es el resultado de una mentalidad antinatalista y lo que es aún peor enemiga de la vida. No vale la pena nacer. Bienvenido a un mundo en el que nuestro destino es la muerte. Se han demolido las razones profundas de la naturaleza, y se han ridiculizado las esperanzas de la Iglesia por las que vivir es una opción maravillosa.

No es cuestión de una mirada economicista y de mercado. Hemos olvidado la maravillosa consigna de la civilización occidental cristiana de que vale la pena nacer porque vivir y morir tiene un sentido, nacer está abocado a la alegría de la esperanza. Quita a la sociedad la esperanza y, como monos, se dedicará a fornicar hasta el aturdimiento y la muerte.

Mi esperanza está puesta en el Señor. Mi pesimismo, en lo que veo. El remedio: hay que recuperar el amor a la vida.

Perdonad mi atrevimiento. Recuerdo un cuadro clásico faunesco y que lo contemplé en el museo Wurth de Logroño. Si lo veis, lo juzgaréis con razón impúdico. Y, sin embargo, no recuerdo otro que exprese con más cinismo y horror el sentido negativo de la vida. El niño que acaba de venir en una caja de cartón, solo y desvalido. Pero os dejo otra visión más amable de la vida. Es de Steve Hanks y lo titula: El ángel más reciente. El juego alegre de unos niños festivamente ataviados, abre el camino a la esperanza.

La vida es maravillosa en el día a día porque seguimos a un Maestro que sí tiene palabras de vida eterna.